En realidad nadie está preparado para tanta belleza en una sola ciudad. No por nada se dice que ser parisino no es haber nacido en París, sino haber renacido en él.

CREO QUE DEBERÍA INVENTARSE una palabra para quienes tenemos filia por la capital francesa y temo no ser el único en padecerla. ¿Y cómo no? Si algo le sobra a la Ciudad Luz es ese savoir vivre que hace que millones de turistas la visiten una y otra vez; el destino soñado de todo aquel que pone pie fuera de casa, maleta en mano.

Ni el más crudo invierno ni el verano más caluroso disminuyen el interés por la capital francesa, que cuatro veces al año cambia de piel y sorprende con sus monumentos, los jardines de hermoso verdor y palaciegos edificios.

Desde siglos atrás, la arquitectura urbana de París ha sido cuidadosamente trazada, de manera que hoy es evidente la armonía y el buen gusto. El ejemplo más notorio es la prohibición de construir edificios que rebasen la altura de la Torre Eiffel (324 metros). Esta fotografía la tomé desde el observatorio de la Torre Montparnasse, uno de los edificios más altos con 210 metros.

Los parisinos no temen en admitir que su pasatiempo favorito es observar a los demás; admirar la vida pasar delante de sus ojos, sea desde un bistró o brasserie, o el balcón de su propio hogar.

Preciosa vista desde el Hotel Raspail. Sobresale la torre Montparnasse en primer plano y la Torre Eiffel al fondo, en un paisaje urbano típico de la Ciudad Luz.

Todo empieza por Champs-Élysées
Para los parisinos, el boulevard más famoso del mundo es su mejor escaparate; ningún visitante quiere perderse sus vallas arboladas que han sido musa de inspiración para otras ciudades, como México y su Paseo de la Reforma.

Es el célebre camino entre el Arco del Triunfo y la Plaza de la Concordia, el primero en ocasión de la victoria de Napoleón Bonaparte sobre el imperio ruso-austriáco, y el segundo, testigo de las batallas de la Revolución, donde mil franceses vieron la guillotina y que años después albergaría el obelisco egipcio del templo de Ramsés III, como obsequio a Francia en el siglo 19.

En el Arco del Triunfo, una llama arde desde 1921 en honor al soldado desconocido. Subí las escaleras para apreciar las 12 avenidas que ahí convergen. Se me fue el aliento al admirar desde la Vía Triunfal o Eje Histórico que inicia con el célebre Museo del Louvre, continúa por Campos Elíseos y culmina a 15 kilómetros de distancia en La Défense, el centro financiero de París, reconocido por su moderno Gran Arco (una versión contemporánea del propio Arco del Triunfo).

Vista desde lo alto del Arco del Triunfo, de 50 metros de altura. Se aprecia dos de las doce avenidas que convergen en este colosal monumento; de frente Campos Elíseos. Para llegar a lo alto del Arco se deben subir 285 escalones, ¡pero bien vale la pena el esfuerzo!

Arte y cultura
Semillero de ideas y talento, París tiene eco mundial en todas las disciplinas del quehacer humano, incluyendo las humanidades y las artes. De los más de 150 museos de la ciudad, el Louvre es el más visitado de París y de todo el mundo con 8 millones de personas al año. Desde el siglo 18, el palacio abrió sus puertas exhibiendo la colección de la monarquía, a la que se han sumado trabajos de incalculable valor como la famosa Mona Lisa del italiano Leonardo Da Vinci y la Venus de Milo, de la antigua Grecia.

Aunque en su momento, la pirámide generó fuertes debates sobre su estética, hoy no podríamos imaginarnos el gran Museo del Louvre sin este icono inaugurado en 1989.

En los años ochenta, el museo fue modernizado, con una nueva entrada en forma de pirámide de cristal. En este paraíso del arte se necesitan días enteros para recorrer kilómetros de salas cuyo acervo es uno de los más importantes el mundo.

