LAGO HILLIER: LO MÁS ROSA DE AUSTRALIA, Y DEL PLANETA

Tiene el color de goma de mascar y apenas mide 600 metros de largo, entre exuberante vegetación de eucaliptos y dunas de arena. ¡No hay nada igual!

Si yo fuera un extraterrestre, lo que más me atraería de la Tierra, no sería ni Nueva York ni la asombrosa cordillera del Himalaya, sino un diminuto punto de apenas 600 metros de largo, en una isla al oeste de Australia; la razón: su color rosa… cien por ciento rosa.

Desde el aire o por tierra, pareciera una alberca de Pepto Bismol (mejor ejemplo, imposible), entre un espeso verdor; es el lago Hillier, en la isla Midland, habitada tan solo por aves y exuberante vegetación, a 130 kilómetros del pueblo más cercano, Esperance, en la costa sur del oeste australiano.

Curiosamente, ningún científico ha podido comprobar la causa de esta coloración. Hasta ahora son dos los sospechosos: la sal, que abunda en el lago (10 veces más que en el mar), y unos organismos de nombre dunaliella salina, que viven felices en el mundo salado y que producen carotenoides —pigmentos orgánicos que dan coloración a muchos organismos, desde flamencos hasta zanahorias y langostas.

Lo cierto es que no se trata de un reflejo del sol o agentes externos; el agua lleva en sí el color: cuando se vacía en un contenedor, el líquido mantiene su tonalidad.

Quien ha tenido la fortuna de meterse a sus aguas, sabe que ahí se flota con facilidad dada la densidad de la sal que se acerca a los niveles del Mar Muerto, en Israel.

Dicen que cuando un avión pasa sobre Hillier, es un espectáculo que no se pierden los pasajeros (algo así como cuando admiramos desde el aire, el Popocatépetl), sobre todo teniendo en cuenta que no es fácil llegar a él por tierra. Desde el pueblo de Esperance se pueden tomar excursiones privadas y de paso conocer la abundante fauna y flora del archipiélago frente a las costas de Australia. El propio poblado ofrece opciones como buceo, pesca, rappel, surf y observación de ballenas, entre mayo y  octubre.

Sin ser tan rosa, Esperance tiene su lago (de hecho, se llama Lago Rosa) a unos cuantos kilómetros, y ofrece a los visitantes la posibilidad de saciar su curiosidad sin necesidad de aventurarse hasta la Isla Midland.

Pero como extraterrestre, viniendo desde tan lejos, me quedo con el lago Hillier.

Lake-Hillier1

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