JAMÁS IMAGINÉ conocer una mina de sal que no estuviera en la costa y mucho menos a 3 mil metros de altura, en la cordillera andina de Perú. Por eso fue enorme mi sorpresa cuando a una hora de camino desde Cusco, entre montañas, glaciares y hermosos pastizales, llegamos en tour hasta este rincón llamado Maras, una salinera cercana a un pequeño poblado del mismo nombre. Y lo mejor es que puedes recorrerla y ver cómo trabajan en la extracción, además de comprar la sal rosada de la que se dice que tienen muchas propiedades curativas pues tiene menos sodio y más magnesio, hierro, zinc y cobre.

A través de canales, las 4 mil pozas se abastecen de agua de un río salado asociado a un océano prehistórico, donde se evapora el líquido y se extrae la sal desde hace miles de años. Los incas la han consumido por siglos y hoy se considera una sal gourmet que se exporta a 18 países. Para mi fue fantástico admirar cómo los lugareños trabajan entre el silencio y la belleza de los Andes.

Antes solo 7% de los turistas la visitaba pero hoy el 50% lo hace. ¡Asegúrate que tu agente de viajes te incluya esta maravilla en tu viaje a Cusco! Vale muchísimo la pena.