Al Louvre se suman otros dos espacios de no perderse: la antigua estación de tren convertida en el Museo de Orsay, con pinturas impresionistas del siglo 19, y el Centro Georges Pompidou, con su espectacular edificio de hierro y cristal en el barrio de Les Halles, que alberga una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes del mundo.

Lo que antes fuera una estación de tren abandonada se ha convertido en uno de los museos más importantes del mundo: el Museo d’Orsay (1986). Es la catedral del arte impresionista; ¡nada como tener frente a ti las pinturas que tanto has visto en libros y revistas!

El Centro Georges Pompidou rompe con todo esquema que nadie imaginaría que fue inaugurado desde los setenta. Su sola arquitectura de vanguardia merece una visita; especialmente esas escaleras eléctricas que te llevan en ascenso hasta el último piso, donde por cierto, puedes disfrutar de una bebida y admirar una vista distinta de París.

Monumentos imperdibles
Un lugar de sobrecogedora belleza es la Catedral de Notre Dame de París, terminada en 1245, en la Isla de la Cité, en medio del río Sena. Es una de las iglesias mas representativas del arte gótico, lugar de la coronación de Napoleón Bonaparte y beatificación de Juana de Arco, entre otros grandes acontecimientos de la historia de Francia.
Igualmente hermosa es la Basílica de Saint-Denis, cuya arquitectura gótica alberga sepulturas de la monarquía francesa, incluyendo a Luis XVI y Maria Antonieta.

Aún cuando las filas para entrar a la Catedral de Notre-Dame puedan parecer intimidantes, en realidad son rápidas. Y es que una vez adentro, su interior es tan grandioso que no puede uno sino asombrarse. Fácilmente necesitas una hora como mínimo para apreciar todos sus detalles.

Los restos de otros hombres ilustres de Francia descansen el Panteón, un monumental edificio neoclásico que guarda los restos de grandes figuras como los escritores Victor Hugo y Rosseau. La del propio Napoleón se encuentra en el Palacio Nacional de los Inválidos, otra joya arquitectónica del siglo 17 que actualmente alberga varios museos, entre ellos el de Historia Contemporánea.

Francia sabe honrar a sus hombres ilustres, y para muestra está el Panteón, el hermoso edificio que alberga personalidades cuyos aportes alcanzaron a todo el mundo. Este espacio es de gran valor arquitectónico tanto por dentro como por fuera. 

Savoir vivre
En funicular de dos minutos o 197 escalones, la decisión es tuya para subir al barrio de Montmartre y admirar el atardecer entre cientos de turistas sentados en las escalinatas de la Basílica del Sagrado Corazón, terminada en 1923.

Uno de los muchos rituales de los turistas en París es aguardar al atardecer en las escalinatas de Montmatre, donde literalmente cientos de visitantes se quedan admirando la llegada de la noche. Si bien no es la mejor vista de la ciudad, si es el mejor ambiente para ver caer el sol y admirar cómo se enciende la Ciudad Luz.

El barrio es famoso por haber sido refugio de bohemios y artistas como Monet, Dalí, Picasso, van Gogh, Renoir y Degas, además de haber sido locación de películas como La vida en Rosa y Amélie. La Plaza de Tertre es famosa por estar poblada de pintores que a diario exponen su trabajo y por los restaurantes de gastronomía francesa que deleitan el paladar de cualquier visitante. Jamás olvidaré la deliciosa sopa de cebolla que ahí probé.
Otro buen lugar para comer o cenar es el Barrio Latino, llamado así por los estudiantes del medioevo que ahí vivían y que empleaban el latín para comunicarse. Actualmente es un favorito de la vida nocturna de París.

La Torre Eiffel
Ninguna fotografía hace justicia a esta obra de principios de siglo 20, que en sus primeras cuatro décadas fue la estructura más alta del mundo. Hay que admirarla en persona para apreciar el complejo trabajo de herrería y la elegancia de la obra de Gustave Eiffel.

