Para los purépechas, el lago era como la puerta del cielo por donde bajaban y subían los dioses; para el español Vasco de Quiroga, primero obispo de Michoacán, era el lugar de oportunidades para todos: indígenas, criollos o españoles. Así nació el Pátzcuaro que conocemos.

ANTES DE MATERIALIZAR un mundo ideal, don Vasco tuvo que reconquistar a los purépechas opuestos a los abusos del conquistador español Nuño de Guzmán, haciéndose uno de ellos y enseñando oficios que hoy se refleja en el trabajo artesanal. Han pasado siglos y aún se recuerda a “Tata Vasco”, como le decían.
El obispo quiso hacer una catedral en un lugar simbólico de Pátzcuaro, eligió donde los tarascos enterraban a sus muertos, y aunque la construcción no llegó a ser lo grande que Tata quería, la que hoy se conoce como Basílica de Nuestra Señora de la Salud, es de lo más visitado, sobre todo por los devotos a la virgen que pasan por debajo del manto para recibir sus bendiciones.
Las calles empedradas de Pátzcuaro ahora se ven llenas de turistas que admiran la sencilla elegancia de las casas de adobe blanco y teja roja, mientras buscan aquel que fue el Colegio de San Nicolás Obispo y, después de un periodo gris en el que tuvo varios usos, hoy es el Museo de Artes e Industrias Populares que cuenta con colecciones de artesanía de laca y maque, y tiene el piso hecho con hueso y piedra laja.
Cerca de la Plaza Vasco de Quiroga está lo que fue el convento dominico de Santa Catarina, más fácil de recordarlo como la Casa de los Once Patios y que por alguna extraña decisión se dividió al hacer una calle peatonal. Ahí se camina sin prisa por los talleres para admirar el delicado trabajo que hacen los artesanos y escuchar historias sobre los túneles secretos y el baño estilo barroco.
Temple of El Sagrario, Patzcuaro (Mexico)Esta plaza es considerada una de las más bellas de América y de las pocas que no tiene edificios religiosos a su alrededor, sino grandes casonas, portales, jardines y al centro una fuente con la figura de Tata Vasco, que todavía parece cuidar su mundo ideal.

Sin Janitzio no hay Pátzcuaro
Cabellos de elote o lugar de pesca, según dicen significa Janitsïo, la isla más grande del lago y con la que comparte historia, tradiciones, y el creciente turismo que llega desde el muelle de Pátzcuaro.
El viaje es de apenas 20 minutos, con el espectáculo que ofrecen los pescadores moviendo suavemente sus redes de mariposa. Al llegar a Janitzio ves una montaña repleta de casas, y en la cima el Monumento a José María Morelos y Pavón alzando un puño, esa figura que resalta en el paisaje de Pátzcuaro.
Con calles estrechas, empinadas y de escalones irregulares, a lo largo de la subida al mirador del monumento a Moresalen al paso habitantes que ofrecen mercancías con ese acento que tiene mucho de su lengua purépecha. Las mujeres lucen su vestimenta tradicional, (sabalina se le llama a su falda) y contestan sonriendo con la mirada baja.
La explanada del monumento a Morelos está cerca, subo los últimos escalones mientras escucho una pirekua (canción en purépecha) y dirijo la vista hacia Pátzcuaro, la quietud del lago y los cerros que son bálsamo para el alma… el mundo ideal de Tata Vasco.