UN RÍO, UNA ISLA… HERMOSA CIUDAD DE MONTREAL

Al escuchar hablar francés y admirar sus monumentos, cafés y restaurantes resulta inevitable asociar Montreal con el Viejo Continente, pero no hay que dejarse engañar: esta ciudad de la provincia de Quebec tiene tanta personalidad propia como su particular orografía.

DE MONTREAL se escucha más de lo que en realidad se conoce y visitarlo siempre es una grata sorpresa. Asentada por más de tres siglos sobre una isla en el río San Lorenzo, Montreal es la cuarta urbe francoparlante más poblada del mundo y con el mayor número de estudiantes universitarios per cápita de Norteamérica.

Fue fundada en 1642 y ganó importancia en Canadá alcanzando su mejor momento en la década de 1960, cuando se convirtió en el principal polo financiero e industrial del país. Posteriormente y hasta nuestros días, Toronto gradualmente fue arrebatándole la primera posición; sin embargo, Montreal no pierde su dinamismo y mucho menos su encanto.

El área metropolitana se acerca a los 4 millones de habitantes (la segunda más poblada del país). Sus orígenes se dejan ver en la propia bandera a través de sus símbolos: una flor de lis (en honor a sus fundadores franceses), una rosa de Lancaster (británicos), un cardo (escoceses) y un trébol (irlandeses). Aquí la migración continúa pues la ciudad mantiene puertas abiertas a nuevos residentes por lo que no sorprende escuchar árabe, chino u otras lenguas en las calles.

 

 

Mundo subterráneo

Algo que me parece fabuloso de Montreal es que debajo de los edificios y calles se encuentra toda una red peatonal subterránea (denominada oficialmente RÉSO) que abarca una longitud de 32 kilómetros y que recibe diariamente a medio millón de personas. Es el espacio bajo tierra más grande del mundo con una cantidad impresionante de centros comerciales, cines, 200 restaurantes, universidades, conjuntos habitacionales y de oficinas interconectadas entre sí, de manera que no importa si llueve o nieva.

Además es posible llegar al Réso por alguna de las diez estaciones de metro o alojarte en uno de los siete hoteles conectados directamente. De esta manera no tienes que preocuparte cuando la temperatura del invierno quebequense desciende. Eso sí… bien abrigados, ¡también hay mucho que ver sobre la superficie!

Herencia religiosa

Para nosotros mexicanos acostumbrados a admirar la arquitectura de nuestras iglesias, encontramos en Montreal un placer similar dado que existen templos de gran valor artístico, especialmente la Basílica de Notre-Dame. Esta iglesia católica se ha convertido en punto obligado para todo turista. Se trata de la primera en Canadá que adoptó el estilo neogótico y que desde 1829 ha formado parte de la vida de montrealeses. ¿O quién no recuerda ahí la boda de la célebre cantante Céline Dion?

Cada que entro a la Basílica me sorprende su elaborada arquitectura y sus vívidas tonalidades en la que predomina el azul y el dorado, algo inusual en templos de Norteamérica. Ningún rincón ha sido desatendido: el techo se cubre de estrellas, los muebles son de maderas finamente talladas, las esculturas y pinturas son de exquisita belleza y sus vitrales narran la historia religiosa de la Ville-Marie, (hoy Montreal) en lugar de las tradicionales escenas bíblicas. Religiosamente cobra importancia ya que por muchos años Notre-Dame fue el templo más grande e importante de Norteamérica, alcanzando el rango de basílica menor durante la visita del papa Juan Pablo II en 1982.

También te recomiendo visitar la Catedral María Reina del Mundo, una réplica de la Basílica de San Pedro en Roma terminada en 1894, con todo y un baldaquino en su altar, similar al del escultor Gian Lorenzo Bernini en el Vaticano. También cuelgan pinturas sobre la historia de la colonización del Virreinato de la Nueva Francia.

Otro lugar muy especial es el Oratorio de San José, ubicado en la montaña Monte Real y cuya devoción se advierte en los peregrinos que llegan a este templo, algunos subiendo la escalinata de rodillas, tal como vemos en la Basílica de Guadalupe en México. Este es el templo más grande de Canadá, cuya cúpula es la tercera más grande del mundo, después de la Basílica de San Pedro en Roma y la Basílica de Nuestra Señora de la Paz de Yamusukro en Costa de Marfil.

Epicentro cultural
Montreal se distingue también por sus numerosos museos, entre los que destaca el céntrico Museo de Bellas Artes, donde se exhiben trabajos de Picasso, Monet y Renoir entre otros famosos pintores. Además tiene reservado un espacio para 600 obras de artistas canadienses.Para quienes les interesa la historia, el Museo McCord se remonta hasta 10 mil años atrás, con arte Inuit e indígena de Norteamérica, dando así testimonio de la vida de Canadá a través del tiempo. Además, los amantes del arte contemporáneo también tienen un museo: el MACM, que exhibe obras desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.

