Sorprendería saber que Miguel Ángel siempre consideró que la escultura de Moisés estaba por encima del David; se dice que cuando terminó de esculpirla le dio un golpe en la rodilla derecha y le gritó ¡Por qué no hablas!

Estas palabras siempre llamaron mi atención y más el hecho de que siendo una de las esculturas preferidas de Miguel Ángel no estuviera en la Basílica de San Pedro o en el museo del Vaticano; la tarea de encontrarlo no fue del todo fácil, Moisés se encuentra en la iglesia de San Pietro in Vincoli, en una callecita sin salida en la zona de Esquilino, en Roma, muy cerca del Coliseo.

Después de dos intentos – la iglesia estaba cerrada-, al fin pude entrar y ver de cerca a esa escultura que tanto encantó al propio Miguel Ángel y que consideraba que sobrepasaba en realismo a la del David. Hay que dedicarle un tiempo no sólo para admirarla, también para tratar de descifrar el sentimiento que el artista imprimió en Moisés. Su mirada y la expresión de su rostro son duras e intimidantes, parece que en cualquier momento se va a levantar de su silla.  Ahora entiendo  por qué el propio  Sigmund Freud, el padre de la psicología, le dedicó tantas horas a estudiarla.

Según Freud, Miguel Ángel quiso reprochar al Papa Julio II que haya pospuesto su trabajo, cincelando en su obra El Moisés una mirada intimidante.

La escultura fue diseñada para el mausoleo del Papa Julio II, un proyecto ambicioso y de proporciones colosales, con más de cuarenta estatuas de tamaño natural. Moisés como figura central, aparecería junto a San Pedro en el segundo nivel de la tumba y se colocaría bajo la cúpula de la Basílica de San Pedro en el Vaticano.

Años después, el mismo Papa Julio II le ordenó a Miguel Ángel suspender la obra para que se dedicara a pintar la bóveda de la Capilla Sixtina. Parece ser que esto causó una frustración al artista que quería que fuera la obra de su vida y aunque finalizó con el trabajo, el proyecto se simplificó a una tumba con algunas estatuas y nunca se colocó en la Basílica de San Pedro.

En el proyecto original también estaban contempladas las figuras de unos esclavos en la parte inferior de la tumba. Miguel Ángel empezó a trabajar en seis, pero nunca las terminó; dos de ellas se encuentran en el Museo del  Louvre en París y las otras cuatro en la Galería de la Academia de Florencia.

Mi admiración por Miguel Ángel creció al ver a El Moisés y aunque hice algunos rodeos para llegar a la iglesia de San Pietro in Vincoli, lo logré sin necesidad de mapas,  bien dicen que “preguntando se llega a Roma”.