De monumentos y peculiar arquitectura; frescos mariscos, Medias Rojas y mucha genialidad, Boston es un viaje en corto desde Nueva York, hacia el pasado estadounidense.

De pronto, parece que se llega a una ciudad europea en pleno Estados Unidos. Y digo de pronto, porque en poco más de tres horas en tren, llegué a la estación sur de Boston, desde los rascacielos neoyorquinos. Lloviznaba y el ambiente era ligeramente frío (típicamente impredecible, como todas las costas del norte), pero en realidad esta ciudad, capital de Massachusetts, presume de un clima agradable desde primavera hasta mediados de otoño. Presume también sus monumentos históricos, calles adoquinadas, mercadillos del centro y universidades prestigiosas, pero eso lo descubriría más adelante.

Caminé directo al puerto donde corre el río Carlos, que separa los municipios de Boston, y muy cerca, desemboca en el mar; ahí, se despliega un agradable paseo con vista al curso del agua, entre pequeños parques, pintorescos muelles, lounges de hotel, y una plaza de restaurantes recién inaugurada.

Me tocó ver los famosos Duck Tours, unos coloridos vehículos anfibios en forma de tanques, que así como recorren las calles, pasan al agua sin mayor problema para ofrecer al pasajero una vista panorámica, postal perfecta de Boston – ideales para quien desea conocer la ciudad en 80 minutos.

Ya con hambre, me dirigí al norte por Congress Street, una de las avenidas principales, entrecruzando cuadras del distrito financiero. En pocos minutos llegué al Quincy Market, en el centro de la ciudad, que no sólo es un icónico mercado, sino un área muy amena, y un tanto llena de turistas, que se rodea de edificios de ladrillos rojizos, cual refinado Londres, y faroles de múltiples bombillas. Entré a un pasillo del mercado, y caí en la indecisión… Había tanta variedad de comida que pasé más de media hora probando bocadillos, hasta decidirme por langosta y almejas –la especialidad de la casa–, y subir al comedor del segundo piso.

Pasear por el área, puede tomar una mañana entera. Pero a mí me interesaba Harvard; después de la fama que goza, y casi 400 años desde su fundación, mal haría sin visitar una de las mejores universidades del mundo. Para ello, tomé el primer metro que encontré hacia Harvard Square, en Cambridge, y una vez ahí fue justo como lo imaginé: los árboles sombrean los caminos, los jóvenes van y vienen en bicicleta, cargados de libros, y se tumban en los jardines a leer y relajarse; una pequeña villa por sí misma. Allí estudiaron ex presidentes como John F. Kennedy y BarackObama; también, Bill Gates y Mark Zuckerberg, y artistas como Matt Damon y Natalie Portman.

CAMBRIDGE, MA - MAY 30: A Harvard's Crimson Lightweight Crew practicing for a race in the Charles River in Massachusetts, USA on May 30, 2014

Con tantos “genios”, ganas no me faltaron, sino tiempo, de conocer además la Universidad de Cambridge, misma que la inglesa, y la de Berklee, sueño de cualquier músico, pues esla más grande del mundo. Caía la noche, y todo apuntaba hacia los característicos pubs, pues había que conocer el L Street Tavern, de la película Good Will Hunting, pero preferí dirigirme al Fenway Park, para presenciar un juego de béisbol en el estadio que ha sido hogar de los Medias Rojas de Boston por más de cien años.

A la mañana siguiente, cada calle de la ciudad parecía una historia viviente, la más antigua del país. Y es que se habla de Boston como pequeña población desde 1630, y al haber sido colonia de Nueva Inglaterra, conserva su arquitectura como legado de aquellas épocas (no es que ahora sea muy grande, tiene alrededor de 645 milhabitantes). Jugó un gran papel en la independencia del país, gestada por líderes como Benjamin Franklin. Así, vivió uno de los grandes eventos revolucionarios, conocido como Boston Tea Party, cuando su población, guiada por George Washington, protestó contra los impuestos del parlamento inglés, arrojando los cargamentos de té al mar.

Por eso decidí seguir el FreedomTrail, o sendero de la libertad, un recorrido por los sitios históricos de la ciudad, marcado por una línea rojaen el suelo, que comienza en Boston Common,consideradoel parque más antiguo del país. Pasa por la Iglesia de Park Street de 1809, coronada por unaalta aguja blanca; luego, por Charlestown, la zona norte de la ciudad, hacia el monumentoBunker Hill, elgran pilar que recuerda una heroica batalla entre británicos y americanos, detallada en el museo adyacente. En el jardín botánico frontal, se alza George Washington en una estatua de bronce de casi siete metros de altura. Muy cerca, el camino concluye en el barco de guerra, aún activo y a flote, más antiguo del mundo: el USS Constitution.

Recorrí los cuatro kilómetros del sendero, sin prisas. Incluso paré por una gorra de las Medias Rojas y un llavero de Harvard, antes de regresar a Nueva York. Justo se despejaba el cielo, pero el sol no hacía falta; Boston me pareció brillante, más allá de su genialidad porque funde su historia en cada calle, y a su vez, abraza la modernidad con distinción.

Historic Acorn Street in Beacon Hill, Boston; Massachusetts, USA