Caballeros peleando por el amor de una princesa, historias y leyendas de antiguos reyes y señores feudales que habitaban en grandes castillos amurallados y una torre donde todavía parece que vemos a la doncella esperando a  ser rescatada. Esta es la Alemania medieval, vista desde el río Rín.

Después de un recorrido por el casco antiguo de Coblenza y disfrutar de una copa de vino blanco ( de uva riesling, que se da de maravilla en esta zona), atravesamos en teleférico hacia la otra orilla del río y llegamos a la fortaleza de Ehrenbreitstein, el segundo mayor recinto fortificado y mejor conservado de Europa;  más adelante se encuentra el castillo de Stolzenfels, decorado con muebles y obras de arte de los siglos 16 al 18, una colección de armas en la sala de los caballeros  y con acceso a la torre principal.

El  viaje se puede hacer por carretera, pero elegimos el ferry y seguir el serpenteo del Rin que poco a poco nos va adentrando a paisajes de viñedos y  castillos como el de Marksburg, una típica edificación militar que nos da una idea muy clara de lo que era la vida en aquella época con sólo ver la cocina, el baño y hasta instrumentos de tortura.

Dejando un poco los castillos, una parada en Boppard con sus angostas callecitas y un vino de mucho prestigioso, nos da ánimos para descubrir esta ciudad con casi dos mil años de vida y cultura; las torres de la basílica de San Severo y la iglesia de los Carmelitas reflejan el paso de los romanos, cuando Julio César conquistó estas tierras.

El gato,  el ratón y Loreley

Castillos y leyendas siguen, el Rin nos lleva hasta el de Peterseck, más conocido como Maus (ratón), construido para contrarrestar la amenaza de su vecino, el castillo Katz (gato). Al pie de esta edificación es  donde la corriente del río alcanza su mayor fuerza y en ese tiempo ponía en peligro a las embarcaciones, pero se lo atribuían a la bella Loreley, quien cantaba con voz seductora y los jóvenes perdían el control de los barcos al oírla. Ante la fatalidad que provocaba, Loreley decidió tirarse del acantilado para terminar con tales desgracias.

Bacharach_BW_9Seguía pensando en la bella Loreley, cuando ya nos encontramos con Bacharach,  un pueblo que parece sacado de un cuento y que conserva una muralla con varias torres de entrada. En una caminata por callecitas angostas y casas de fachadas entramadas, llegamos a la iglesia de San Pedro y después a la plaza del mercado.

Mi cuento medieval no puede terminar sin conocer un castillo y con eso quiero decir hospedarme en uno de más de mil años de antigüedad. Por fortuna ahora no se necesita ser una princesa para encontrar habitación en la torre de un castillo –algunos funcionan como hoteles-con una vista fabulosa del Rin y por supuesto, con el príncipe a mi lado.

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BOPPARD am Mittelrhein bei Koblenz