En la frontera entre dos continentes, Estambul ha sido protagonista de cuatro imperios que a su paso han hecho de la antigua Constantinopla, una de las ciudades con mayor riqueza cultural en el mundo y ofrecen al visitante una mezcla fascinante de Europa y el Medio Oriente.

Galata TowerSe cambia de continente en minutos, al sólo cruzar las aguas del estrecho de Bósforo. Sin importar si se está del lado europeo o asiático, Estambul es bulliciosa y ajetreada, casi como si el suelo palpitara bajo los pies. Su alma turca es la fusión de Europa y Medio Oriente; más aún, de lo viejo y lo nuevo, que con originalidad convive en sus barrios, su gente y sus creencias.

Un mundo no compite con el otro; todo lo contrario, se abrazan. Una mujer camina a la última moda, y en seguida, otras se cubren con largas y coloridas túnicas, de acuerdo a las costumbres musulmanas. Los palacios y mezquitas son testigos del poder de la historia que contrasta con los edificios modernos, al igual que las curiosas callejuelas con las grandes y transitadas avenidas. Y los minaretes, torres altas y delgadas que destacan en el panorama, pretenden tocar el cielo y miran, desde hace siglos, hacia el Cuerno de Oro –el estuario donde el Bósforo desemboca al Mediterráneo.

Por las calles, seguramente exclaman günaydin (buenos días), y los puestos de kebabs de cordero – más originales que aquí, imposible – son sólo el inicio de una exquisita gastronomía. Las tazas de té se sirven a chorros, se paladea el revani (pasteles granulares de sémola) y se fuma shisha (o narguile) en diversos sabores. La mayoría de la población es musulmana y convive con gusto con minorías de otras denominaciones y visitantes de todas partes del mundo. De  hecho, los turistas se asombran por la hospitalidad del turco, pues sin dudarlo dejan su quehacer para ayudar en lo posible y no faltan los que hasta invitan a comer a su casa.

Legendaria Constantinopla

Estambul fue la legendaria Constantinopla, y justo en su Ciudad Vieja se aprecia el legado de romanos bizantinos y otomanos, como poderosa capital de estos imperios. En esta “ciudad de sultanes”, hablan los restos de murallas y acueductos romanos; también los mosaicos bizantinos bajo las capas de pintura otomana.

Con el Imperio Romano (posteriormente Romano Bizantino en oriente), Constantinopla fue la joya de la cristiandad, desde el siglo 4 hasta mediados del 15. Después, continuó su poder en la historia con Solimán el Magnífico – que por cierto, existe una mezquita con su nombre –, sultán otomano que llegó a conquistar la mayor parte de Medio Oriente. Durante este periodo, la ciudad tuvo un cambio cultural casi absoluto, al pasar de ciudad bizantina imperial a islámica.

Sus grandes íconos son prueba de ello. Santa Sofía (Ayasofya) en un principio fue iglesia cristiana, luego mezquita, y ahora es el museo que cuenta la historia de Estambul. Es fácil encontrarla desde cualquier parte, al sólo levantar la mirada, ya que está en lo alto de la colina desde el siglo 6, sin mencionar que llegó a ser la iglesia más grande del mundo por casi mil años. Su interior es de columnas inclinadas y pisos de mármol rajados por el paso del tiempo, medallones árabes y mosaicos religiosos.

young beautiful muslim woman at the park in spring

La que compite con parecida belleza es la Mezquita Azul (Sultanahmed Camii), que fue construida también en lo alto de la ciudad más de mil años después. Los seis minaretes que se ubican alrededor, parecen protegerla, al igual que su enorme cúpula central de 43 metros de altura. A su entrada, algunos creyentes cuelgan sus pertenencias en una larga pared mientras se lavan cara, brazos y pies en las llaves de agua, sin dejar de orar, para luego pasar al espectáculo de más de 20 mil azulejos al interior. Muchos están dispuestos a contarle al visitante detalles íntimos del lugar.

Desde esta mezquita se llama a la oración a los fieles del islam cinco veces al día, con un canto que toma fuerza al replicarse en otras mezquitas más. Los edificios van cambiando sus tonalidades y sombras a lo largo del día, según la intensidad lumínica, y otorgan una cierta paz, se sea o no musulmán, empezando porque en la mayoría hay que descalzarse para a entrar.

Para vistas de postal hacia el estrecho de mar, la terraza del Palacio Topkapi, actualmente convertido en Museo del Imperio Otomano. Fue residencia de sultanes gobernantes hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, cuando se desplomó el imperio. Y como tal, está conformada por varios edificios y patios. Muy próximo, se encuentra un “palacio sumergido”. Se trata de la Cisterna Basílica, que era la mayor de las reservas de agua que tenía la ciudad; hoy es pasarela de columnas con la figura de medusa en un par de ellas.

Assorted eastern sweets - baklava, dates, turkish delightContrario a la tranquilidad de las mezquitas, el Gran Bazar del siglo 15, es una fiesta para los sentidos. Más de 20 puertas dan acceso a uno de los bazares más grandes del mundo, con decenas de sorpresivos caminos. Voces en turco gritan de golpe, otras entonan una clase de melodía, y todo para llamar la atención de los compradores que observan textiles, tapetes, joyas de oro y plata, y vestimentas; perciben los múltiples colores de las lámparas, y los sabores de dulces y nueces. De pronto, alguien vende flautas para encantar serpientes, ojos para la buena fortuna e instrumentos para fumar shisha.

