Aqui, la reina Victoria vacacionó, Hitchcock filmó y Matisse decidió vivir. ¿Qué tiene la joya de la Riviera Francesa que a tantos enamoró?

HACE DOS SIGLOS, la reina Victoria paseaba en Niza admirando los Alpes y el azul profundo del Mediterráneo. Desde entonces, “La Bella”, como le llaman a la ciudad , ha sido favorita de celebridades tan diferentes como Pablo Picasso, Michael Jackson, Frank Sinatra y Catherine Deneuve. A ellos se suman millonarios que se dan el lujo de tener aquí yates y mansiones.

Los primeros turistas fueron ingleses y para ellos se construyó el malecón de 7 kilómetros a lo largo de la Bahía de los Ángeles; de ahí que se le llame Promenade des Anglais (Paseo de los Ingleses).

Niza es la quinta ciudad francesa en tamaño, con el aeropuerto de mayor tráfico después de París. Es un súper destino de la Riviera Francesa, que atrae a europeos que se pagan algo más que las Islas Canarias.

El glamour es compartido porque la Cote d’Azur (o Costa Azul) incluye a Cannes, Saint-Tropez, Mónaco y su Montecarlo; ciudades que evocan lujo y de las que Niza es la joya. ¿Por qué? Basta subir la Colina del Castillo y admirar la majestuosidad del paisaje nizardo.

Esta colina, a un costado del casco viejo, fue ciudadela para defensa de muchos ataques desde el mar. Ascendiendo se aprecian grandes mansiones con una vista privilegiada de la bahía, la ciudad y las montañas. Afortunadamente cualquiera puede admirar este paisaje subiendo a pie o a bordo del autobús hop on & off o en trenecito turístico. Seas chino o sueco, todos se tienen que tomar la selfie desde los miradores (de hecho, desde ahí tomé la fotografía de portada para esta edición).

De regreso al malecón, el ambiente es festivo con paseantes tomando un helado o una bebida, corriendo o andando en bicicleta, pero lo típico es admirar el Mediterráneo sentado en alguna de las sillas azules o tomar el sol en la playa de piedrecillas redondas, tendido sobre gruesos tapetes. El clima, aunque no asciende a las temperaturas de nuestro querido Cancún, resulta una bendición para quienes vienen del frío. Como mexicano, para mí el encanto está en la ciudad pues es más que un complejo turístico.

Qué ver
Niza tiene su propia Ópera, museos de importancia mundial (entre ellos el del pintor Matisse que se enamoró perdidamente de La Bella), actividades culturales todo el año, incluyendo por supuesto, el Festival de Jazz en verano y el carnaval más importante de Europa en invierno.

Fue parte del reino de Savoy, que incluía la isla de Sardinia y el noroeste de Italia. De ahí que la arquitectura y el ambiente tienen un toque francoitaliano, estando apenas a 30 kilómetros de la frontera, no muy lejos de San Remo. Así que no me sorprendió la cantidad de restaurantes que ofrecen pizza o lasaña, ni el número de personas que hablan italiano en las calles. Por cierto que también existe el nizardo, una lengua que hoy día pocos dominan.

 

Para descubrir
Es muy grato caminar por el casco antiguo, partiendo de la Plaza Massena y su gran estatua de Apolo, perdiéndose entre calles angostas, cafeterías y boutiques de artesanías o negocios centenarios como la Maison Auer, dedicada al arte del chocolate desde 1820.

Dependiendo de la zona, la arquitectura puedes ser barroca, neoclásica o belle époque. Lo que más disfruté fue caminar por los barrios de edificios que me recordaron mucho a Italia: todos tan próximos entre sí que los vecinos podrían conversar desde sus ventanas. Hasta había ropa tendida al sol en las fachadas.

Seguí a pie descubriendo tesoros antiguos, como la Catedral Ortodoxa de San Nicolás, la más grande de Europa Occidental, mandada a construir por el Zar Nicolás II. También descubrí joyas modernas como la Biblioteca Central de Niza que simula una cabeza cuadrada, diseñada por el artista Sascha Sosno, en la zona conocida como el Corredor del Arte.

Por la tarde no me quería perder el mercado de Cours Saleya, cerca del Palacio de Justicia. En el se aprecian a floricultores ofreciendo geranios y malvas, pescadores vendiendo ostras (que tanto gustan en Francia) y horticultores presumiendo sus berenjenas, las consentidas de muchas recetas mediterráneas.

En cuanto a gastronomía, la reina es la socca, una crepa nizarda a base de harina de garbanzos y pimienta negra, que puedes probar en muchas partes de la ciudad.

Para comer te recomiendo en la ciudad vieja la “cocina glamour” en Le Grand Balcon, de ambiente íntimo y relajado, y para cenar prueba los mariscos frescos de Le Koudou, en el Paseo de los Ingleses. Luego puedes explorar bares, clubs y casinos que mantienen a Niza tan despierta de noche como de día.

Se trata de disfrutar la vida, recuperar energías y regresar a casa de buen ánimo, aunque como Matisse, uno quisiera quedarse aquí para siempre.

Fotografías: Armando Dájer
Agradecimientos: A Tout France / Office du Tourisme et des Congres Nice Cote d’Azur