Desde el Magreb, en el norte de África, hasta la península arábiga son más de 280 millones las personas que hablan árabe como primera lengua. Es la quinta más hablada del mundo, en una región de gran riqueza cultural que bien merece la pena visitar.

CUANDO ATERRIZAS en Amman, Rabat u otra ciudad donde el viernes equivale a nuestro domingo, o donde se lee de derecha a izquierda y los rezos a Alá se elevan desde minaretes, sabes que has entrado a una región muy distinta del planeta; aquella que profesa el Islam y que habla el idioma de su fundador Mahoma.

Pero estos países no siempre fueron islámicos ni hablaban el árabe antes del siglo 6. Sus territorios estaban ocupados por civilizaciones como los fenicios, egipcios, nabateos, edomitas y bereberes, que eventualmente terminaron siendo arabizados con una misma religión y lengua.

Curiosamente, quienes hoy hablan el árabe tienen dificultades para entenderse entre sí porque existen variantes entre los países; sin embargo, todos comprenden a los egipcios pues tradicionalmente El Cairo han sido la gran productora de cine y televisión del mundo árabe (aunque actualmente ya no tanto).

Además, en el terreno religioso no todos siguen con el mismo rigor la sharía, el conjunto de preceptos del Islam respecto a la conducta y los castigos en caso de una ofensa. El sistema legal de Túnez, por ejemplo, no está fundamentado en ella y la poligamia está prohibida, en tanto que Arabia Saudita basa todas sus leyes en el Islam y permite que un hombre tenga hasta cuatro esposas, lo cual no extraña pues de aquí surgió la religión, Específicamente en la actual Meca, que junto con Medina son las ciudades sagradas que, por cierto, no admiten el ingreso a los no creyentes.

Esto demuestra que cada país ha asimilado la arabización de distinta manera, algo que encuentro fascinante cuando viajo al Medio Oriente. Por ejemplo, en el Líbano, país con una población importante de cristianos, las mujeres pueden vestirse tan de moda como las europeas y su ministro del interior actual es una mujer, mientras que las saudíes se cubren la cabeza y hasta hace apenas 4 años comenzaron a tener el derecho a votar.

El mundo pre-islámico
Siendo esta zona del mundo cuna de civilizaciones antiguas, resulta obligado visitar sitios arqueo-lógicos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Dos de ellos fueron ciudades que el pueblo nabateo excavó y esculpió sobre las formaciones rocosas. La más conocida e imperdible de cualquier tour por Jordania es Petra, una de las Siete Nuevas Maravillas del Mundo. Fue construida desde el siglo 8 AC, escondida tras un desfiladero de 1.5 kilómetros, cerca del paso de una ruta comercial de aquella época. En el sitio, donde aún se siguen descubriendo partes que quedaron sumergidas por los sedimentos, destaca el tesoro de Petra, un templo o tumba de 40 metros de altura. La otra ciudad esculpida en piedra es Mada’in Saleh, al noroeste de Saudi Arabia. En ella se pueden apreciar numerosas tumbas con adornos egipcios y estilización griega.

Mención aparte merece el pueblo egipcio que floreció gracias a las aguas del río Nilo en pleno desierto. Aunque el país habla árabe y la mayoría (75%) sigue al Corán desde el siglo 7, la era faraónica se remonta a 4000 AC y su testimonio queda en sitios arqueológicos considerados Patrimonio de la Humanidad. Partiendo del Cairo y su importante museo con el tesoro de Tutankamón, hay que conocer en las afueras de la ciudad a las pirámides de Giza, junto con la Gran Esfinge. Luego, es obligado dirigirse al sur, sea en tren, avión o qué mejor que a través del Nilo, para conocer maravillas arqueológicas como Luxor, Karnak, el Valle de los Reyes y Abu Simbel.

También existen vestigios del imperio romano, entre los que sobresale Baalbek, a 100 kilómetros de Beirut, Líbano. Pese a que fue construido hace 1,800 años, aún se puede apreciar el Templo de Baco, uno de los mayores y mejor conservados del mundo.

