Capitales en algún momento de la historia, ambas son la imagen del país de cúpulas bulbosas, leyendas de zares y un pasado socialista. Aunque rivales entre sí, las dos se complementan y son un placer visitarlas.

Moscú no siempre fue la capital de Rusia; sus antiguos zares —gobernantes absolutos de los principados— vivieron en San Petersburgo durante más de 200 años, cuando Pedro el Grande trasladó ahí la capital en 1703. Curiosamente, no se desligaron por completo de Moscú, pues grandes eventos como las coronaciones del zar y la zarina se llevaban a cabo en la Catedral de la Anunciación, en pleno Kremlin. Ambas ciudades tuvieron su auge en épocas distintas; se dice que San Petersburgo se planeó para ser lo opuesto a Moscú, ¡y se nota! Contrastan en arquitectura, tamaño, e incluso algunos aspectos del idioma. Mientras la primera tomó elementos de Europa occidental, sobre todo parisinos, la segunda mantuvo su aspecto ortodoxo.

Fue hasta 1917 que el poder político regresó a Moscú, después de la revolución bolchevique que derrocó al régimen zarista, e instauró el socialismo. Hoy día, las dos ciudades juegan un papel importante en Rusia y Europa. Aunque compiten en cultura, belleza, y hasta futbol, ambas comparten historia y representan la grandeza de la nación rusa, y por ello tanto una como la otra son imperdibles para el visitante.

MOSCÚ

Es imposible no pensar en la transición que ha tenido Moscú en tan poco tiempo y dejar que la imaginación nos lleve a la época del imperio zarista y de ahí al socialismo; mucho ha cambiado desde 1991; ahora es una de las capitales donde más millonarios viven, la gente se preocupa por vestir bien y la ciudad se ha llenado de exclusivas boutique con ropa de diseñadores, restaurantes, bares y una vida muy diferente a la que Lenin impuso años atrás.

Llegar al Kremlin es la mejor forma de conocer la historia y los misterios que contienen los edificios religiosos y civiles que resguarda su muralla con nueve torres. Es la parte más antigua de la ciudad y desde donde creció Moscú hacia sus alrededores. Pero más allá de su contenido arquitectónico, el Kremlin siempre ha simbolizado el poder de Rusia, desde que Moscú fue la capital y la familia Romanov —la última dinastía— lo convirtió en el corazón de uno de los grandes imperios europeos, antes de trasladarse a San Petersburgo.

Ni siquiera Napoleón pudo resistirse cuando llegó con sus tropas a ocuparlo; después, el gobierno soviético fincó aquí su centro de poder y cerró el acceso a todo visitante. Actualmente las catedrales, palacios y edificios civiles del Kremlin, se pueden visitar pagando entrada, algunos se han convertido en museos y  otros son residencias oficiales del presidente.

Rusia 3

Moscow, Russia. Tourists and citizens walk on Red SquareAtravesando la muralla que rodea al Kremlin, se encuentra la Plaza Roja y la Catedral de San Basilio, seguramente una de las imágenes que tenemos más grabadas de Moscú por sus colores y cúpulas de bulbos; el Museo Nacional de Historia y el elegante edifico de los almacenes GUM, que por increíble que parezca fue construido en el socialismo y ha sido tienda, oficina y hasta sirvió de mausoleo para la esposa de Stanlin;  ahora entrar en él es un lujo: los aparadores de Dior, Cartier y Hermès compiten con la riqueza de su arquitectura.

Frente al GUM y la Plaza Roja, se encuentra el mausoleo del máximo dirigente de  la URSS,  Lenin, custodiado por guardias y  con una larga fila por hacer para ver su cuerpo embalsamado; a la salida se puede ver la tumba de Stalin.

Muy cerca de la Plaza Roja está la estación del metro Plaza de la Revolución, sólo que en Moscú las estaciones son diferentes a las que Lady-of-the-Camellias-4-photo-by-Elena-Fetisovaconocemos; en particular llama la atención su profundidad y lujo, teniendo
en cuenta que se hicieron durante el socialismo. Algunas parecen museos o salones de baile de la época zarista, con mármol, candelabros y esculturas de obreros o soldados según el tema. La historia cuenta que trataban de representar la grandeza de la vida socialista y que también debían servir de resguardo durante las guerras. Actualmente es uno de los metros más concurridos del mundo y la forma más rápida y económica de transportarse en Moscú.

Tomando el metro es como se llega al Teatro Bolshoi, el más antiguo de Moscú y al que hay que ir para deleitarse del esplendor que irradia con sus tapices y candelabros, además de la satisfacción de ver una de las compañías residentes de ópera y  ballet más famosas del mundo, y de saber que Lenin pronunció allí su último discurso.

