¿Conoces bien a los galos? En mis viajes he encontrado estas características que me parecen importantes de conocer para entenderlos y romper la barrera cultural.  

SI VIAJAS A FRANCIA debes tener en cuenta que, a diferencia de nosotros, a los franceses no les gusta la improvisación ni hacer las cosas a última hora. ¡Todo se programa con mucha antelación, incluso si se trata de ir al cine!

Si deseas socializar con un francés solo basta hablar del clima para romper el hielo. En el país galo existe cierta obsesión por el estado del tiempo y con justa razón, dado lo cambiante que puede ser.

Hay que tener en cuenta también que el francés promedio es muy prudente. No por nada se han ganado fama internacional como buenos diplomáticos en conflictos internacionales. Si algo les desagrada, no te lo dirán directamente pero encontrarán maneras de justificar su desagrado. Son respetuosos de la privacidad y difícilmente te preguntarán sobre tu vida.

El otoño en las calles de París. Travelier / Armando Dájer (c)

Otra peculiaridad del francés es que para él y ella es muy importante su bienestar y placer por encima de su trabajo; de ahí que pocos negocios abren en domingo y más de uno cierra por varios días para tomarse vacaciones.

Para los franceses, a la hora de pagar la cuenta entre varios amigos, jamás se sacan las cuentas para que cada quien pague exactamente lo que consumió (como lo harían los estadounidenses), sino que se divide la cuenta entre todos. ¡Hacer lo contrario alcanza los niveles de un insulto!

En general se distinguen por cultivar el intelecto y suelen razonar las cosas más que muchos otros pueblos. ¡No olvidemos que Francia es la tierra de grandes filósofos!

Saben vestir con elegancia pero nunca para llamar la atención sobre sí mismos. Esto contrasta muchísimo con otras culturas donde lo importante es atraer las miradas de los demás, incluidos los italianos y los estadounidenses.

¡Y vaya que adoran el buen comer! La clave es que su dieta es muy balanceada, en la que no faltan todos los nutrientes en una misma comida. Por ello, pese a que no se niegan mantequilla y pastelillos, la tasa de obesidad es aún así menor que muchos otros países.