Poco a poco, el Monumento a la Revolución en la Ciudad de México ha ido recuperando el interés que algún día despertó cuando se levantó en los años post-revolucionarios. Historia, belleza y una experiencia sensorial que no hay que perderse.

IMG_6728Voy a paso lento disfrutando la Alameda de la Ciudad de México; mi destino es la vecina colonia Tabacalera, hogar del Monumento a la Revolución. Visto desde el Palacio de Bellas Artes, el emblemático edificio se levanta sobre el filo del horizonte con sus dimensiones colosales como un gigante. Es la gloria que soñara el entonces presidente Porfirio Díaz en 1910, cuando colocó la primera piedra de lo que sería el complejo de las Cámaras de Diputados y Senadores, poco antes de los movimientos armados en su contra.

IMG_6720Irónico que esta magna obra planeada bajo su administración haya sido sustituida por un monumento que celebrara el fin de su propio gobierno. ¡Qué se iba a imaginar! Fue en 1933 que se dio el banderazo para su construcción, aprovechando los cimientos que habían sido inicialmente colocados para lo que iba a ser un palacio legislativo de tan grandes proporciones, que habría superado al Capitolio en Washington. Pero bueno, no sucedió y en su lugar se edificó lo que hoy conocemos.

Décadas después, ahí sigue en pie, testigo de la historia del México moderno. Al igual que el Ángel de la Independencia sobre la Avenida Reforma, el Monumento a la Revolución ha sido por muchos años símbolo de la ciudad; solo que a diferencia de la primera, éste se encuentra en una ubicación que fue  perdiendo brillo (especialmente desde el sismo del 85) y por tanto fue disminuyendo presencia. Afortunadamente en años recientes se han efectuado trabajos que hacen la visita por demás interesante.

IMG_6729Llego a la Plaza de la República donde se asienta la edificación; en la explanada se levantan de pronto chorros de agua iluminada a distintos ritmos, un agregado que ha dado mucho realce al espacio. Tanto, que se ha convertido en centro de reunión de muchos defeños; por ejemplo, aquella tarde se encontraban cientos de ciclistas que partirían de ahí en una caravana por la ciudad.

El monumento también es un mausoleo donde descansan los restos de grandes protagonistas de la historia mexicana como Venustiano Carranza, Francisco I. Madero, Lázaro Cárdenas y Francisco Villa. En su sótano se encuentra el Museo Nacional de la Revolución, donde también se puede conocer detalles sobre el propio sitio del monumento. Pero lo que más me parece atractivo es el elevador de cristal, que audazmente fue instalado justo al centro para ascender 57 metros hasta la cúpula, donde se pueden apreciar vistas de la zona centro de la ciudad.

Cuanto más cae la noche, más espectacular se tornan sus paredes bañadas de luz y con las aguas danzantes a sus pies. Una fiesta para los sentidos.

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