Viena: Esplendor de un imperio

Un viaje a Europa obliga a recorrer las calles empedradas de la capital austríaca; visitar sus fascinantes museos y suntuosos palacios, sin prisa… entre sorbos de café.

EN LA CIUDAD del vals y la música clásica, todo se antoja perfecto: los monumentos históricos, la gastronomía, la arquitectura barroca y la evidente riqueza de los tiempos imperiales de la familia Habsburgo. Y es que fueron siglos de monarquía; suficientes para dotar a la ciudad de sitios fastuosos como el gran palacio Hofburg, el lugar más visitado de la ciudad. En ellos los antiguos aposentos imperiales dan cuenta del poderío austro-húngaro, y en sus museos se descubre algo de la vida de su linaje, especialmente el de la famosa Sissi, la emperatriz que pese a tenerlo todo nunca pudo hallar la felicidad. El palacio de verano, el barroco Schönbrunn, no es menos impresionante. Conocido como el Versalles vienés, tiene 1.441 habitaciones y una historia de 300 años.

La de los Habsburgo fue una monarquía que hizo de Viena un germen de las artes. La Capilla Imperial ha sido sede de las presentaciones de los famosos Niños Cantores de Viena, fundado por Maximiliano I en 1498 y hasta hoy puedes asistir a sus presentación cada domingo del año.
En la ciudad que vio crecer a grandes compositores, actualmente se ofrecen conciertos todos los días. Una gran opción es el teatro Kursalon justo donde se presentó el primer concierto de Johann Strauss, en 1868.
Los amantes de bel canto y la danza deben visitar la Ópera Estatal de Viena (Wiener Staatsoper, en alemán) terminada en 1869 y considerada una de las mejores del mundo. Casi todas las noches se presentan grandes óperas clásicas y magníficos ballets.
La colección de bellas artes de los Habsburgo se preserva en el majestuoso museo Kunsthistorisches, donde destaca el arte del Renacimiento y el barroco.


Hay que descubrir las joyas del casco viejo, enmarcado por la avenida Ringstrasse, que antes ocupaba la muralla que protegió a Viena de la invasión turca en el siglo 16. Dos de los edificios más emblemáticos son la catedral de San Esteban, representada en el euro austríaco de 10 céntimos y el Ayuntamiento de la ciudad (el Rathaus), ambos bellos ejemplos de la arquitectura gótica y neogótica respectivamente.

Tras un bocado del legendario pastel Sacher con un café vienés, camino por el Stadpark para admirar la estatua de Mozart y termino el día en el primer parque de diversiones de Europa (Prater) para admirar el atardecer desde una de las góndolas de madera de la rueda de la fortuna. Ahí en lo alto suspiro, segura de que en Viena la vida es bella.

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