Pasado y futuro
Las ciudades actuales del mundo araboparlante se pueden dividir entre las de reciente construcción y de estilo futurista y las que han sido habitadas ininterrumpidamente por siglos.

Con abundantes reservas de petróleo bajo el desierto, Omán, los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Catar y Arabia Saudita están transformando sus países con proyectos que no paran de romper récords Guiness. En cuestión de décadas estas naciones han levantando ciudades cosmopolitas donde antes solo habían tribus de nómadas con camellos y pueblos pesqueros.

El caso más conocido es el de Dubái, la ciudad emiratí con el rascacielos más alto del planeta, el Burj Khalifa, de 829 metros de altura, la isla artificial Palm Jumeirah, la más grande que jamás haya construido el hombre, el IMG Worlds of Adventure, el parque temático bajo techo más grande del mundo, y el gigantesco Dubai Mall que anualmente recibe más visitantes que Nueva York. Además ya se está convirtiendo en un importante homeport de las grandes navieras, con interesantes recorridos en crucero por Asia.

A una hora por carretera está Abu Dhabi, la capital emiratí, con la exquisita mezquita Sheikh Zayed de 90 mil toneladas de mármol blanco de Macedonia y diseños florales con incrustaciones de piedras semipreciosas. Ahí también es imprescindible el museo del Louvre Abu Dhabi, abierto en 2017 con valiosas obras de arte de distintas partes del mundo.

En contraste al futurismo de Arabia, están las ciudades milenarias alrededor o cercanas al Mediterráneo, que son un museo viviente; si no toda la ciudad, por lo menos su centro histórico. En todas ellas, más de una civilización antigua las ha habitado o dominado. Por mencionar algunas, están Alejandría, que alguna vez albergó la gran biblioteca y que guarda ruinas romanas, griegas y egipcias; El Cairo y sus laberínticos callejones de puestos tradicionales; Casablanca, que Hollywood hiciera famosa; Marrakech, con encantadores de serpientes y puestos de comida típica marroquí y Beirut, que no niega su influencia occidental, al igual que Túnez, que hoy ocupa lo que antes fue el legendario Cartago.

 

Experiencias
Con algunas excepciones como el Monte Líbano y sus cedros nevados, gran parte de los territorios de habla árabe son desérticos, incluyendo el Sahara. Sea que viajes al norte de África o a la península arábiga, puedes tomar un tour de medio día o día completo para salir de la ciudad y conocer los paisajes de dunas, montar un camello o hasta esquiar en la arena. Existen también paquetes muy recomendables con espectáculos de danza y comida típica en campamentos.

Quienes viajan a Egipto pueden conocer de cerca el Canal de Suez, la maravilla del siglo 19 que permitió el paso de barcos directamente del Mediterráneo a Asia, a través del Mar Rojo. También está el Mar Muerto, la laguna más salada del planeta, donde el cuerpo flota sin necesidad de salvavidas. Frente a sus aguas están las grutas de Qumrán donde se hallaron los Rollos del Mar Muerto, escritos entre 250 AC y 66 DC.

Más allá de los paisajes y las ciudades, en todos los países notarás que la gente es muy generosa y que son muy hospitalarios con sus huéspedes. Solo hay que estar al tanto de los usos y costumbres que son diferentes a Occidente, incluyendo los días de ayuno en Ramadán.

Para conocer este rincón del planeta, te recomiendo planear tu itinerario con un agente de viajes y aprovechar sus conocimientos sobre cada país. Estoy segura que te pasará como a mi: no importa cuántas veces viajes a Oriente Medio, siempre querrás volver al mundo que te dice “Ajla Osajla” (bienvenido).

 

YAMAA EL FNA: LA PLAZA QUE DA VIDA A MARRAKECH

SOLO EN DUBÁI, UN MUNDO EXTRAORDINARIO