San Petersburgo; una ciudad en donde sus palacios, jardines y calles son una verdadera obra de arte y la elegancia es lo que predomina.

Llegamos a San Petersburgo en tren desde Moscú y de inmediato fuimos al hotel a dejar las maletas para poder empezar a conocer esta hermosa ciudad, característica por sus edificios de color azul pastel.

Iniciamos por la avenida principal, Nevsky Prospekt, una calle sumamente representativa de la ciudad, pues en sus 4 km de largo se puede encontrar una amplia variedad de restaurantes y cafés, además de importantes monumentos como la Plaza Decembristas, el Almirantazgo, el Museo del Hermitage y la Fortaleza de Alejandro.

Empezamos por el Museo del Hermitage, este enorme recinto que está a un lado del Palacio de Invierno, fue mandado construir por la emperatriz Catalina la Grande para colocar la innumerable colección de obras de arte que poseía. En él se pueden encontrar más de 3 millones de piezas que van desde cuadros, joyas, armas hasta piezas arqueológicas de todas partes del mundo.

Cerca del Museo, está la Isla Vasíliveski y para llegar ahí solo se tiene que cruzar un puente de los tantos que atraviesan la ciudad. La isla además de contar con privilegiadas vistas como la que se tiene del Palacio de Invierno, es también una parte muy representativa del centro histórico de San Petersburgo, pues en ella está La Antigua Bolsa de Valores, el primer museo de Rusia “Kunsktkamera”, El Palacio Ménshikov, la Catedral de San Andrés entre otros.

Otra Isla que vale la pena visitar es la Zayachy pues en ella está la Fortaleza de Pedro y Pablo y la Catedral de San Pedro y San Pablo en donde se encuentran las tumbas de los Zares de la dinastía Romanov.

Al día siguiente visitamos el Palacio de Peterhof, también conocido como el pequeño Versalles. Se encuentra aproximadamente a una hora por tierra. Cabe mencionar que no es simplemente un edificio, pues tiene además del Palacio Grande, cinco construcciones más de estilo barroco, 2 inmensos parques que cuentan con 22 fuentes en conjunto y enormes jardines llenos de vegetación y flores exóticas.

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Al llegar nuestros ojos no sabían ni que mirar, si la inmensidad del Palacio Grande o las imponentes fuentes que comienzan a abrir paso hacia los jardines, es todo un deleite visual. Finalmente, después de recorrer todos los rincones de este majestuoso lugar y pensando que nada podía ser más perfecto, frente a nosotros aparece el Mar Báltico. Por el cual puedes regresar a San Petersburgo en un barco que te deja justo a un lado del Museo del Hermitage.

No te puedes perder…

San Petersburgo ofrece una gran variedad gastronómica, pero si lo que desean es tener toda la experiencia de una comida típica rusa como si fueran invitados del Zar, les recomiendo que visiten el Palacio Nikolaevsky. Pues además de tener la oportunidad de admirar los preciosos interiores de este palacio de lujo construido en 1853, ofrece un show de folclore Ruso acompañado de una comida típica de la región de 4 tiempos. Les recomiendo reservar con anticipación para que no se queden fuera de esta gran experiencia.

San Petersburgo sin duda es una de las ciudades más impresionantes que uno puede visitar. Su arquitectura barroca y neo-clásica te transportan por completo a la ciudad Imperial que algún día fue la preferida de los Zares, así que si están pensando en cual puede ser su próximo destino, éste puede ser la mejor opción.

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