Aunque uno haya visto miles de veces la Torre Eiffel en películas, fotografías, playeras y videos, no es lo mismo que apreciarla de cerca. Su complejo trabajo de herrería, de fines del siglo 19, son una obra maestra de ingeniería y estética. Subas o no, apreciarla en persona es una experiencia que sí vale la pena.

La torre se eleva 324 metros con tres pisos de observación, desde los cuales se tiene vistas incomparables de París (la mejor de ellas, para mi gusto, en el segundo), tanto de día como de noche.

Curiosamente no fue hasta los años sesenta que comenzó a considerarse una atracción turística y hoy es el monumento más visitado del mundo. Justo este año se espera que alcance los 300 millones de visitantes desde su apertura.

 

Isla de la Cité
Quienes tienen la fortuna de vivir en la Isla de la Cité disfrutan de una de las zonas más privilegiadas de la ciudad, rodeados de edificios históricos y espacios como el mercado de las flores en la plaza Louis Lépine. Esta isla natural sobre el río Sena se convirtió durante la Edad Media en el centro político, cultural y espiritual de Francia.

Además de Notre Dame de Paris, otra iglesia en este barrio es la de Sainte Chapelle cuya arquitectura gótica del siglo 13 destaca por sus 15 vidrieras de 15 metros de altura, que cuentan 1,113 escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento.

Ciudad de jardines
Parte del encanto de París se debe a sus coquetos parques por toda la ciudad, incluyendo amplias áreas verdes como el Campo de Marte o el Jardín de las Tullerías, Personalmente me encantan los Jardines de Luxemburgo y su palacio, construido por órdenes de la reina María de Médicis. Actualmente el palacio es la sede del senado de Francia y sus espacios verdes, escoltados por frondosos castaños, gozan de popularidad entre los propios parisinos.

El Jardín de Tullerías invita a caminar entre hermosas estatuas a manera de antesala al famoso Museo del Louvre.

Los hermosos Jardines de Luxemburgo incluyen amplias áreas verdes, que cambian de color según la estación del año. Entre estatuas, un estanque de agua y veredas, se encuentra la señorial sede del Senado de Francia.

Compras y diversión en la Ciudad Luz
Siempre es grato navegar sobre el Sena en cuyas aguas se reflejan los destellos de los monumentos y la luz que surge desde la Torre Eiffel. Al abrigo de la luna, puedes disfrutar entre velas de una cena de tres tiempos, acompañado de una copa de champaña y buen vino francés. Nada mal.

Otra experiencia inolvidable para cenar son los cabarets, que se mantienen más vigentes que en cualquier otra parte del mundo. El Moulin Rouge, cuna del can-can ofrece cada noche el espectáculo Féerie, ¡en cartelera desde 1999! No menos importante es el Lido de París en pleno Campos Elíseos, donde también puedes disfrutar de uno de los mejores espectáculos nocturnos de plumas y lentejuelas del mundo.

En moda y diseño Paris no necesita presentación; muchas de las grandes firmas se encuentran en Avenida Montaigne, Rue Royale y Rue Saint-Honoré. También están los grandes almacenes de lujo Galeries Lafayette, Printemps, Bon Marché y BHV Marais. Yo lo que más disfruto es internarme en cualquier calle y dejarme sorprender con alguna de las miles de boutiques con artículos únicos y encantadores.

Bon Marché representa el poderío de la moda francesa y es de las pocas tiendas departamentales que podría afirmarse que realmente venden lo que se ve en pasarela. También es famosa por su sección de alimentos, un verdadero supermercado gourmet.

A final de cuentas solo hay que abrir el corazón; París se encarga del resto.

Fotografías: Armando Dájer
Agradecemos el apoyo de A Tout France para la realización de este artículo. http://www.atout-france.fr/
Video: Rendez-Vous en France /Ayuntamiento de París