COZUMEL ES HERMOSO… EN BICICLETA, UN PARAÍSO

Sin altos en el camino, uno se sube a la bicicleta y por kilómetros bordea el mar y la selva que se extiende como una alfombra verde por esta isla de ensueño.

Desde la primera vez que vine a Cozumel me pareció curioso que sus habitantes prefieren la moto o bicicleta que el automóvil. Era de esperarse en una isla compuesta por unas cuantas decenas de calles y un mundo de naturaleza. Y como tal es uno de los rincones privilegiados del planeta en que se puede andar en bicicleta por una carretera exclusiva para su uso de ¡casi 50 kilómetros!

Las aguas de Cozumel son de hermosas tonalidades azul y verde, que ofrecen vistas de postal tanto en el paisaje como debajo del agua, con su riqueza de vida marina.

En las madrugadas y tardes frescas, muchos ciclistas salen a entrenar por esta vía que atraviesa la selva, y luego los deslumbra con el agitado mar turquesa  al sur de la isla; muchos otros montan sus bicicletas para pasear y detenerse en Playa Mia, Punta Sur o Playa Chen Rio, por mencionar algunas; además de arrecifes de agua cristalina como Sky Reef, Palancar o El Cielo, escondidos escenarios para tomarse fotografías.

Y es que Cozumel es poco ruido y mucho silencio, pues aunque enormes cruceros aparquen en las orillas y, a ratos, el turismo alborote el malecón principal, la realidad es que aquí siempre sentimos cierta desconexión con el mundo, y el abrigo completo del mar a donde quiera que miremos.

A lo largo de cualquier recorrido en bicicleta hay oportunidades para detenerse a disfrutar de la costa, en esta isla caribeña.

Sobran lugares donde se rentan bicicletas para quienes busquen ejercitar las piernas y sentir el calor de la isla. Ojo, que muchos prefieren rentar motocicletas o incluso pequeños vehículos sin techo porque darle la vuelta a Cozumel no es cualquier cosa, mucho menos en el húmedo verano de altas temperaturas.  Pero para quienes optamos por la bicicleta y a momentos nos quedamos solos a dos ruedas explorando la carretera, sentimos el viento golpear nuestro cuerpo y la libertad de desplazarnos sin temor a nada, ni siquiera a perdernos: es una isla y tarde o temprano el mismo camino nos lleva al punto inicial.

Este es uno de los muchos caminos que te invitan a la aventura por toda la isla.

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