PARA CONOCER cómo son los cruceros en el Mediterráneo, mis amigos y yo nos embarcamos en el Celebrity Reflection y recorrimos ciudades de Italia, Grecia y Malta.

LOS VIAJES enseñan y si algo aprendí desde el primer día de vacaciones es que los cruceros no salen de Roma, como señalan los itinerarios, sino de la cercana Civitavecchia, uno de los grandes puertos frente al Mar Tirreno, que cumple la triple función de dar servicio a los cargueros y sus centenares de contenedores, además de embarcar a pasajeros entre islas y ciudades costeras de la región y ser homeport de grandes cruceros con itinerarios en los puntos turísticos más importantes del Mediterráneo. Entre este tipo de embarcaciones está el Celebrity Reflection, de 17 pisos y 3 mil pasajeros, listo para recorrer varias ciudades de Italia, Grecia y Malta.

Pasaporte, aquí está. Reservación, aquí la imprimí. ¿Mi maleta? Si, ya la entregué. ¿Donde firmo? Listo. ¿Podemos pasar al barco?

Superados los trámites de registro (más rápido de lo que creía) sale al paso un “gladiador romano” que ofrece paquetes de fotografías del recuerdo y un barman que tienta a comprar algún paquete de bebidas premium (con alcohol), o ya de perdido uno como el que compraron mis amigos, adictos a las Coca Colas.

Al gigante de acero y cristal se entra por diminutas puertas donde lo primero son los obligados rayos-X, signo de la obsesión por la seguridad en nuestros tiempos. Tras un cocktail de bienvenida, te sientes como niño, con la curiosidad por descubrir una ciudad flotante, con sus comercios, restaurantes, teatro, gimnasio, spa, albercas, y por supuesto, lo que sería el hogar por diez días: la cabina.

En proa el ambiente siempre es animado y nunca falta oportunidad para hacer nuevas amistades.

Nuestra agente de viajes nos había recomendado una exterior en el quinto piso, que aunque no cuenta con balcón, sí ofrece amplia vista a un buen precio (para mí “buen precio” es cuando pagas por día, igual o menos que la tarifa diaria de un todo incluido en Cancún).

No tardas en tomar cariño al pequeño rinconcito del barco que puedes considerar como tuyo; el mismo al que llegas cansado de excursiones o actividades a bordo y que te recibe para descansar con una buena cama, televisión, servibar, muebles y un clóset con espacio suficiente para la ropa que necesitas colgar. Hasta el baño, aunque diminuto, tiene un diseño que lo hace cómodo y funcional.

Resulta interesante cómo las cabinas hacen buen uso del espacio, de manera que te sientas cómodo pese a ser de tamaño reducido. Claro que esta es una cabina digamos que estándar, pero también están las suites más amplias y con terraza. La realidad es que hasta las más modestas que son las interiores sin ventana están diseñadas para estar descansar bien. Recomiendo mucho que tu agente de viajes te guíe entre la veintena de opciones para que selecciones la mejor acorde con tu presupuesto.

Es divertido admirar las grandes embarcaciones que recorren el Mediterráneo, además de tu barco. Puede que en un puerto coincidas con uno, dos o hasta tres cruceros más.

Las maletas nunca las subes tú mismo, sino que te la dejan en el pasillo frente a tu puerta, como ya saben los expertos en cruceros. El proceso puede demorar según la hora de tu llegada y hasta se da el caso de que el barco puede haber zarpado y tus maletas aún no haber sido entregadas, pero para mi sorpresa, en el Reflection ya las teníamos antes de salir de Civitavecchia. Éste es un ejemplo del trabajo impecable de la tripulación, que me pareció siempre muy profesional.

Por cierto, jamás había visto tanta variedad de nacionalidades entre el personal de un barco. Y puesto que todos portan un gafete con su nombre y país de origen, se hace un hábito en más de un crucerista revisar la nacionalidad de los tripulantes y charlar con ellos sobre su cultura. Recuerdo bien a Rubén, nuestro mesero dominicano de raza negra que nos atendía cada noche con divertidas ocurrencias durante la cena, y a Chandrani, nuestra recamarera de Sri Lanka, que a diario nos regalaba sonrisas y buenos deseos.

En cada puerto, una vez que el barco se despide del lugar, entra la nostalgia a todos los pasajeros y se quedan en proa dando el adiós y seguramente deseando regresar algún día.

En el mar la vida es más sabrosa
Desde el abordaje, uno se propone conocer todas las facilidades del crucero, pero ni diez días de itinerario son suficientes para lograr la hazaña porque entre excursiones en tierra, comidas a bordo y el obligado descanso, difícilmente puedes hacer uso de todos los servicios y participar en todas las actividades. Más bien, debes seleccionar aquello que te interesa y se adapte a tus horarios. Por ejemplo, para quien va en plan de relajamiento absoluto, sin necesariamente bajar en cada escala, está la biblioteca con una selección bastante respetable de libros en una docena de idiomas. Hasta encontré ahí Cien Años de Soledad de Gabriel García Marquez (quién se lo aventaría en 10 días, no lo sé). Pero también están los incansables que luego de una excursión, se lanzan al jacuzzi y de ahí al bar, luego al show del teatro, a cenar y, ¿por qué no? exprimir el resto del día en el club nocturno.

Vista interior del barco, donde se puede admirar las distintas amenidades para pasar los días en alta mar. El piso superior corresponde a cruceristas con membresía a un club que les da derecho a esa zona privada. Justo debajo se puede ver la biblioteca y sus cómodos sofás que invitan a entregarse a la lectura. El piso siguiente ofrece mesas para jugar con tableros electrrónicos. Y esto es solo algo de las muchas otras opciones que ofrece esta ciudad flotante.

