Muy cerca de Florencia, el arte, las tradiciones y el buen vino elevan el nombre y el encanto de esta ciudad italiana de raíces mitológicas, donde la Edad Media dejó su huella  para siempre.

dsc_68411Quizás sea opacada en fama por otras ciudades italianas, pero jamás en belleza. Parece que todo lo que se disfruta en Siena es arte (hasta el vino), al preservar la arquitectura gótica de sus edificios y arraigadas tradiciones que unen a sus habitantes en peculiares barrios. Como una de las ciudades medievales mejor conservadas del país, se rodea de colinas, viñedos y rutas de sabor, y se ilumina por los atardeceres de la región toscana.

La fábula dice que Siena fue fundada por Senius, hijo de Remo, quien era hermano gemelo de Rómulo (fundador de Roma), y justamente el emblema de la ciudad es la muy conocida loba que amamanta a dos niños.

Antes del siglo 13, fue importante parada de antiguos peregrinos en su camino a Roma, y rivalizaba con Florencia, cuando Italia se encontraba dividida entre fieles del Papa y seguidores del emperador romano. Posteriormente prosperaría como ciudad, cuando se construyeron las plazas y edificios que hoy atrapan los sentidos.

PLENO BARRIO DE LA TORRE

Siena Piazza DuomoUna explanada dedicada al mercado hacia el siglo 12, es ahora Piazza di Campo, la plaza central de Siena, cuya pavimentación dividida en nueve fragmentos, alude a los “nueve señores” que gobernaban la ciudad. Está enmarcada en edificios color tierra de pequeñas ventanas, y es siempre vigilada por la Torre de Mangia de punta blanca, como parte del Palazzo Pubblico, desde donde se obtienen panoramas privilegiados.

Una fuente esculpida surge casi al centro de la plaza como un oasis perdido. Aquí, cada verano, este mismo espacio se convierte en la pista de la tradicional carrera de caballos, Palio di Siena, donde se disputa el orgullo de los habitantes desde hace casi 800 años.

A pocas cuadras, surge el Duomo o Catedral de Siena, que a simple vista se parece un tanto a la de Florencia, con sus exquisitos mármoles multicolores. Da más la impresión de haber entrado a un palacio que a un recinto religioso, al apreciar pinturas antiguas en gran dimensión,  de Pisano, Donatelo y Miguel Ángel. Al salir, uno encuentra el complejo de museos Santa Maria della Scala, donde se revela la historia de la Toscana.

CONTRASTE DE TONALIDADES

SIENA, ITALY - October 26, 2014: tourists enjoy Piazza del Campo square in Siena, Italy. The historic centre of Siena has been declared by UNESCO a World Heritage Site.

Diecisiete barrios, a los que se refieren como “contrade” (en singular: contrada), dividen a Siena desde la Edad Media, cuando la ciudad estaba entre murallas. Cada uno conserva su propia iglesia, museo, himno, santo patrono e insignia hasta el día de hoy, casi como si se tratara de un club particular —mucho gracias al Palio di Siena, en que todos compiten.

Resulta muy colorido callejear por los distritos, pues mantienen vivas sus tradiciones y tienen sus propios nombres y símbolos (Jirafa, Torre, Oca, Selva, Tortuga, por ejemplo) representados en banderas, carteles decorativos e incluso grabados en algunas paredes. Y es que los sieneses se identifican fuertemente con el área en que nacieron, y llevan el signo como un estandarte de la historia de la ciudad, y de la propia.

Así, Siena mantiene palpitante su pasado y belleza artística, aún cuando integra perfectamente la modernidad, con marcas de diseñador y reconocidos restaurantes al interior de fachadas antiguas del centro. Es justo en sus calles estrechas, con una típica ensalada panzanella o una pappa al pomodoro, y un vino chianti producido en la región, que uno se deja llevar por los últimos rayos del día y la armonía que emite esta ciudad, para vivir más allá de Florencia, el romance de la Toscana italiana.

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