LAS PIRÁMIDES MAYAS ESTÁN LISTAS PARA EL EQUINOCCIO. ¿Y TÚ?

Las culturas prehispánicas de México eran grandes astrólogos y supieron construir sus pirámides en lugares donde reproducir este fenómeno.

El equinoccio es el momento en que el sol se encuentra exactamente encima del ecuador y provoca que la duración del día y de la noche sea exactamente igual. Esto ocurre dos veces al año con la llegada de la primavera y el otoño.

El jueves 22 de septiembre a las 09:21 horas es cuando entra el otoño en 2016, y aunque no hay ninguna base científica, mucha gente acude a llenarse de energía solar a alguna zona arqueológica de México o a maravillarse del descenso del dios Kukulcán a la tierra.

En ningún otro lugar se da este fenómeno tan explicito como en la Pirámide de Kukulcán, también conocida como el Castillo, cuando el sol proyecta sus rayos sobre la escalinata norte, se forma un juego de luz y sombra que parecen dar vida al cuerpo de la serpiente emplumada que parece que baja gradualmente hasta rematar en la gran cabeza. Es un momento mágico, Kukulcán desciende por las escaleras del templo y llega a la tierra.

El juego de luz y sombra se hace durante varias horas, pero sólo por unos diez minutos se ve toda la serpiente descendiendo por la pirámide.

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Si bien el descenso de Kukulcán es quizás el testimonio más visible del avance de los mayas en conocimiento de los astros, también hay otros sitios arqueológicos en Yucatán que demuestran la importancia que tenía el equinoccio para su cultura. Por ejemplo, el Templo de las Siete Muñecas en el sitio arqueológico de Dzibilchaltún,   conforme va cayendo el sol en la tarde (jueves 22 de septiembre de este 2016) , el astro pasa exactamente a través de las puertas principales. La vista es simplemente impresionante y no puede uno sino maravillarse.

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Más allá del mundo maya

Para muchos, este día es una oportunidad para cargar energía frente a pirámides ancestrales, aún y cuando no presenten algún fenómeno arqueoastronómico. Tal es el caso de Tehotihuacán. Aquí se dice que se concentran fuerzas cósmicas que irradian energía, y por esa razón miles de visitantes acuden al lugar para recibir ese regalo del sol vestidos de blanco y con un paliacate rojo.

Algunos suben los 360 escalones de la pirámide del Sol y alzan las manos para estar más cerca del astro rey, para otros es suficiente el sólo hecho de estar en una de las ciudades más grandes e importantes de Mesoamérica, con las pirámides del Sol y de la Luna; La Ciudadela con su templo de Quetzalcóatl y el palacio de Quetzalpapalotl a lo largo de la Calzada de los Muertos.

El equinoccio es una oportunidad para abrir los brazos y darle la bienvenida a esta nueva estación. ¿Qué mejor que hacerlo entre vestigios milenarios?

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