Son de colores vivos y de figuras con apariencia primitiva; el secreto de su confección lo guardan las mujeres guna de Panamá y Colombio. Su valor artesanal es apreciado en todo el mundo, incluso en pasarelas de Nueva York.

En la costa caribeña de Panamá y Colombia, las mujeres guna se visten de prendas vistosas que se valen de la técnica de apliqué invertido para que a través de capas de tela de distintos colores den vida a fabulosas figuras de animales o patrones simétricos, que representan la flora y fauna del país centroamericano y sus nombres están inspirados en su religión.

La población guna habita en el archipiélago de San Blas, sobre el litoral atlántico de Panamá y Colombia. Ahí las mujeres han dado vida a este arte que se ha convertido en un souvenir clásico de la región. Se cree que su origen se debe a Naguegiryai, una mujer guna que reprodujo los dibujos de telas que vio en un lugar sagrado llamado Kalu Dugbis. Otras teorías señalan que la diosa Kabayaí enseñó este arte a las mujeres, que además aprendieron cerámica, tatuajes y orfebrería.

Se sabe también que antes de la llegada de los españoles, los guna se pintaban el cuerpo de manera similar a los motivos que hoy apreciamos en la mola. Este arte fue trasladado de la piel a la tela, llegando a nuestros días tanto para vestimenta como tapiz.

Fotografía: Ben Kucinski licensed under CC BY 2.0

Todas las moles incluyen un patrón laberíntico que va de la mano con las creencias del puebla guna. Para ellos, la vida se entrevera con caminos, lo cual se refleja en las mezclas de fauna y flora con figuras que siguen una trayectoria.

Hasta nuestros días, las mujeres guna elaboran a mano la mola empleando tela de algodón de distintos colores, valiéndose de dos a siete capas (cuantas más lleve, más fino se considerará el trabajo). También cuenta la dificultad del diseño elegido, lo que puede requerir hasta uno, dos o más días de trabajo.

Puedes adquirir una mola en tiendas de artesanías de todo Panamá y, por supuesto, en la región de San Blas.