Desplazarse por las fértiles y pintorescas faldas de los Andes, en el noroeste argentino, es un encuentro con el amable espíritu de provincia y un halago para el alma

Si bien las dramáticas puntas nevadas de los Andes centrales es quizás la vista más espectacular que puedes observar por la ventanilla de un avión, en tierra la región es un paisaje de poesía cuando se le mira desde Tucumán, La Rioja y Mendoza, tres provincias que orgullosas conviven con la cordillera.

El recorrido inicia en Tucumán, a donde se llega en vuelo directo desde Buenos Aires; de ahí el camino por tierra, en dirección sur, nos conduce a un viaje por regiones y paisajes de postal.

“El Jardín de la República”

El ambiente tradicional y artístico que alberga el poblado de San Miguel de Tucumán —capital de la provincia de Tucumán— provoca un roce íntimo con su gente, que no se cansa de narrar historias de vida, cultura y tesoros locales. Esta es la tierra de la caña de azúcar y el “Jardín de la República”, donde los espacios de la ciudad se desbordan de flores y pintan de colores el comienzo de la primavera. Sobresale en la capital, el Museo Casa Histórica, justo donde se declaró la independencia de Argentina en 1816. Hoy ofrece al visitante ocho salas que remontan a los procesos políticos de la colonia, el Virreinato y la naciente República.

En cuanto a gastronomía, Tucumán ofrece delicias muy propias de la región: empanadas, humita en chala (pasta de maíz cocida exquisitamente) y cortes de carne, entre otros platillos. Para acompañarlos te recomiendo una aloja (bebida alcohólica de algarroba blanca), mientras disfrutas de la majestuosidad de las montañas frente a ti.

En los valles de la provincia, algunas rutas conducen a tierras ancestrales de riqueza arqueológica que han desafiado el tiempo; entre ellas están las ruinas de Quilmes, un asentamiento indígena del año 800 d. C. y las ruinas de Condorhuasi, refugio de algunos aborígenes tras la caída de los quilmes.

La Rioja de ayer y hoy

Continuamos el recorrido en dirección sur hacia La Rioja y su pequeña capital del mismo nombre. Fundada en 1591 para combatir a los indígenas, la ciudad conserva ilesa su herencia y su hermosura al pie de la sierra de Velasco. En ella, la Iglesia de Santo Domingo destaca como uno de los edificios más antiguos del país, coronado del encanto colonial del centro de la ciudad.

El territorio riojano también ofrece zonas arqueológicas; al centro de la provincia están Las Padercitas, un antiguo monumento del siglo XVI, y los yacimientos mineros de los valles de Famatina.

andina

La Rioja ofrece paisajes de diversidad y contrastes, con valles, montes y ríos que se prestan para el alpinismo y senderismo, como en el dique Los Sauces y el Cerro de la Cruz o bien paseos a viñedos y pintorescos pueblitos de los alrededores. Un poco más lejos, en el corredor de Bermejo, vale la pena visitar la reservanatural de Talampaya, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; se trata de un enorme cañón de colores tierra y caminos entre paredes rocosas, donde los rayos de luz se cuelan entre rincones y encantan la mirada.

De Mendoza para el mundo

Más al sur, en nuestro recorrido, las cumbres nevadas nos guían a la región de Mendoza, “tierra del buen sol y el buen vino” que nos abraza desde el arribo; la insignia Malbec se encontrará por dondequiera. La capital, del mismo nombre, fue fundada en 1561 bajo el poder chileno y ahora se alza orgullosa por haber gestado la liberación nacional; sus plazas y monumentos evocan a la historia, especialmente en la Ciudad Vieja donde se encuentra la Plaza Independencia.

Actualmente, Mendoza es una ciudad vanguardista que despliega opciones atractivas para el visitante. La modernidad cubre las amplias cuadras del Paseo Sarmiento, bañadas por la sombra de las arboledas, acompañadas de algunas bellas parroquias que se asoman en la proximidad. Aquí también se encuentran numerosos cafés, restaurantes y bares para disfrutar del ambiente vanguardista de la cuarta ciudad más poblada de Argentina.

A las afueras de Mendoza, se descubren numerosos spas y parques de aguas termales al borde las montañas; también hay cabañas andinas para hospedarse en medio de un mágico paisaje. Los viñedos se encuentran dispersos en la zona; las bodegas argentinas —Don Bosco, Luigi Bosca y Domaine St. Diego, por mencionar algunas—, junto con otras de origen chileno, español y francés, nos acompañan con cientos de botellas hasta el ocaso del viaje.

Al tomar camino desde Mendoza al límite con Chile, la ruta nacional 7 nos lleva a través de paisajes entre valles y grandes túneles bajo las montañas. Este camino atraviesa el territorio argentino de este a oeste y al adentrarse en los Andes pasa próximo a la gloria del Aconcagua, de casi 7 mil metros de altura.

Y así, con el asombro que provoca una de las cimas más elevadas del planeta, nos dirigimos en dirección al horizonte hasta perdernos en la frontera, llevando con nosotros el acento, el vino y un pedacito del corazón argentino.