El vasto territorio canadiense es el segundo más grande del mundo, con una población que podría alojarse en el área conurbada de Tokio. Para quien lo visita, sus ciudades, bosques, lagos y montañas, dejan instantes que se alojan para siempre en el corazón.

1.LAS CATARATAS MÁS VISITADAS DEL MUNDO

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SON LAS DEL NIÁGARA y son tres con una caída de 64 metros. Esta maravilla de la naturaleza la puedes apreciar desde miradores, en helicóptero, en lo alto de la torre Skylon o en close up total desde un bote (con impermeable, por supuesto). Justo en frontera con Estados Unidos, el mejor lado para verlo es el canadiense, apenas a hora y media por carretera desde Toronto. Y no creas que las ves y te vas porque ahí mismo está Niagara Falls, la ciudad con vocación de divertir al estilo Las Vegas y que merece un día completo pues hay desde casinos hasta parques de diversión. Si ya conoces las cataratas, prueba admirarlas en otra estación del año y verás que te sorprenderán como la primera vez.

2. EL PARAÍSO EN PLENO VANCOUVER

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VANCOUVER, EN LA COSTA PACÍFICO, es una de las ciudades más bellas del continente y muy cerca de su corazón está el Stanley, uno de los parques urbanos más grandes de Norteamérica. Y es que a nadie decepciona porque se puede disfrutar de la naturaleza canadiense en plena ciudad. El bosque es hogar de medio millón de coníferas y uno puede darse gusto en los más de 200 kilómetros de caminos y senderos, disfrutar de sus lagos y conocer el acuario y sus graciosas ballenas beluga (muy raras de encontrar en otras partes). Puedes caminar o rentar bicicletas y aventurarte entre los senderos del bosque, descubrir los tótems y llegar a diversas atracciones. Hay también tours en autobus, tranvías a caballo o el tren (en primavera y verano). Hay tanto que ver que es imposible recorrer todo el parque en una sola visita, pero eso sí, lo que veas te lo llevarás en el corazón para siempre.

3. QUEBEC, PASAPORTE AL PASADO

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EN LA PROVINCIA DE QUEBEC está la capital del mismo nombre, que fue fundada en el siglo 17 para el comercio de pieles; se distingue por ser la única ciudadela amurallada de Canadá, construida sobre un abrupto acantilado. Puedes visitarla para remontarte al tiempo cuando los franceses se defendían de los ingleses y admirar en verano el cambio de guardia. La parte alta también tiene “el hotel más fotografiado del mundo”, el histórico Chateau Frontenac, construido en 1892. Para descender al Basse-Ville puedes tomar un funicular (o en escaleras, si estás en condición, claro) y admirar edificios de varios siglos de antigüedad y que son Patrimonio de la Humanidad desde 1985. Si visitas Quebec en invierno (tres semanas entre enero y febrero), puedes disfrutar del carnaval de invierno más grande del mundo.

4. NO ESTÁS SOÑANDO, ESTÁS EN BUTCHART

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LOS BUTCHART GARDENS son un edén de 22 hectáreas con 700 variedades de flores y árboles en céspedes perfectos que hacen que todo visitante se quede con la boca abierta. El secreto está en el clima amable de la Isla de Vancouver (y 50 jardineros de tiempo completo), que continúan el legado de Jenny Butchart, creadora del parque en terrenos donde su esposo extraía cantera de piedra caliza .
Al llegar a Butchart, nadie está preparado para tanta belleza de espacios temáticos como el jardín japonés y el italiano. Si bien es ideal visitarlos en primavera y verano (cuando por ejemplo puedes admirar las 250 clases de rosas), cualquier estación del año tiene su encanto, incluso en invierno cuando el parque se viste de luces navideñas. Solo bastan unos zapatos cómodos y disposición para cautivar los cinco sentidos.

5. UN NOTRE DAME QUE NO ESTÁ EN PARÍS

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EN ENERO DEL 2016, las imágenes de la Basílica de Notre-Dame, en Montreal, dieron la vuelta al mundo cuando la cantante Céline Dion se despidió de su esposo René Angélil, con quien se había casado ahí 21 años atrás. La basílica es parte vital de la provincia de Québec y el lugar más visitado de la ciudad. Construida en el siglo 19, su arquitectura es de estilo neogótico y su interior es tan exquisito que hay que observar bien para fijarse en tantos detalles, uno no sabe si mirar primero al techo con miles de estrellas pintadas en oro de 24 quilates o al órgano de 7 mil flautas. La nave principal remata en un altar con esculturas de roble blanco contra un fondo azul escoltado a los costados por vitrales de Limoges. Los turistas tienden a comparar este Notre-Dame con el de París, pero la realidad es que cada uno tiene su estilo propio.