Una cara cosmopolita y llena de contrastes brinda Moscú, un lugar donde parece que todo puede pasar.

SAN PETERSBURGO

También llamada “la Venecia del Norte”, puentes y canales tejen esta elegante ciudad de palacios color pastel y picos dorados a orillas del río Neva —su importante conexión con Europa occidental. Formada por más de 100 islas, San Petersburgo fue lugar de guerras y revoluciones contra la opresión de los zares durante el siglo 19, y tras la caída de los Romanov, sufrió un bloqueo de las fuerzas nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Por ello, su supervivencia parece casi un milagro; más aún, su modernidad y riqueza actual.

Fue la propia zarina Catalina II quien, a finales del siglo 18, se empeñó en que fuera distinta a Moscú e incluso impuso reglas arquitectónicas; la ciudad sería la “Ventana a Europa”. Basta andar por la avenida principal de Nevsky Prospekt para apreciar las fachadas de diseño italiano y Art Noveau parisino que le caracteriza.

View Winter Palace  in  Saint Petersburg from Neva river.

Ya en la Plaza del Palacio se intensifica la historia, pues ha sido testigo de importantes eventos como el Domingo Sangriento y la Revolución bolchevique. Su extravagante Palacio de Invierno fue hogar de los zares, que lograron manifestar su poder en más de mil salones de inmensas columnas, techos con frescos y 2 mil ventanales. Éste alberga el Hermitage, hoy día uno de los museos más grandes del mundo, y sin duda, un festín de arte, con obras de Monet, Picasso, Matisse y Gauguin; en ocasiones parece que toda la belleza del mundo se encontrara ahí.

ST.PETERSBURG, RUSSIA - AUGUST 1:  Sculptures in Hermitage in August 1, 2012 in St.Petersburg, Russia. State Hermitage was founded in 1764. Now it is largest in Russia and one of largest museums

Muy cerca, se alza la Catedral de St. Isaac’s, que es la tercera más grande del mundo, y se considera la más suntuosa de la ciudad. Y era de esperarse, su cúpula dorada ¡sobrepasa los 100 metros de altura!

En tal recorrido que mira a occidente, la Iglesia de El Salvador sobre la sangre derramada rompe el panorama, al mostrar la influencia de otras grandes iglesias rusas del siglo 16 y 17. Por fuera, es parecida a la Catedral de San Basilio en Moscú, por sus coloridas cúpulas y detalles esculpidos a cada centímetro; por dentro, tiene unos 7 mil metros

Saint Isaac's Cathedral in St. Petersburg. Russiacuadrados de mosaicos. Ahí fue asesinado el zar Alejandro II, llamado El Salvador, y como en muchos recintos de la ciudad, la historia hace que uno sienta una ligera presión en el pecho.

Del otro lado del río, la ciudadela original de lo que hoy es San Petersburgo se descubre en la Fortaleza de Pedro y Pablo, el núcleo histórico. Fue la primera edificación que mandó construir Pedro el Grande sobre una pequeña isla pantanosa, y atesora la catedral más antigua de la ciudad y el panteón con las tumbas de los Romanov.

rusia 2

A través de su arte y arquitectura, es fácil entender porque a San Petersburgo se le conoce como capital de la cultura en Rusia, pues también es cuna mundial del ballet clásico. En el Teatro Marrinsky —un enorme edificio aguamarina de bordes blancos—, han hecho historia obras como  El lago de los cisnes o el Cascanueces de Tchaykovsky. De hecho, a este teatro se le atribuyen los mejores logros de ballet y ópera de Rusia, y actualmente es posible asistir a las presentaciones, que a veces parecen competir con el Bolshoi moscovita.

Muchos genios de la literatura encontraron también su hogar en San Petersburgo y la plasmaron en letras, como Dostoyevski, el gran escritor de la Rusia zarista. Y es que su elegancia es aún más impresionante durante las noches de mayo a julio, cuando el sol no se pone hasta muy entrada la noche y la ciudad se ilumina por una tenue luz natural hasta el amanecer. A este fenómeno se le conoce como Noches Blancas, y es digno de novela.

En ambas ciudades se disfruta del vodka y las sopas calientes, como el shi y el borsh; también, de ensaladas a base de remolacha y papas, y platillos típicos preparados con pollo. La gastronomía rusa es muy calórica, ya que el invierno dura medio año y es muy intenso. En julio y agosto, los meses de más calor, se puede probar el kvas, una popular bebida entre refresco y cerveza.

Así, las tradiciones, la historia y los trenes de alta velocidad acercan a Moscú y San Petersburgo, aunque prevalezca entre ellas una evidente rivalidad.

Grand cascade in Pertergof, Saint-Petersburg, Russia

 Para viajar a Rusia necesitas visa, en nuestros Travel Tips te decimos como obtenerla.