En cuanto a festivales, Montreal es un punto de referencia ya que es sede de Juste pour Rire, que reúne a comediantes de todo el mundo y el Festival de Jazz, con las figuras más renombradas en este género musical.

Desde lo alto
Existen muchas opciones para admirar el paisaje urbano; una de ellas es la propia montaña Monte Real donde se puede admirar el centro de la ciudad, el río San Lorenzo y las colinas adyacentes. La vista es particularmente hermosa en otoño porque puedes admirar la ciudad a la vez que gozar del follaje ocre de la temporada. Mi lugar favorito para contemplar el paisaje es el Chalet du Mont-Royal que tiene una terraza de observación con una vista espectacular de los rascacielos y el sistema de montañas incluyendo a Monte San Bruno, Santa Hilaria y San Gregorio.

También en Monte Real se encuentra el cementerio más grande de Canadá y de los más grandes del continente americano, con 55 kilómetros de verdor y árboles frondosos. En él descansan figuras prominentes de la política, las artes y las ciencias. Aunque pueda parecer extraño, este espacio es frecuentado por aquellos que buscan silencio y contemplación e incluso se ofrecen tours para quienes desean conocer mejor el lugar.

Otro punto para admirar la ciudad es un icono : la Torre Montreal, que se encuentra a un costado del Estadio Olímpico. Su estructura tiene 45 grados de inclinación, la mayor de todo el mundo. ¡La de Pisa apenas tiene 5 grados! Puedes subir a través del funicular de 50 pasajeros, que asciende en dos minutos hasta el mirador donde se aprecia hasta 80 kilómetros a la redonda, alcanzando a observar gran parte del valle del río San Lorenzo.

 

Otro de los lugares emblemáticos que permite una vista interesante es la Torre del Reloj a la entrada del Viejo Puerto, inaugurado en 1922 para conmemorar a los marinos que perdieron la vida durante la Primera Guerra Mundial. Su mecanismo es el mismo que el Big Ben de Londres y por muchos años fue la referencia de marineros y habitantes de Montreal. Puedes subir sus 192 escalones y observar el puerto Jacques-Cartier y la Isla Santa Helena, además del ir y venir de las embarcaciones en el río. En la plaza Jacques Cartier puedes disfrutar de una comida ligera en alguno de sus bistrós.

Aire Libre

Montreal vive las cuatro estaciones con toda intensidad; por ello, su entorno natural es un gozo para los cinco sentidos. No te puedes perder caminar por sus muchas áreas verdes.

Una de ellas es la Isla Santa Elena, con su Domo Geodésico que forma parte del Museo de la Biósfera. En un entorno frondoso surge la esfera gigante que sirvió de pabellón a Estados Unidos en la Expo Mundial de 1967. Sus paneles protegían su interior pero años más tarde desaparecieron en un fuego, quedando únicamente la estructura. El gobierno local aprovechó para construir en ella un centro ambiental que busca preservar el sistema de los Grandes Lagos y el río San Lorenzo. Actualmente los visitantes pueden recorrer exhibiciones sobre el cambio climático y la contaminación, único en su tipo en América del Norte.

También es obligado visitar el Jardín Botánico, considerado el segundo más grande del mundo después del Kew, de Londres. Se encuentra cerca del Estadio Olímpico y cuenta con 22 mil especies de plantas exhibidas en 10 invernaderos, un insectario y más de 30 jardines temáticos, como el alpino rosa, el chino y el japonés. ¡Una gran inspiración para recrear luego en casa!

También puedes admirar Montreal desde el río. Existen opciones de embarcaciones en los que puedes navegar para admirar desde ahí los sitios turísticos del área metropolitana en viajes de hora y media o disfrutar de una cena de tiempos y música de DJ durante el atardecer o por la noche hasta por cuatro horas.

También puedes disfrutar de las calles comerciales como Sainte-Catherine, con 15 kilómetros de grandes centros comerciales y restaurantes de la ciudad.

No te olvides tampoco que los orígenes del Cirque du Soleil están aquí y constantemente se presentan estrenos mundiales en la Gran Capra del Viejo Puerto. Actualmente están presentando el espectáculo Volta (hasta junio 2017).

Mucho de Montreal puede conocerse a pie o usando el sistema público de transporte, al que puedes tener acceso con el Passeport MTL, un pase de 2 o 3 días para el metro, atracciones turísticas y festivales.

Ahora que Canadá nos exenta de visa y que aumentan las opciones de vuelos desde México, anímate a conocer Montreal. ¡Estoy segura que regresarás con bonitos recuerdos y muchas fotografías!

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