LA ESCULTURA QUE MUEVE LOS CORAZONES

La Piedad, de Miguel Ángel, asombra a quien visita el Vaticano y admira esta obra maestra de 1499.

ENTRANDO a la Basílica de San Pedro, en la Santa Sede, notarás que los visitantes tienen puesta la mirada a su derecha, en la Capilla del Crucifijo. Y no es para menos pues ahí se exhibe una de las esculturas más finas que jamás haya hecho el hombre: La Piedad, de Miguel Ángel Buonarroti.

Cuando tienes a la conmovedora escena frente a ti, no puedes creer que los detallados pliegues de las telas y la apariencia de los cuerpos fueran de un material pétreo. En su momento, fue tal la admiración que causó la obra, que otros escultores dudaron que el joven Miguel Ángel fuera el autor.

Con apenas 24 años, él mismo fue a Carrara en 1498 para escoger la pieza de mármol con la que trabajaría por doce meses para descubrir en ella la figura de Jesucristo muerto en el regazo de una virgen María de rostro eternamente joven, un símbolo de pureza según los valores artísticos del Renacimiento.

La Piedad se aprecia a través de un acrílico antibalas para evitar atentados como el de 1972, cuando un hombre martilleó el brazo y rostro de María. Afortunadamente fue posible reconstruir la figura siguiendo una réplica exacta en yeso, que aún permanece en Lampa, un pequeño poblado a casi 4 mil metros sobre el nivel del mar, en el Perú andino.

Además, desde octubre pasado, la pieza luce aún mejor gracias a la iluminación fría en LED, diseñada específicamente para resaltar las luces y sombras de la obra.

Fotografía: Armando Dájer 

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