Burbujas de champaña en delicadas copas, un gran salón decorado a la Belle Époque de rojo encendido y espectadores de todo el mundo. Es la tercera llamada: las famosas Doriss girls salen a escena. ¡París está de fiesta!

BIENVENIDOS al cabaret más famoso del mundo; del que Las Vegas se inspira, la meca del dificilísimo cancán y el tema de pinturas postimpresionsistas de Toulouse-Lautrec, como en este maravilloso cuadro que refleja las épicas veladas en el Moulin de fines del siglo 19.

Henri Toulouse-Lautrec padecía una enfermedad que no le permitió desarrollar sus extremidades. Su consuelo eran las cafeterías y los lugares de diversión de la zona de Montmartre; entre ellos el Moulin Rouge, al que asistía todas las noches. No tardó en dejar en lienzo esas veladas que hoy dan testimonio de la importancia que tenía “el templo del ocio” hacia finales del siglo 19. 

El Moulin Rouge nace en 1889 (¡21 años antes de la Revolución Mexicana) y desde entonces se mantiene fiel al ánimo de festejar la vida con música, baile y buena gastronomía. Así, desde afuera el gran molino sobre su fachada, mantiene sus aspas iluminando las noches los 365 días del año. Desde que vas llegando al barrio de Pigalle, la emoción de saberte a punto de vivir una velada ahí enciende los ánimos aunque la noche es fría.

El Moulin Rouge es el diamante de Pigalle, situado bajo la colina de Montmatre. Si bien es una zona de negocios dedicados al erotismo, se puede decir que es relativamente segura y muy visitada por turistas, especialmente de noche, cuando las luces de neón invaden las calles.

Sobre el Boulevard de Clichy el bullicio es inevitable; cualquier día parece fin de semana, con sus mareas de turistas y aventureros de la noche. Justo frente al Moulin es obligado detenerte a tomar fotografías con la marquesina de fondo y su famoso molino, aún y cuando no vayas a entrar al show porque ¡no todos los días se está frente a un espacio sagrado de París y toda Francia! En él se anuncia con grandes letras la revista actual Féerie (la décima), en escena desde diciembre de 1999 -curiosamente todos sus títulos empiezan con F para lograr la suerte de la revista Frou-Frou presentada entre 1963 y 1965.

Se puede advertir el cuidado que ha tenido el Moulin de mantener la tradición viva, con sus anuncios lumínicos y sus decorados que aluden al espectáculo de más de un siglo de tradición. Y aunque hay taquilla para venta de boletos, es recomendable comprarlos con anticipación porque fácilmente se agotan: ten en cuenta que si hay funciones todos los días del año es porque la demanda es alta.

A Paris chaque nuit, Féerie 
Dans la brume tous s’allume, Féerie
Paris n’a pas sommeil, alors il se réveille
et il s’invente des soleils (des soleils, des millions de soleils)

En París todas las noches, Féerie
En la niebla, todo se enciende, Féerie
Paris no tiene sueño, por eso se despierta
y se inventa soles (soles, millones de soles)

Puedes adquirir con tu agente de viajes los boletos para alguna de las dos funciones diarias (9 y 11 PM), ya sea solo para ver el show o con la experiencia completa, con cena de tres tiempos (desde las 7 PM). Él mismo te puede ofrecer los traslados desde y hacia tu hotel, lo cual es recomendable, especialmente si optas por la función de las 11 PM ya que es difícil encontrar taxis o tomar el metro al salir del show de madrugada.

Este óleo (1895) es uno de los tantos que Touluse-Lautrec pintó sobre el Moulin, incluyendo a bailarines y comensales (él mismo entre otros) que ahí se daban cita. A la derecha con otra bailarina, se aprecia la famosa Goulue quien fuera tema de carteles que pintaría el propio Lautrec. El original se encuentra en el Art Institute de Chicago.

En sus inicios, aquel lugar se encontraba en las afueras de la ciudad y eran noches de fiesta donde no solo se veía bailar sino también se iba a bailar. Eran noches “locas” de champaña y fiesta en un salón extravagante, que incluía hasta un elefante.

