Nueva Inglaterra en esta temporada es una invitación a la poesía y la contemplación ante frondosos paisajes ocre, de los más bellos del mundo.

EL OTOÑO TIENE un lugar especial en mi corazón porque aunque sea el ocaso del siempre alegre verano encuentro hermosura en la melancolía que surge de los árboles ataviados de ocre, una poesía a lo que fue, un fado de la naturaleza.

Mutando sus colores, los álamos, arces, robles, sauces, nogales y castaños alfombran las colinas de Nueva Inglaterra, en el Estados Unidos profundo, aquel cercano al campo y la vida menos complicada de otros tiempos.
Para vivir este momento de apenas dura un par de semanas hay que tomar camino, que el camino mismo es el atractivo del viaje. Los estados a explorar son Maine, New Hampshire, Vermont, Rhode Island, Connecticut y mi punto de partida: Massachusetts.

CUÁNDO IR

ESTA ES UNA DECISIÓN importante porque de lo contrario puedes llegar demasiado pronto o demasiado tarde. Todo depende de la parte de Nueva Inglaterra que quieras visitar porque el cambio del follaje generalmente comienza en el noroeste (Vermont y partes de New Hampshire) hacia fines de septiembre y de ahí “avanza” en dirección sureste hasta alcanzar Massachusetts, Conneticut y Rhode Island a finales de octubre.

Por eso, puede ser un error llegar a Montpelier, en Vermont, una vez transcurrido octubre pues los árboles para entonces ya no tienen hojas, o bien, llegar a Providence, en Rhode Island, en la primera quincena de septiembre cuando todo aún predomina el verde . Entendido este punto, demos inicio a este hermoso viaje.

EN SUS MARCAS…

EL LUGAR MÁS PRÁCTICO para iniciar el recorrido desde nuestro país es Boston, porque puedes volar directo desde Ciudad de México por Aeroméxico. Si bien la capital de Massachusetts es de las más caras de la Unión Americana, vale la pena incluirla pues se trata de la ciudad más grande de la región, donde tienes la combinación de paisaje urbano con el espectáculo otoñal, el mismo que admiran estudiantes de la Universidad de Harvard y del MIT justo del otro lado del río Charles.

El atractivo de otoño se concentra en dos céntricos parques: el Boston Common y su vecino el Public Garden. Ambos me recuerdan mucho a los parques ingleses con la naturalidad de su arquitectura de paisaje, en perfecta armonía con los lagos artificiales del lugar. El otoño también se aprecia a los costados del río Charles; sin prisa, sentado en una banca o desde un crucero, admirando el agua, la silueta de los edificios al fondo y los árboles en proceso de mutación.

De Boston hay que dirigirse al oeste por el Mohawk Trail que garantiza vistas inolvidables. Este camino era el que usaban los antiguos pobladores de América para intercambiar mercancías y que hoy es la ruta 2 y 2A que corre por Massachusetts en dirección este-oeste. A lo largo del camino hay miradores para detenerse y admirar los majestuosos árboles arropados de naranja, amarillo y rojo. Desde esta ruta se llega a Mount Greylock, el punto más alto del estado (1,063 m) desde donde puedes admirar la marea otoñal y el Natural Bridge State Park que alberga la maravilla natural de un arco de mármol blanco, único en Norteamérica.

Continuo al volante hacia New Hampshire, su faja montañosa y en particular el pico más alto del noereste de Estados Unidos: el Mount Washington (1,916 m). Una experiencia única es subirlo en el tren de vapor de 1868, llegar a la cima y, de tener suerte, admirar el Atlántico a la vez que Canadá.

De menor altura es Mount Monadnock (965 m) al sur de New Hampshire; al tratarse de una montaña aislada permite vistas hermosas y de fácil acceso, siendo ésta una de las más escaladas del mundo (puedes subirla por tu propio pie en cuatro horas). El premio es muy tentador ya que en lo alto hay días que se puede apreciar hasta seis estados de la Unión Americana.

Entre Monadnock y Mount Washington se encuentra el lago Winnipesaukee, un refugio de los neoyorkinos y bostonianos cuando huyen del calor del verano. En sus aguas tranquilas se reflejan los edificios de pintorescos pueblos que surgen entre el follaje otoñal y que puedes disfrutar desde una embarcación, con recorridos que ofrecen bebidas y alimentos.

 BACK TO BASICS

Algo que disfruto mucho de Nueva Inglaterra es el ambiente campirano cuyo tiempo pareciera haberse detenido. En el camino saltan a la vista los tractores, los animales de pastoreo y las granjas que ofrecen su cosecha más reciente.
Desde septiembre, los campos de calabazas comienzan a cubrir el paisaje en prácticamente toda la región. Son calabazas que no tardan en convertirse en deliciosos pays o decorar millones de hogares en Halloween.

