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Asciendo en teleférico a las cavernas de la Sierra del Fraile y me encuentro con un mundo fantástico y milenario, a solo 20 minutos de Monterrey.

En un tour organizado desde Monterrey, salí temprano con una decena de turistas como yo, camino a las grutas de García. En cuestión de 15 minutos dejamos atrás la ciudad, por la carretera a Saltillo, para luego desviarnos hacia el pueblo del mismo nombre que las grutas y llegar hasta el paraje turístico donde tomaríamos un teleférico.

Tan pronto como nos desviamos hacia la Villa de García, el paisaje se tornó espectacular por los cerros escarpados que evidencian el castigo de las inclemencias del clima y los fuertes vientos que por siglos han curtido la piedra del lugar. Las elevaciones se asemejan a gigantes paredes de pronunciada perpendicularidad, ataviados de escasos arbustos capaces de  soportar inviernos helados y veranos a las brasas.

Más pronto de lo que hubiera querido ya estábamos en el parador para subir a lo alto de la reserva natural del Cerro del Fraile, que supera los mil metros sobre el nivel del mar.

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Alejados de la ciudad y flanqueados por los cerros, se respiraba un aire puro, bajo un silencio que inspiraba paz e invitaba a contemplar el desértico entorno.

Teleférico Grutas de GarcíaVarios de nosotros aprovechamos para tomar un refresco en la cafetería, antes de  tomar el moderno teleférico de fabricación suiza, que en tres minutos asciende 280 metros con un máximo de 45 pasajeros. Conforme se eleva, es emocionante despegarse del suelo y pasar de las faldas de los cerros a las cumbres. Debajo de nosotros aún se apreciaban las rieles de un funicular que por varias décadas hizo la función del teleférico. También se apreciaba una vereda que serpentea la pendiente y que puede tomarse como alternativa para quien desee hacer la proeza de subir a pie. Yo quería probar mi condición física, lo hice… ¡pero para bajar!

Una vez en lo alto, hay una plataforma de observación y una cafetería, donde se puede admirar con vista de águila el valle formado por las colinas circundantes. Aún siendo un día cálido de primavera, ahí se sentía más fresco que a nivel del suelo.

Viaje al interior de la Tierra

EstalactitasUn guía en sus cuarenta, con amabilidad nos invitó a entrar por un acceso al interior del cerro. Era como internarse en las entrañas de la Madre Naturaleza para recorrerlo y descubrir su alma, pasando abruptamente de la vista del paisaje a un mundo interior de cavernas fantásticas.

Puedo imaginarme la sorpresa cuando en 1843 las grutas fueron descubiertas por un sacerdote. Creo que por más que se lo platiquen a uno, no hay forma de estar preparado para asombrarse ante un mundo fantasmagórico, de estalactitas y estalagmitas. Son producto de millones de años de paciente formación, que por filtraciones de agua y minerales como el mármol, yeso, argaonita y calcita, se han ido sedimentado ¡a razón de cien años por cada 16 centímetros cúbicos! Y a juzgar por las enormes formaciones de varios metros de altura, no dudo el cálculo de edad de las cuevas en 50 millones de años. De hecho, se sabe que alguna vez estuvieron cubiertas por el mar, ya que en el lugar se han encontrado fósiles marinos.

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GRUTAS DE GARCIA 3Las formas caprichosas de las estalactitas y estalagmitas asemejan a cera derritiéndose en forma de hilos y acumulándose por todas las cavidades para dar vida a objetos como una mano, un gorila o un árbol de navidad. Si la imaginación no se te da, no te preocupes que el guía, ayudado de su lámpara apunta y te da pistas a lo que las piedras podrían asemejarse.

Son 16 cuevas, teatralmente iluminadas, que pueden recorrerse en su totalidad (2.5 kilómetros) o de manera parcial (1 kilómetro), que es lo más común y que fue el que tomé con el grupo. Cada cámara guarda una sorpresa, porque mientras una bien podría ser un altar de iglesia, otra sería un gran salón de baile, y otra más, las llamas de un infierno, con todo y su abismo.

Por 40 minutos subimos y bajamos entre escaleras y puentes acondicionados para facilitar la marcha. Sin embargo, es recomendable ir con ropa deportiva o cómoda, unos tenis y mucha energía. De la temperatura no hay que preocuparse pues adentro permanece constante a 18 centígrados todo el año.

Fue tal la comunión con las entrañas de la Tierra que al abandonar el lugar, deslumbrado por la luz de mediodía, mi único consuelo fue el divertido descenso a pie y la deliciosa comida norteña que probé en Villa de García.