A pie o en bicicleta; por el casco viejo o la Rambla; disfrutando de un asado uruguayo en el mercado, admirando tango o un partido de futbol, Montevideo es un popurrí de placeres que no se olvida con facilidad.

PRIMERO FUE Río de la Plata, desde la ventana del avión, y luego fueron los nobles pastizales cercanos a la costa hasta sobrevolar Montevideo y aterrizar en el Aeropuerto de Carrasco, una suerte de nave espacial, que recibe vuelos de Ma-drid, París, Miami y varias ciudades de Sudamérica. Cuestión de 30 minutos entre suburbios de lujo hasta encontrarme con el casco viejo de esta ciudad de poco menos de 2 millones de habitantes.

Desde este primer trayecto tuve mi encuentro con la Rambla, como llaman aquí al malecón que en su totalidad suma 30 kilómetros.

Y es que en Montevideo toda la zona costera tiene una playa de gran ancho y senderos para el deleite de peatones y ciclistas. No es casualidad que en fines de semana y en temporada de verano (diciembre a febrero), la Rambla se convierta en el centro de reunión de los montevideanos, ávidos por refrescarse en bares o confiterías.

De hecho, la Rambla figura en la primera posición de las “cosas qué hacer” en Montevideo, según usuarios de TripAdvisor. En ella, cada sección tiene su nombre y su ambiente; mis favoritas son Ramírez, Buceo, Malvín, Carrasco y Pocitos, ésta última de las más populares.

Un poco de historia

Uruguay recibió inmigrantes europeos, especialmente de España e Italia, a inicios del siglo 20. Pero años más tarde vendrían décadas de altibajos que irónicamente provocaron el éxodo de miles de uruguayos, tanto por las crisis económicas como la dictadura militar que se mantuvo en el poder entre 1973 y 1985.

Afortunadamente desde el restablecimiento de la democracia, Uruguay ha superado dificultades al grado que Montevideo ha logrado por diez años consecutivos mantenerse en el primer lugar de las mejores ciudades para vivir en América Latina (a nivel mundial ocupa la posición 78; Ciudad de México está en el lugar 126), según estudios de la consultora Mercer.

El centro, punto de partida

Todo tour empieza por la Plaza de Independencia, donde aún siendo el corazón del país se percibe un ambiente de tranquilidad poblado de oficinistas, estudiantes y, por supuesto, turistas. En la plaza sobresale el monumento al militar José Gervasio Artigas quien logró la libertad para los uruguayos y cuyos restos se encuentran en un mausoleo subterráneo justo debajo de la estatua ecuestre obra del italiano Angelo Zanelli (fotografía izquierda).

En esta misma plaza está el Palacio Salvo, que con 27 pisos y una arquitectura ecléctica, fue el edificio más alto de Sudamérica desde el día de su inauguración en 1928 hasta 1935. ¡Pensar que en él cantó alguna vez Jorge Negrete!
Y por cierto que en Buenos Aires se construyó un edificio gemelo y ambos se “unirían” con la luz de un faro de sus respectivas torres, algo que en la práctica no llegó a materializarse. Lo cierto es que los dos son reflejo de los tiempos de bonanza en Uruguay y Argentina.

Cerca de la plaza fue construido en 1856, el teatro Solís con una fachada similar al Carlo Felice de Génova e interior similar al Teatro Metastasio de Prato, cerca de Florencia. Si no tienes la fortuna de asistir a algún espectáculo (la cartelera es muy variada), puedes visitarlo en un tour que bien vale la pena.

Otro edificio emblemático es el Palacio Legislativo donde se aloja la cámara de representantes y la de senadores. Construido a fines del siglo 20, este imponente edificio neoclásico es orgullo de Uruguay. En letras romanas lleva grabada la inmortal frase del prócer Artigas: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana”. Para conocer sus interiores, un poco de historia nacional y la funcionalidad del edificio, se ofrecen visitas guiadas entre semana.

Gastronomía y cultura van de la mano

Siempre he pensado que el alma de las ciudades se encuentra en sus mercados y en Montevideo no es la excepción porque un lugar muy recomendado para visitar es el Mercado del Puerto. En este antiguo edificio (1868) puedes probar la alta calidad de la carne uruguaya, en 14 restaurantes que ofrecen el asado, que es un corte transversal del costillar de la res. Pero hay que dejar espacio porque este platillo suele acompañarse de chinchulín, tripa gorda, mollejas y riñón, además de chorizo y morcillas. Además, el festín de parrillada va de la mano con un vino blanco mezclado con champaña, algo a lo que los uruguayos llaman medio-medio.

Otra bebida tradicional es la infusión de hojas de yerba mate tan apreciada en varias partes de Sudamérica. Para los uruguayos no hay día de lluvia que pase sin tomar mate disfrutando de “tortas fritas”, una fritura de harina que va de semi salada a dulce, según el gusto.

Para caminar y perderse

La Peatonal Sarandí, al oeste de Plaza Independencia es un buen lugar para explorar el casco viejo. Esta es una calle para pasear entre tiendas de souvenirs, galerías, cafés y restaurantes, pero sobre todo admirar edificios que no niegan los años y que invitan a la nostalgia. Lo que me parece único es que al cruzar en cada esquina, sea que voltees a la izquierda o la derecha siempre verás el mar a la distancia. Además, en su trayecto te encuentras con puntos de interés turístico como la Puerta de la Ciudadela (en la portada de esta edición) que resguardaba el sitio que existió ahí hasta 1829.
Sobre Sarandí también se encuentra la Catedral de Montevideo, la curia, el cabildo y la Plaza Matriz, famosa por ser la más antigua de la ciudad y por la venta de antigüedades todos los sábados.

Otra avenida obligada es la 18 de Julio (fecha que conmemora la Constitución uruguaya). Esta arteria parte de Plaza Independencia y se extiende 3 kilómetros al este. Es la principal vía de la ciudad y si bien tuvo tiempos mejores, no deja de ser interesante para el turista curioso como yo. En ella se aprecia la vida cotidiana de los uruguayos entre plazas comerciales, restaurantes y oficinas. Es el derrotero de grandes eventos como desfiles del carnaval Murgas Comparsas y marchas políticas. Algo así como nuestra Reforma de la Ciudad de México.

Del tango y otros placeres
Como parte de la cultura rioplatense, Montevideo es tango y milonga (un variación menos rígida del tango), además de la música y el baile candombe, herencia de los negros traídos de África en la época colonial y que llega hasta nuestros días al son de tamboriles.

Para quienes desean ir más allá de la capital, las dos alternativas más populares son Punta del Este, el exclusivo balneario más famoso del país a 130 kilómetros al oeste de la capital, y Colonia de Sacramento, a 180 kilómetros al este de Montevideo y frente a Buenos Aires, cuyos vestigios coloniales han sido declarados Patrimonio Cultural de la Humanidad.

No hay que olvidar que en el hemisferio sur la temporada alta se da en los meses veraniegos de diciembre a marzo, aunque en realidad, todo momento del año es propicio para conocer este pequeño rincón sudamericano que se destaca por su sociedad progresista, (donde por cierto es de las primeras del mundo que ya permite a sus ciudadanos la compra de mariguana en farmacias auditadas por el estado).

Después de tres días de experimentar Montevideo, abordo melancólico el Buquebus que me llevará de regreso a Buenos Aires. Desde la popa admiro los últimos trazos de la ciudad, el puerto, las banderas blanquiazul con el Sol de Mayo; metro a metro la ciudad va desapareciendo en la inmensidad de Río de la Plata. De seguro era entonces cuando los migrantes se prometían algún día volver. Yo no tengo duda que así lo haré.