Hoy día, las soirées han cambiado su naturaleza, pero no su espectacularidad. Cada noche, el glamuroso show Féerie se presenta en dos horarios (9 y 11 PM) previa reservación y puedes solamente ver el show o disfrutar antes de una cena de tres tiempos previo. Ambas alternativas se pueden elevar a experiencia VIP en un espacio reservado. Ten en cuenta que los precios son más altos en viernes y sábados y cualquier día es más caro el primer show que el segundo.

Yo fui dos horas antes del espectáculo para probar los platillos del menú Belle Époque que ofrece tres opciones para cada tiempo. Escogí salmón marinado en betabel, solomillo de ternera con ravioles y tomates Cherry, y un merengue Anna Pavlova con frutos rojos, que me parecieron exquisitos y con un servicio impecable.

Cada año se consumen
más de 240 mil botellas de champaña

en el Moulin Rouge, un récord mundial

Para algunos puede que los espacios entre mesas y sillas les parezca muy reducido, pero yo que mido 1.83 me pareció suficiente para comer a gusto y acomodarme para apreciar el espectáculo. Creo que esa disposición de mobiliario te hace sentir en un espacio íntimo y puedes apreciar el escenario perfectamente, independientemente del lugar en el que te asignen.

Las fotos que aquí comparto son cortesía del propio Moulin porque aunque llevé mi cámara profesional, lamentablemente no pude usarla. Es de comprender esta medida porque la magia de Féerie se perdería entre flashes, sonidos de cámaras y pantallas de celulares en la oscuridad.

Los colores cálidos y la iluminación intimista te transportan a otros tiempos en los que la vida se vivía sin prisa y las artes ejecutantes se apreciaban con mayor deleite. Salvo ciertas mesas para celebrar en pareja una experiencia VIP, los asistentes comparten grandes mesas rectangulares, que dan un toque de camaradería y complicidad en cada noche de gala. No es forzoso acudir de traje y vestido de noche, pero si es recomendable asistir lo más elegante posible (no se permite ropa deportiva ni shorts). Los asientos no son numerados, sino que los asistentes van siendo asignados conforme van llegando. La realidad es que no importa donde te sientes, porque puedes apreciar perfectamente el show gracias a que es un espacio reducido y en forma de herradura.

La ambientación previa al espectáculo corría a cargo de una banda que tocaba clásicos internacionales, ¡incluyendo Bésame Mucho, de Consuelito Velázquez! Aquello parecía la ONU en plan de celebración, con público de lugares tan variados como Taiwán, Alemania y Brasil.

Llegada la hora del show, surgió la magia del Moulin con cerca de 60 bailarines provenientes de varias partes del mundo, todos seleccionados por su gran talento en la danza, su belleza y carisma. Las mujeres destellaban con tocados de la Maison Février y vestidos de Mine Verges, en aplicaciones de cristales Swarovski. Voilá! Un show de revista que celebra más de 125 años de cabaret donde todo se vale: nadar en una piscina entre boas, cantar por encima del público sujetados por arneses o bailar numerosos ritmos, en un escenario que jamás se queda quieto.

Las bailarinas son mujeres hermosas provenientes de distintos países. Son profesionales de formación clásica en ballet y otros ritmos que sueñan con llegar hasta este escenario. Las convocatorias para seleccionar nuevos integrantes suelen atraer a cientos de hombres y mujeres, pero solo unos cuantos afortunados logran el codiciado papel.

Muchos de los atuendos llevan piedras Swarovsky, lo que da gran realce a cada diseño. Ya no se diga el hecho de que cada prenda es portado con gran elegancia por las bailarinas del espectáculo. Y aunque algunos de los trajes deja los senos al descubierto, siempre es presentado con delicadeza y suma elegancia.

Cada minuto que pasa es una sorpresa tras otra. La música es tan festiva como las correografías. Por momentos pareciera que estás asistiendo al Miss Universo, donde todas las participantes merecen ser la ganadora.

El show se compone de cuatro cuadros. Primero deslumbra el Moulin Rouge de Hoy y de Ayer, un tributo de apertura a más de un siglo de cabaret. En ese momento, apenas se adaptan tus ojos a la colorida iluminación y el atractivo de sonrientes bailarines entregándose en escena. Luego se presentan Los Piratas, el más exótico de todos los números ya que se recrean vestimentas estilizadas de Indonesia en un contexto de gran baile de realeza. Es aquí cuando de pronto aparece un acuario con boas enormes y a ellas se lanza una primera bailarina para ejecutar correografías con las temibles serpientes.

