No es tu imaginación; existen razones científicas que explican por qué los sabores saben distinto a bordo.

DENTRO DE UNA CABINA presurizada, donde la humedad se ve reducida, las papilas gustativas y el sentido del olfato pierden sensibilidad, de manera que, por ejemplo, se dificulta percibir lo salado y lo dulce. Esto impacta en nuestra apreciación de los alimentos y las bebidas, especialmente las alcohólicas, como la champaña y algunos vinos.

Curiosamente, una ventaja es que las mismas condiciones de cabina tienen un efecto opuesto en ciertas especias como el cardamomo y la hierba limón. Por eso las aerolíneas se ven obligadas a modificar las recetas, pues de lo contrario los platillos resultarían desagradables para el pasajero.

Por si fuera poco, cuanto más transcurre el vuelo, más se acentúan estas características en nuestro organismo (por eso el vino al principio del vuelo te sabe mejor que tras horas después en el aire).

Más allá del talento del chef, los alimentos a bordo son toda una ciencia en la que algunas compañías incluso prueban sus recetas en laboratorios que recrean las condiciones de cabina, para asegurarse que su comida te sepa a cielo.

Fotografías: Travelier