Es tan bonito el otoño japonés que hasta nombre especial tiene: “kouyou” o coloración ocre del follaje. ¡Uno de los más espectaculares del mundo!

“MOMIJIGARI” en japonés es el arte de pasear por los bosques, parques públicos y santuarios del país durante Kouyou, la temporada de “hojas rojas”. Y a diferencia de los cerezos que brevemente embellecen la primavera, el otoño no tiene prisa: a fines de septiembre, en la isla de Hokkaido, al norte de Japón, los bosques comienzan a incendiarse de rojos, naranjas y y dorados, continuando con el resto del Sol Naciente, incluyendo la zonas altas como el Monte Fuji cerca de la capital o el Monte Haruna, famoso por su carretera de 48 curvas, rodeada de árboles que suelen cambiar colores entre fines de noviembre e inicios de diciembre.

Para entonces, el clima ha dejado de ser húmedo y aún no llega el inclemente invierno. El maple japonés adquiere un rojo vivo y el ginkgo se ha ataviado de amarillo en bosques del país y especialmente en rincones como el valle de Kankakei Gorge, en la isla de Shodoshima, donde la vista desde el teleférico es inolvidable. Incluso hasta en los destinos turísticos como Kyoto, Kamakura, Nara, Hakone y el propio Tokio, el otoño despliega hermosos colores a los que nadie puede permanecer indiferente.

 


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