El tercer acto es En el Circo, completo con payasos, acrobacias y un tono cómico, sin faltar caballos enanos. La última parte, El Moulin Rouge de 1900 a…  es sin duda la más esperada porque hace honor a generaciones de mujeres que han brillado en escena  e incluye el famoso cancán, algo único del Moulin.

Al reclutar a las bailarinas, la prueba máxima que les impone el Moulin es su habilidad para ejecutar los dificilísimos pasos en los que hay que levantar la pierna y tocar la bota de la pareja mientras bailan tomadas de manos, o brincar y terminar en split total sobre el escenario, al ritmo de piezas musicales tan energéticas como el clásico Galop Infernal de Jacques Offenbach (esa melodía que todos tarareamos cuando pensamos en cancán).

El ritmo y los movimientos son un reto atlético para cualquiera de los ejecutantes; sin embargo lo hacen con mucha gracia y una actitud festiva, donde se escuchan los gritos de las chicas y los sonoros aplausos del público. No por nada ser bailarín principal de las correografías de cancán es un honor. Y es que pasa tan rápido que te quedas con la nostalgia al minuto de haber terminado el número; pero eso sí, el baile no se te olvida para el resto de tu vida.

Los invitados 

El show siempre incluye artistas visitantes, de manera que si alguna vez asistes al Moulin, muy probable te toque un invitado distinto en otra ocasión. En mi noche, todos los números podían perfectamente encajar en un show del Cirque du Soleil, pero que vistos en un ambiente tan íntimo lo hacía doblemente espectacular.

Uno era el malabarista Terry Parade que de inmediato se echó al público a la bolsa porque no solo demostraba talento para barajear varios objetos a la vez sino que también lo hacía con la comicidad del mejor payaso. También estaba Duo Unity, una pareja de atletas de Montreal que valiéndose de un hula hoop gigante ejecutaban complicadas correografías en interminables círculos. Quizás el más aplaudido por su nivel de dificultad fue el del Duo Shcherbak et Popov, donde demostraron que la fortaleza del cuerpo humano es mayor de lo que creemos, especialmente cuando la mano de uno fue capaz de sostener el cuerpo invertido del otro.

Las correografías del hermoso elenco se remontan a Miss Doriss, una famosa bailarina de origen alemán afincada en Francia y amante del cabaret. Hizo escuela en la formación de las bailarinas, siempre teniendo en mente sorprender al público. ¡Y vaya que lo logra!

El gran final es espectacular porque el atuendo de las bailarinas se iluminan y los espectadores desean que nunca termine el show. Los hay quienes se ponen de pie y hasta quienes mandan besos y halagos a los artistas.

Cuando vayas al Moulin, verás que en algún momento te sentirás en otro planeta; una especie de Xanadú donde el baile y el canto son la manifestación de plenitud. Se desconoce pobreza, enfermedades, soledad, tristeza o ansiedad. Es un mundo perfecto, de belleza, sonrisas y mucha adrenalina. Es una medicina para los males del estado anímico y  quien tenga la fortuna de probarla, tendrá consigo siempre una suerte de fetiche al que recurrir en su memoria para dibujar una sonrisa cualquier día gris.

Et tout devient merveilleux, c’est Féerique !
Tout est doré rouge et bleu, ça vous met des paillettes au fond des yeux …
Laissons les ailes du moulin, nous protéger jusqu’au matin

Y todo se vuelve maravilloso, ¡mágico!
Todo es rojo, dorado y azul; pone brillo en tus ojos …
Dejemos que las alas del molino, nos protejan hasta amanecer

 

Agradecimientos: Patricia Torres/Atout France;  Eric Vievard /Moulin Rouge
Fotografías: Cortesía Moulin Rouge / S. Bertrand & S. Franzese

Publicado originalmente en versión breve, en la edición impresa de Travelier No. 43 de mayo 2018  https://issuu.com/travelier/docs/travelier_mayo_2018

 

 

UNA ADICCIÓN LLAMADA PARÍS