Para mi es muy divertido entrar a Bishop’s Orchards Farm Market & Winery, en Guildford, Conneticut, y escoger mi propia calabaza, además de otros productos de la cosecha anual. Algunas son tan antiguas como Lyman Ochards, en Middlefield, Connecticut, con 275 años; ahí también puedes escoger tus calabazas en el campo.

Además hay granjas que producen sidra pues la región también es idónea para las manzanas. De hecho, la marca Apple se inspiró en la variedad de manzana McIntosh para llamar así a un modelo de sus computadoras (solo que le agregaron una “a” a su MacIntosh para evitar líos legales con los agricultores de Nueva Inglaterra y Canadá). Si bien es una variedad popular, ten en cuenta que existe una treintena de distintos tipos de manzanas que puedes recolectar tú mismo o disfrutar bebiéndolas en sidra.

La experiencia de otoño también incluye las áreas costeras y en particular la isla de Martha’s Vineyard, refugio de famosos y locación de la película Tiburón (1974) de Steven Spielberg. Partiendo de la península de Cape Cod, conocida por sus playas y balnearios, puedes tomar un ferry que en menos de una hora te traslada a esta parte de Massachusetts con sabor propio. Aquí, por cierto, descansó varias veces la familia Obama durante la presidencia.

RINCONES DESCONOCIDOS

Quienes buscan total tranquilidad, les recomiendo el estado de Maine, ubicado en el extremo noreste de Estados Unidos. En sus vastas carreteras difícilmente te encuentras con otros conductores. Puedes iniciar tu travesía desde Portland, la ciudad más grande del estado, y manejar entre hermosos bosques y lagos admirando los alces de enormes cuernos. De hecho, se recomienda manejar con cuidado para evitar accidentes con alguno de ellos. Un lugar para observarlos es la región de Moosehead Lake (a 3 horas de Portland). Existen tours especializados que te llevan hasta las zonas donde se encuentran, ya sea en expediciones por horas o por día.

Otro rincón tranquilo es el pequeño poblado de Litchfield, Conneticut, de apenas 9 mil habitantes. Su fisonomía es la imagen viva de todo un pueblo clásico de Nueva Inglaterra, con sus casas históricas, restaurantes con personalidad propia y avenidas y parques con espacios verdes bien cuidados y que, por supuesto, en otoño cambian de color. En sus alrededores puedes conocer uno de los famosos puentes cubiertos de madera (1842) llamado Bull’s Bridge, por donde se dice que pasó George Washington.

Ahora imagina todo el color del otoño desde el aire, viajando por un globo aerostático, en recorridos de dos o más horas. Es mágica esa sensación de deslizarse silenciosamente en el cielo mientras admiras uno de los paisajes otoñales más hermosos de Estados Unidos.

CRUCEROS “FOLIAGE”

Varias navieras ofrecen itinerarios entre Nueva Inglaterra y Canadá, con escalas muy atractivas que permiten disfrutar de la historia colonial, la orografía de la costa y los pintorescos pueblitos a lo largo del recorrido. Estos viajes se ofrecen durante el verano y parte del otoño, hasta octubre, tiempo en el que ya se aprecian los colores de la temporada.

Boston y Newport son ideales para conocer el pasado de los Estados Unidos, Bar Harbor asombra con sus acantilados, en tanto que Halifax y Saint John adentran a uno en el Canadá rural. De hecho, son varias las escalas donde es posible visitar los numerosos parques de la región.

También está la oportunidad de admirar las ballenas y disfrutar de paseos en lancha por sitios costeros como la Bahía Fundy, entre Nova Scotia y New Brunswick.

TOMAR EN CUENTA

Como Nueva Inglaterra es uno de los mejores lugares del mundo para admirar el otoño, la demanda de servicios en esta temporada es alta. No te recomiendo dejar al último la planeación y las reservaciones porque muchos alojamientos tienen capacidad limitada y requieren una estadía mínima de dos o tres días. Por ello, lo ideal es viajar con un paquete de agencia de viajes que respalde tu itinerario.

También ten en cuenta que los fines de semana de esta temporada muchos estadounidenses visitan Nueva Inglaterra. Si manejas en esos días, evita los caminos principales y adéntrate en zonas frondosas y de escasa población, como el noreste de Vermont o los Great North Woods de New Hampshire. Con 93 parques en la región seguramente encontrarás tu espacio.

Por último, no olvides que es difícil predecir las condiciones del follaje, pues el patrón de cambio nunca es igual. Afortunadamente la transición es gradual y lo que no ves en una región lo puedes ver en otra. Una vez rodeado del esplendor de otoño estoy segura que te sentirás enamorado de este momento único del año en el rincón del planeta que suspira por el verano y que a la vez que engalana con su belleza.