6. A VUELO DE ÁGUILA… EN TELEFÉRICO

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A DOS HORAS DE MANEJO desde Vancouver se encuentra Whistler, el resort para esquí más grande de Norteamérica. El complejo incluye 200 pistas entre la montaña del mismo nombre y Blackcomb. Para trasladarse entre ambas, el teleférico Peak 2 Peak cuenta con cabinas para 28 pasajeros que permiten admirar el hermoso paisaje a lo largo del recorrido de 11 minutos (dos cabinas tienen piso de vidrio). Esta proeza de ingeniería tiene el record mundial de ser el teleférico suspendido entre dos torres más alejadas entre sí (3 kilómetros) y alcanzar el punto más alto sobre la superficie (436 metros). En ese momento te sientes como un águila surcando entre montañas y bosques. Si bien los esquiadores lo utilizan para moverse entre montañas, muchos más lo emplean para vivir la experiencia. Una vez en Blackcomb puedes disfrutar de una buena comida y en verano caminar por los más de 50 kilómetros de senderos.

7. UN LAGO PARA ADMIRAR POR HORAS

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ES TAN BELLA LA VISTA del Lago Moraine que hace tres décadas apareció en los billetes de veinte dólares canadienses y actualmente es uno de los fondos de pantalla más populares en celulares y computadoras. Se ubica en el Parque Nacional Banff, en la provincia de Alberta. Cuando tienes frente a ti el imponente Valle de los Diez Picos y el lago de un intenso azul turquesa no puedes sino sentirte afortunado de estar en uno de los lugares más bellos del planeta. El silencio del valle a 1,884 metros de altura y la serenidad del agua mientras los rayos del sol le dan esa coloración es una experiencia mística. A tener en cuenta que hay más lagos en el parque y que se pueden rentar canoas o bien hacer recorridos a pie, a menos que las autoridades lo prohíban por la presencia de osos grizzly. Junio, julio y agosto son los mejores meses para visitarlo.

8. TORONTO A TODO LO ALTO

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ES EL ÍCONO MÁS RECONOCIDO de Toronto y quizás de todo Canadá, con sus 550 metros de altura y el orgullo de ser la quinta más alta del mundo. Además de torre de telecomunicaciones, la CN Tower es el lugar más visitado de la ciudad pues puedes ascender a 113 pisos de altura y admirar el paisaje de varios kilómetros a la redonda, además de conocer su impresionante piso de cristal ¡que resiste hasta 14 hipopótamos! (Adicionalmente se pueden subir 33 pisos más, pero en realidad la vista es muy similar y te puedes ahorrar el costo extra). Lo que sí te recomendamos es visitar la torre justo antes del atardecer para que disfrutes el paisaje en luz diurna y nocturna. Las instalaciones cuentan con restaurante giratorio, tienda de regalos, película en 3D y la posibilidad de caminar (en verano) al aire libre, sujetado de un arnés. Al terminar tu visita, una variedad de entretenimiento y gastronomía te espera en una de las ciudades más cosmopolitas del mundo.

9. OTTAWA, HOGAR DEL PARLAMENTO

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EN LA CAPITAL CANADIENSE, Parliament Hill alberga cuatro edificios gubernamentales, donde destaca el parlamento con la Torre de la Paz de 92 metros de altura y sus 53 campanas. Hay una biblioteca que está inspirada en la sala de lectura del Museo Británico y es de lo que más asombra en el complejo por sus elaborados interiores de madera tallada ; tanto, que hasta aparece en el billete de 10 dólares canadiense. Si vas en verano no te puedes perder el cambio de guardia todos los días a las 10 de la mañana. La visita guiada es muy recomendable pues permite recorrer el interior, conociendo la Cámara de los Comunes (equivalente a nuestro Congreso) y la Sala del Senado. Es el mejor lugar para conocer la historia de Canadá y de paso tener una hermosa vista de la capital.

10. TRAS AURORAS Y OSOS POLARES

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NO CUALQUIER PAIS DEL MUNDO tiene osos polares y para quienes vivimos en el continente americano, Canadá es lo más próximo para conocerlos en su hábitat natural. Si bien se pueden ver en toda la franja norte del país, el extremo de la provincia de Manitoba es donde mejor se aprecian. Ahí está la pequeña población de Churchill, autodeclarada la “capital mundial de los osos polares”, donde cada otoño, en tours especializados, puedes verlos dirigiéndose a la Bahía de Hudson, donde el agua se congela y es más fácil cazar focas . También en Churchill, durante 300 noches del año, el cielo se enciende de auroras boreales que danzan en absoluto silencio, en tonalidades fosforescentes. Si bien se pueden ver en muchas regiones de Canadá, Manitoba es considerada una de las mejores del país.

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