Entrevista a Héctor Dessavre: Para el hermano marista de origen tapatío, no hay nada como caminar Nueva York para descubrir la diversidad de expresiones y culturas de esta urbe en la que reside actualmente.

2015-05-13 11.20.14Aunque Héctor Dessavre reconoce el encanto de íconos como la Quinta Avenida o el Empire State, lo que más disfruta de vivir en Nueva York es sentir la energía y descubrir los diversos rostros que componen la ciudad. Como hermano marista, Héctor ha sido director de escuelas, formador de jóvenes y estimado amigo de varias generaciones de alumnos en México, y desde hace un año trabaja en proyectos de apoyo a migrantes latinos en Manhattan. Desde su departamento en East Harlem, al noreste de Central Park, me concede una amena video entrevista cargada de energía e impresiones personales de esta gran ciudad.

A tu parecer, ¿qué es lo más atractivo de NY?

La diversidad y la riqueza cultural que existe en la ciudad es asombrosa. Sus habitantes provienen de todo el mundo y conforman el rostro cosmopolita de Nueva York. Y es que un poco más al norte de Central Park se aprecia un cambio radical en el aspecto de las calles y el ambiente de barrios como Harlem, el barrio negro, o East Harlem, el barrio latino, que también son parte de la Gran Manzana. Ahora bien, hay muchísima arquitectura, uno puede pasar días solamente observando edificios. Hay mucho arte, en museos como el Guggenheim o el MOMA; y teatro, no paran las presentaciones en Broadway. También recomiendo visitar The Rosevelt Island por el teleférico y contemplar Manhattan, porque desde ahí la vista es inolvidable.

¿Qué cambios ha tenido a través del tiempo?

Es una ciudad en constante cambio, siempre te topas con nuevas construcciones. Considero que el cambio más fuerte es el de las torres gemelas, porque eran parte de la esencia de la ciudad. Y por supuesto, la seguridad aumentó en torno a este suceso. La Zona Cero donde se encontraban las torres resulta un lugar muy interesante, más ahora con la reciente construcción de la “Torre de la Libertad”, de más de 380 metros de altura.

¿Qué aspectos consideras que caracterizan al neoyorkino?

Creo que mantienen un especial cuidado de las reglas, es decir, se distinguen por su cumplimiento. A ciertos niveles sociales, la etiqueta y las normas de urbanidad son importantes, como llegar puntualmente a una reunión. Claro que en las calles observo una gran libertad de expresión, la gente se desenvuelve y viste como quiere. Al mismo tiempo, a veces las personas parecen ensimismadas y no hay contacto visual entre ellas cuando pasan de lado.

¿Cómo disfrutas la Gran Manzana en tus tiempos libres?

Camino la ciudad, sus parques, sus rincones. Me siento en las zonas de lunch sólo para ver a la gente, pues Nueva York desprende una inexplicable energía. Me encanta pasear por Central Park, por sus laberintos, lagos y enormes jardines; me encuentro con teatro al aire libre, con su zoológico y su museo. Creo que ahí te topas con aspectos típicos de la vida americana, y con vistas a edificios de gran arquitectura.

También, exploro barrios como Village Green, Soho o Chelsea. Cruzo el puente de Brooklyn, con esa vista fenomenal de los rascacielos, paseo al borde del agua por el Brookly Bridge Park, o me siento en Union Square, donde se ven expresiones (¿manifestaciones?) distintas, desde hare krishnas (devotos hinduistas) cantando hasta jóvenes realizando trucos en patineta.

Para observar Manhattan desde las alturas, me gusta la terraza de Rockefeller Center, conocida como Top of the World; no será la más alta, pero me resulta la más bonita porque un lado mira directamente Central Park, y el otro lado, a todos los edificios de Manhattan.

¿Cuál es tu estación del año favorita, y por qué?

Verano, cuando puedes tomar el sol, caminar, andar con ropa ligera, mojarte en alguna fuente y visitar todo con más libertad. Aunque no descarto que el invierno neoyorkino es hermoso; en una ocasión me tocó cruzar el Central Park a menos 23 grados, ¡todo un espectáculo nevado!

Después de un año viviendo en una ciudad tan energética, como tú mismo la describes, ¿cuáles han sido tus mejores experiencias?

¡Numerosas! Una fue en verano, cuando asistí a una exposición de arte joven que organiza el MOMA en Brooklyn. Presencié un ambiente impresionante, con música en vivo y decoración. Además, claro, las obras que ahí se ven son muy creativas.

Otra es algo que rescato todo el tiempo: la bondad de la gente. En esta ciudad hay un sentido de humanidad interesante, personas que ayudan a subir maletas o carriolas al metro, que te brindan un asiento o se detienen para ofrecerte indicaciones. Aquí viven personas que están dispuestas a darte una mano y a procurar el bien de todos con pequeños detalles.

¿Qué recomendarías a un amigo en su viaje a Nueva York?

Que pregunte a la gente que vive ahí sobre sus lugares preferidos. O que tome un mapa y, así nomás, comience a caminar. Es difícil perderse pues las calles están ordenadas mediante números, casi a perfección, y así se topará con lugares fuera del ojo turístico, y conocerá la ciudad desde ángulos distintos.

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