Vista de la alberca al aire libre y dos jacuzzis. En esta imagen, el barco se encontraba en una escala por lo que son pocos los que aprovechan el día para quedarse a bordo y disfrutar del sol. Sin embargo, por las tardes, ya que todos los pasajeros regresaban de sus excursiones, el área se convertía en una fiesta, con todo y grupo musical.

¡A comer! 
Para nadie es un secreto que uno de los grandes atractivos de los cruceros es su gastronomía. Siempre hay un bufet abundante y variado, con platillos propios de los lugares del itinerario del barco. Pero para cenar de manera formal está el restaurante principal, que ofrece tres tiempos, incluidos en el precio de la cabina. Las opciones de los platillos a escoger siempre están pensadas para agradar al paladar de turistas de todo el mundo, por lo que siempre hay algo para cada quien.

Las áreas de buffet son un laberinto de opciones tan variadas que hasta el más exigente encuentra gran variedad de platillos. ¡No por nada se dice que cuando se sube a un crucero hay que dejar las dietas, aunque sea por unos días!

El banquete nocturno se da en dos horarios y tu asiento siempre es el mismo (algunas navieras están comenzando a ofrecer horarios flexibles). Nuestros compañeros de mesa eran muy divertidos y cada noche disfrutábamos platicarnos nuestras aventuras del día.

Si alguna noche prefieres platillos de autor en un espacio más íntimo, están los restaurantes de especialidades con un cargo adicional y previa reservación.

Vista del restaurante principal, que como todo crucero de gran tamaño, refleja con fastuosidad las tradiciones de embarcaciones que cruzaban entre Europa y América, antes del concepto moderno que tenemos de cruceros.

Escalas de no perderse
Lo que la mayoría no se perdía era bajar en cada escala del viaje porque, a diferencia del Caribe donde los puertos son un poco más de lo mismo (playa, sol y naturaleza), en el Mediterráneo el barco llega a ciudades con cultura, gastronomía y arquitectura muy diversas. Por eso, para cualquier ruta en Europa, planea bien lo que harás en cada puerto, antes de salir de viaje. No quieres pasártela decidiéndolo en el barco porque te sale más caro y pierdes preciado tiempo en vez de disfrutar del recorrido.

Imágenes de la bellísima Taormina. Son un par de horas que uno debe aprovechar para respirar el ambiente de la isla de Sicilia y muchos cruceristas optan por tomar un tour que los lleve de la mano. La realidad es que hay mucho que ver en Sicilia y necesitarías una semana para disfrutar de los acantilados, los atardeceres en sus pueblos, y por supuesto, el Etna y sus formaciones volcánicas.

Y es que cada destino tiene sus consideraciones; por ejemplo, en la isla de Sicilia nunca sabes cómo va a estar el clima y puede que llueva o se cubra de neblina el volcán Etna, por lo que es riesgoso tomar un tour para quien llega en crucero y solo tiene 8 horas de estadía. Mis amigos y yo, por ejemplo, preferimos conocer dos ciudades de la isla, Taormina y Mesina, y regresar al barco sin el cansancio de subir y bajar al Etna en un par de horas, sin saber si los cráteres son visibles o no.

Siguiendo las sugerencias de nuestra agente de viajes contratamos tours de medio día para Pompeya, Miconos, Atenas y La Valeta, mientras que para otros destinos como Santorini y Rodas preferimos hacerlo por cuenta propia pues es fácil moverse en ellos uno mismo. Cualquiera que sea el plan, hay que alcanzar al barco antes de la hora límite, porque si zarpa sin ti, es tu responsabilidad llegar al siguiente destino para continuar con el recorrido.

Una vez de regreso a la cabina, siempre es un alivio tirarse a la cama a descansar. ¡Pero no por mucho tiempo, porque cada noche hay un programa de actividades para disfrutar a bordo! Además, no hay que perderse los últimos reflejos del sol en alta mar, para luego dejarse enamorar por la luna y sus destellos plateados sobre la negrura de las olas.

Para muchos europeos, los cruceros son una oportunidad para tomar el sol. Mi itinerario era en octubre, durante la penúltima salida del año. Eso significa que para muchos de los pasajeros, serían los últimos días que disfrutarían de clima cálido.

Uno de los espectáculos más majestuosos que puedes disfrutar en el crucero es la puesta del sol y la salida de la luna y las estrellas, reflejándose sobre el Mediterráneo. Cada tarde y noche es diferente y no faltan los asiduos que acuden a la cita, donde quiera que mejor se aprecie este regalo de la Madre Naturaleza.

Pensar que por esos mismos mares navegaron embarcaciones de cruzados dispuestos a defender el cristianismo en el Medio Oriente, o el cartaginés Aníbal resuelto a conquistar Roma o los comerciantes fenicios para vender a los pueblos mediterráneos mercancías jamás antes vistas. ¡Quienes de ellos pensarían que siglos después se podría viajar por estas aguas en embarcaciones de lujo para descubrir precisamente la historia que civilizaciones de tiempo atrás dejarían escrita para siempre!

Quienes gozan de terraza en su suite, pueden disfrutar en privado el avance del crucero y los paisajes que va dejando atrás.

La X emblemática de los cruceros de Celebrity, que se aprecia en muchos puertos del Mediterráneo.

Fotografías: Armando Dájer