Todos hemos perdido algo alguna vez y si han perdido un vuelo o un viaje estarán de acuerdo conmigo de que por un momento, esa situación es un tanto catastrófica.

Mañana fresca, la brisa del mar, desayuno recién hecho y en puerta un viaje a punto de realizarse. ¿Suena perfecto no? Pues claro, no todos los días tienes la oportunidad de tener en la mano unos boletos de tren a Mónaco.

Así transcurría la mañana en Niza. Decidimos salir con tiempo de sobra pues queríamos tomar algún café antes de nuestro viaje. En el ambiente se sentía el ajetreo mañanero que viven los nizardos antes de ir al trabajo, pero en realidad eso era parte del encanto. Decidimos entrar a “Emilie´s Cookies & Coffee Shop” una clásica cafetería francesa, que por cierto les recomiendo muchísimo. Su especialidad, como su nombre lo dicen son las galletas y el café, pero yo decidí ser disruptiva y pedí un“nutella chaud” para sobrellevar el frío que se sentía esa mañana. Cuando llegó lo que pedí, la sorpresa fue que no se trataba del típico chocolate caliente en barra al que uno está acostumbrado en México, si no que más bien parecía que habían vaciado un bote entero de nutella caliente, rebajado sólo con un poquito de leche y servido en una GRAN taza redonda que incluso llevaba una cuchara para poder comerlo. Era simplemente delicioso.

Estábamos mi hermana, mi mamá y yo tan extasiadas con nuestras bebidas que por un momento olvidamos que teníamos que tomar un tren en tan sólo 30 minutos. Cuando vimos la hora, pagamos y nos salimos de inmediato de la cafetería, paramos un taxi para que nos llevará a la estación ferroviaria. Al llegar, corrimos lo más rápido que pudimos, esquivamos personas, maletas, bajamos y subimos escaleras, hasta que por fin llegamos a nuestro anden y vimos el tren a Mónaco… con las puertas cerrándose en nuestra cara.

¡CAOS! Por un momento el pánico nos inundó, pero pronto pudimos entender que a pesar de que sólo íbamos por un día, la mejor opción era seguir con el plan original. Ya estábamos en la estación, listas para ser turistas por un día más, así que nos quitamos de remordimientos y decidimos comprar otros boletos para ese mismo día.

Nuestra sorpresa fue que el siguiente tren salía en 30 minutos pero sólo quedaban boletos de primera clase, ahora eso era parte del plan y los tomamos. Finalmente el error ya se había cometido y lo peor que uno puede hacer en estos casos es lamentarse y pensar en el hubiera. ¿Qué haces cuando cometes un error? Tratar de remediarlo de la mejor forma posible y ¿qué fue lo que hicimos? Lo solucionamos de una manera óptima.

¿Quieres saber que hicimos en Mónaco? ¡Espera el siguiente artículo!