Todos los clichés sobre Nueva York son aún más ciertos durante diciembre, cuando la ciudad cobra vida con luces multicolores en todos sus barrios y, en especial claro está, Manhattan.

Los grandes almacenes tiran la casa por la ventana para convertir sus aparadores en cuentos mágicos de Navidad; entre ellos Bergdorf Goodman. Henri Bendel, Saks Fifth Avenue, Tiffany’s y el infaltable Macy’s, donde puedes dejar tu carta a Santa con entrega garantizada al Polo Norte.

Otro clásico de Nueva York es el árbol de Navidad gigante en Rockefeller Center de unos 20 metros de altura y 30 mil lucecitas; su encendido inaugural es todo un evento nacional. También está la famosa pista de hielo; esa que has visto incontables veces en tantas películas. Y ya que estás ahí, sube en elevador los 70 pisos que te llevan al Top of the Rock. para tener vistas impresionantes del Central Park y el Manhattan Midtown y Downtown.

Nueva York también tiene espacios para los mercados navideños como el Winter Village en el Bryant Park y Union Square.

Siendo la ciudad del espectáculo, los especiales de Navidad son de no perderse. En particular, sugiero el de las Rockettes, el grupo de bailarinas que presenta un clásico de la Navidad neoyorquina todos los días hasta el 2 de enero en el Radio City Music Hall. También recomiendo El Cascanueces, del New York City Ballet, con una escenografía y efectos visuales impresionantes en el David H. Koch Theater.

Curiosamente otro atractivo es la decoración navideña de los propietarios de casas en Dyker Heights, Brooklyn, donde cada año aumenta la fastuosidad de fachadas adornadas con luces y personajes animados. Puedes recorrer el vecindario a pie; de seguro te sorprenderá.


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UNA AVENTURA EN LA GRAN MANZANA