Una cena inolvidable debe cerrar con el dulce sabor de esta variedad de la región de Burdeos, Francia.

EL PALADAR de inmediato percibe el dulce sabor afrutado del Sauternes, un vino cosechado tardíamente para permitir la concentración de azúcares (tal como se hace con el vino de hielo alemán y canadiense).

Del mismo nombre que el vino con denominación de origen, Sauternes es una región de Francia cuyos días soleados comienzan por una cubierta de niebla provocada en parte por la cercanía al río Ciron, cuyas aguas heladas surgen de manantiales profundos. La combinación de niebla y sol mantiene un ambiente propicio para la adhesión del moho gris o Botrytis a la delgada piel de las uvas semillón, sauvignon blanc y muscadelle, provocando lo que se llama la “podredumbre noble” pues aún cuando evapora toda el agua de la fruta el néctar extraído es comestible y de extraordinaria dulzura, equilibrada acidez y aromas de albaricoques, miel y melocotones. (Curiosamente el mismo moho provoca lo contrario en las fresas).

Si llegado el otoño las uvas no están maduras y sanas, el Botrytis puede arruinar la cosecha. Además, la recolección debe hacerse con sumo cuidado tomando una a una las uvas que hayan sido afectadas por el hongo. Se trata de una producción que data del siglo 17 y que conlleva mucho trabajo y riesgos. Esto se refleja en el precio: desde $300 hasta $9 mil pesos la botella, en México.

Cada bodega mezcla en distintas proporciones las tres variedades de uva utilizadas para el Sauternes, el cual va oscureciéndose con el tiempo.

Puedes disfrutar este vino orgullo de Francia, ligeramente frío, con foie gras, hojaldres de frutas o hasta queso roquefort.