Para vivir mi cuento de Las Mil y Una Noches pongo pie en Teherán, la gran capital iraní de 15 millones de habitantes, lista para el boom turístico que se avecina.

Pleca persa

DESPUÉS DE UN LARGO VUELO, y en busca de mi propio cuento de Las Mil y Una Noches, me encuentro en una gran urbe en medio de un tráfico caótico ꟷparecido al de otras ciudades de Medio Orienteꟷ y muy alejado del paisaje desértico y desolador que había visto en algunas películas. Es Teherán, capital y centro económico y político del país, con una población cercana a los quince millones de habitantes, entre los que conviven diferentes etnias, parte del atractivo iraní.

Teherán, IránPleca persa

Un viento caliente y polvoso me recibe desde que pongo un pie en la calle, y es cuando empiezo a agradecer el hecho de tener que usar una pañoleta en la cabeza, ꟷinútilmente trato de que se quede ahí todo el tiempoꟷ porque me protege en cierta medida del sol y de ese viento caprichoso. Así empiezo mi visita por Teherán, ciudad antigua y moderna a la vez, con gente amable y educada,presta a salir en todas las fotografías que se nos ocurre tomar al grupo de turistas que recién llegamos.

Recordar que Irán es heredero del imperio persa es muy claro, la grandeza se ha preservado en antiguas construcciones que parecen guardar la magia de los tiempos en que los sahs aparecían cargados de joyas y vestidos lujosos, uno de ellos es el Palacio de Golestán, una de las residencias de la dinastía Qajares compuesta por varios edificios y jardines. A medida que los recorres, no puedes evitar suspiros y asombro al ver la opulencia del Trono de Mármol, el salón de recepciones, el salón del diamante y las bóvedas de azulejo cuidadosamente colocados del rincón de Karim jan.

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Viendo mi lucha por mantener la pañoleta en la cabeza, una amigable mujer iraní me ayuda a colocarla a la manera del hyab, a unos metros antes de entrar al Gran Bazar de Teherán, ¡el más grande del mundo!, y podría decir que uno de los más bonitos y auténticos que he conocido porque aún conserva unas bóvedas ornamentadas que son un verdadero tesoro, y se mantiene como un mercado donde se hacen las compras diarias. Especias, comida, oro, ropa, por supuesto que alfombras persas, y mucha, mucha gente, ¡todo está aquí!

iran-855739_1280Pleca persa

Como ya casi agoté mi reserva de rials (moneda iraní) comprando algunos frutos secos y regalos en el bazar, me dirijo a los grandes centros comerciales como el Isfahan City Center y el Palladium Mall, con tiendas de marcas de lujo, restaurantes y un gran patio de comida que tiene mucho éxito ente los mismos locales porque está completamente lleno. La ventaja es que en algunas tiendas sí aceptan tarjetas de crédito, porque debo de decir que no se puede sacar dinero de los cajeros automáticos, ni se aceptan los plásticos en los comercios, salvo algunas (lujosas) excepciones.

Los iraníes son gente amistosa que conviven, pasean y se divierten en los lugares públicos, uno de los preferidos es la plaza donde se encuentra la torre Azadi (libertad), un símbolo de la modernización de Irán, o el Teherán Pars, un barrio un poco lejano del centro de la ciudad, con parques y jardines, así como diferentes tiendas y restaurantes.

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Tomando al metro como principal medio de transporte, los siguientes días los dediqué a visitar el Museo Nacional, la Casa Museo de Moghadam, recorrí más de una vez las calles Panzdah-e- Khordad y Emam Khomeyni para ver más del día a día de la gente.

Estoy por salir a descubrir ciudades como Isfahán, Shiraz, Yazd, Kashan y Qom con sus misteriosas bellezas que hablan de una de las civilizaciones más antiguas del mundo.

¿Qué podría decir de la impresión que me deja Irán? Me queda muy claro que es un lugar para admirar su arte, tratar de entender sus costumbres y ver de forma diferente a un país que simplemente… es diferente.

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