MI AVENTURA EN EL TREN CHEPE A BARRANCAS DEL COBRE

A bordo del tren Chihuahua al Pacífico que desafía los caprichos geográficos del norte de México, nos deslizamos por las curvas del sistema de barrancas más grande del mundo, y la emoción nos deja sin palabras.

Tren Chihuahua al Pacífico - Sectur/Chihuahua

El tren Chihuahua al Pacífico (Chepe) es una proeza de la ingeniería mexicana a principios del siglo 20. (Fotografía: Sectur/Chihuahua)

EL PAISAJE parece cambiar a cada minuto. Da la impresión que uno va volando sobre estrepitosos precipicios, y que el tiempo ha pausado su marcha en las comunidades del camino. Las Barrancas del Cobre no tienen igual: son un grupo de seis cañones distintos en la Sierra Tarahumara de Chihuahua coloreados en cobrizo, que resguardan un estilo de vida ancestral. Tampoco tiene igual el ferrocarril que atraviesa sus acantilados: el ya famoso “Chepe”, pasa por 86 túneles y 37 puentes que dejan en claro una de las obras maestras de la ingeniería mexicana.

Tomamos el tren en Chihuahua, la capital del estado, para adentrarnos en bosques de pino y encino, cuyo verdor y aroma hacen que uno quiera asomarse por la puerta y sentir el golpe del aire. A ritmo tranquilo, comenzamos a gozar de escarpadas montañas y paredes rocosas a través de los grandes ventanales, mientras pedíamos algo de comer y nos relajábamos en nuestros asientos. Como hace paradas en múltiples estaciones, nosotros ya teníamos planes para quedarnos a dormir en algunos poblados.

Barrancas del Cobre.

Asombrosas vistas de las Barrancas.

En lo más alto del trayecto, “el Chepe” se detiene en estaciones como Creel y Divisadero. Bajamos en la primera para pasear por construcciones de la época porfiriana del poblado de Batopilas, y algunos huertos de naranjo, mango y papaya. Caímos en cuenta de que aquí viven tradicionales comunidades tarahumara, al observar sus coloridas vestimentas, sus trabajos de barro y madera, y sus cálidas sonrisas. Y es que las barrancas son su sencillo y apartado hogar desde hace miles de años.

Pasamos la noche en unas cabañas ecológicas de madera, encantados por las arraigadas costumbres que habíamos presenciado, y por el silencio que bañaba de misticismo nuestro sueño.

Parque Barrancas

Parque Barrancas

A la mañana siguiente, la naturaleza nos llamaba a gritos desde Piedra Volada y Baseaseachi, las dos cascadas más altas de México. Empapados por su fresca brisa, nos dirigimos al Parque de Aventuras Barrancas del Cobre para tomar tirolesas y atravesar puentes colgantes. Aquí es posible realizar actividades como rappel y escalada en roca, y hasta flotar diminutos en el paisaje, arriba de un teleférico. Otros grupos recorrieron las montañas en bicicletas y cuatrimotos, avistaron aves e incluso se quedaron a acampar.

Cascada Piedra Volada, Barrancas del Cobre

Cascada Piedra Volada, Barrancas del Cobre

Más adelante en el recorrido en tren, bajamos en la estación de Bauichivo/Cerocahui y nos topamos con Urique, la barranca más profunda del país con 1,879 metros de altura (también se puede llegar desde Divisadero). Yo quedé inmuta al observar su color cobre moteado de verde, y la línea serpenteante que el río traza al fondo del cañón. Muy cerca, pasamos la noche en un hotel incrustado en las barrancas; desde sus terrazas abiertas, pudimos admirar lo que nos pareció uno de los panoramas más increíbles del mundo.

Conforme descendimos en el tren hacia nuestro destino final en Los Mochis, Sinaloa, (es posible hacer el recorrido Los Mochis-Chihuahua, o tramos más cortos) el entorno fue cambiando, pero eso sí, nunca dejó de hechizarnos a lo largo de los 628 sinuosos kilómetros de trayecto, y ¡uno quisiera seguir andando por más tiempo! La belleza natural se fusionaba con las maravillas del hombre a todo su esplendor; nuestra vista se perdía en infinitos paisajes y, de pronto, todo obscurecía al cruzar las montañas por los túneles.

Mujeres tarahumaras vendiendo artesanías.

Mujeres tarahumaras vendiendo artesanías. Fotografía: CC BY-SA 2.0 / Lance Fisher

¿Las barrancas habían estado ahí desde siempre? Nos lo preguntábamos continuamente, al deslizarnos por sus suaves curvas y sus altísimos puentes. La leyenda cuenta que se formaron desde el origen de la Tierra. Lo que sí es que surgieron a partir del movimiento de las placas tectónicas, millones de años atrás, y ahora, se mostraban imponentes ante nuestros ojos. ICONO FINAL

barrancas-6

icono texto Conoce el Parque de Aventuras Barrancas del Cobre

 

Leave a reply

Your email address will not be published.

Theme developed by TouchSize - Premium WordPress Themes and Websites