Es una delicia suiza producida entre la belleza de los Alpes.

EL QUESO GRUYERE ya se elaboraba desde el siglo 12 en la región de la pequeña ciudad medieval de Gruyère, en el cantón de Friburg, al occidente de Suiza. Desde entonces, los granjeros reunían la leche de sus vacas, que se alimentaban del abundante pasto y la fragante flora de las praderas alpinas, a mil metros de altura.

El queso se elabora en ruedas de 35 kilos que necesitan 400 litros de leche fresca, sin pasteurizar y sin ningún tipo de aditivo. Dependiendo de qué tan fuerte se desea el sabor, se deja madurar entre 6 y 24 meses, siguiendo un riguroso procedimiento que incluye la supervisión diaria de cada rueda, volteándola frecuentemente y frotando su costra con agua salada.
Las cavas guardan una humedad de 90% a 15 centígrados, y cada rueda lleva la etiqueta de denominación de origen protegida (AOP, por sus siglas en francés) según el tipo a elaborar.

El Gruyere está en toda buena tabla de quesos. En Suiza es un favorito de los platillos calientes, del clásico fondue o para terminar una comida.
En tu visita al pueblo puedes conocer el proceso de fabricación en queserías como La Maison du Gruyère y Les Martels. Lo mejor es la degustación: para que sepas a qué sabe el verdadero Gruyere.