Da la impresión que en este lugar todo puede suceder, y perderse es muy sencillo. Distraídos por los vendedores que cargan con bandejas de té de manzana para el visitante, es posible llegar a áreas más escondidas sin planearlo, donde hay trabajadores de artesanías, metales y hasta armaduras en puestos que parece que no se han movido en años. En unos cuantos, presumen leerte la borra del café para conocer tu fortuna.

Unas cuadras más al norte, el olor a comino empieza a llamar la atención en el Bazar de las Especias. Cientos de aromas, conocidos y totalmente ajenos, provocan que uno ande olfateando los puestos, y los más apasionados de la gastronomía encuentran aquí dulces, frutos secos, quesos y, por supuesto, especias. El ruido, las luces y los faroles que cuelgan de los techos curvos, distraen a los demás sentidos.

Istanbul, Turkey

Al salir, casi se topa uno con el puente Gálata, que más que puente es eslabón de culturas y actual escenario de fotografías. Sobrevolado por cientos de gaviotas, y a ratos atiborrado de pescadores, une la Ciudad Vieja en el Cuerno de  Oro al distrito de Beyoğlu. Puestos callejeros venden simits (roscas saladas), almejas con limón y los típicos helados salep dondurma, que  son un tanto chiclosos. En los embarcaderos de alrededor, se debe probar la bocata de caballa, recién pescada en el Bósforo y servida bajo el puente y a lo largo del Cuerno de Oro. De hecho, es común que algunos pescadores, felices por sus logros del día, ofrezcan probar algún bocado a quien pase a su lado.

Beyoğlu se considera el distrito más europeo, el corazón cosmopolita de Estambul, con gastronomía y entretenimiento de estilo más occidental, sin ignorar a los turcos que ofrecen su arte en plena calle. Aquí se encuentra el barrio de Gálata, que alberga la famosa Torre Gálata, cuyos 60 metros de altura permite tener las mejores vistas de la ciudad; antes faro de madera, ahora sus anchas paredes parecen indestructibles. También está la plaza Taskim, y la calle Istikal, llena de tiendas, restaurantes y cafeterías; y la frondosa área de Nisantasi, que podría confundirse con las calles parisinas entre cafés muy a la moda, fachadas art noveau y tiendas de diseñador.

Cruzar el Bósforo

Los ferries cruzan el Bósforo constantemente. También, este estrecho que une el Mar Negro con el Marmara y separa  Europa de Asia, se cruza en carro por el puente del Bósforo y el de Fatih Sultan Mehmet, o en tren por el túnel subacuático Marmaray.

Del lado asiático, en el barrio de Üsküdar, las familias se acomodan para realizar parrilladas, decenas de pescadores lanzan las cañas al agua, y los enamorados contemplan los colores del sol que pintan las nubes de la tarde. A la lejanía, algunos barcos esperan el permiso para cruzar el canal; por la noche prenden sus luces que se reflejan como tenues siluetas en el mar, y el sonido de sus sirenas se une a la agitación sin pausa de la ciudad.

Istanbul from Galata tower, Turkey

Es ideal sentarse en los modernos bares y restaurantes con miradores a probar los mezes, tradicionales entremeses de berenjena, tomates, queso blanco, pollo carcasiano, pescado, y más, mientras se disfruta la vista de Santa Sofía, y la Mezquita Azul; habrá que descubrir algunos cuantos para elegir el preferido.

Para terminar la jornada, se puede disfrutar de un raki (licor de anís) y para iniciar el día siguiente nada como un café turco, de sabor fuerte, acompañado de alguna variedad de lukum o delicia turca (dulce suave a base de gelatina o grenetina), o bien, la dulzura de un baklava (dulces de hojaldre rellenos de pistacho y otras nueces). En algún momento libre, relajarse en los baños turcos, las casas de baño – algunas de más de 500 años– que utilizaban especialmente las mujeres durante los tiempos otomanes. Al preguntar a los habitantes de la ciudad por alguno, amablemente recomiendan y hasta acompañan a la entrada. Así, ¿quién no quisiera disfrutar de esta fascinante mezcla de culturas?

Hoy Turquía es uno de los países más visitados del mundo –ocupa el sexto lugar en turismo–, y mucho se debe a Estambul, que conquista los primeros lugares de las listas mundiales de mejores destinos; no por nada la visitan más de 32 millones de turistas al año. Y sí, conquista desde el primer sorbo de té.

Mosque in Istanbul

Cómo obtener visa para Turquía

COMO MEXICANO es necesario tramitar una visa para ingresar a Turquía. Ésta se obtiene de manera electrónica en la página de e-Visado de la República de Turquía. Es muy sencillo: tan sólo se llenan los campos requeridos de la solicitud, y se realiza un pago en línea. Posteriormente, el enlace del visado llega al correo electrónico proporcionado para descargarlo e imprimirlo. Aunque éste se presenta al ingreso al país, no hay que olvidar guardarlo durante todo el viaje.

Uno puede ingresar a Turquía en cualquier momento durante el periodo de validez. El único requisito es que el pasaporte esté vigente por lo menos 60 días posteriores a la fecha de expiración del visado.