“En la vieja Rusia, un fabricante de muñecas construyó una realmente hermosa. Tan hermosa que decidió no venderla y la llamó Matrioska…” Extracto del cuento Matrioska, de Dimiter Inkiow.

Quédate viendo sus grandes ojos, sus mejillas chapeadas y su pequeña boca; observa cada minúsculo detalle de su vestido: un moño, una flor o una curva de color. Su delicado rostro de vivos colores comienza a transmitirnos una sensación de gozo y paz.

Es el efecto que provocan las matrioskas, esas muñecas de madera contenidas una dentro de otra, de inconfundible origen ruso. En un pequeño taller de Moscú, un artesano llamado Sergey Malyutin las diseñó y las matizó por primera vez alrededor de 1890. Quedó enamorado de su creación, al igual que nosotros con las réplicas de hoy en día.

matrioska

Estas muñecas nos traen un mensaje de vida y unión, pues se asocian a la fortaleza de una madre y su descendencia. Según la tradición, cuando la mujer de la casa recibe una matrioska, pide un deseo y cuando éste se cumple (sólo entonces) abre la gran muñeca para liberar la que está dentro, y así sucesivamente.

MatrioskaGeneralmente, la última muñeca es un bebé en pañales que se obsequia al hijo que parte de la casa para comenzar una nueva familia. Como vemos, estas singulares muñecas conceden deseos, a la vez que son signo de amor y amistad eterna.

En Rusia y países cercanos como Polonia y Ucrania, se venden desde miniaturas hasta matrioskas de varios metros de altura y en distintos diseños. Pero quizás el mejor lugar del mundo para comprarlas es Semionóv, al este de Moscú, donde se encuentra la mayor fábrica de matrioskas de Rusia; ahí, cientos de artesanos trabajan en estas bellezas siguiendo el ejemplo de Serguéi. Donde sea que se compren, no hay visita completa a Rusia sin una de estas míticas muñecas.