Acostumbrado a que los malecones tienen a lo más un par de kilómetros, vaya sorpresa la mía al descubrir que en la capital de Uruguay son 22 kilómetros de paseos frente a las aguas del Río de la Plata.

Siempre me ha molestado que en los grandes resorts y ciudades costeras las playas son casi propiedad privada. Para muestra basta ir a los destinos importantes de México y constatar que lo mejor lo tienen hoteles o restaurantes y que difícilmente pueden considerarse lugares públicos para uso y goce de todos.

Por eso me dio  gusto constatar que en Montevideo, las playas son de todos, ya que frente a la arena están primero los caminos para peatones, ciclistas y automóvilistas y luego los edificios. No al revés como sucede en Cancún, Puerto Vallarta y otras tantas de nuestras playas donde la falta de planeación han limitado la belleza de las ciudades en su conjunto.

Las cosas son distintas en la capital uruguaya, donde las aguas del río están a la vista de todos y las ramblas son parte de la vida cotidiana de la ciudad. Solo aquí se entiende por rambla una “avenida que bordea la costa de un lago, un río o el mar”. No tiene relación con la Rambla arbolada de Barcelona.

Es un placer caminar frente al río, que en realidad parece mar, y admirar los amaneceres y atardeceres del cono sur. De un lado se puede admirar toda la ciudad en sus distintos barrios y por el otro, disfrutar del río.

El punto más dramático entre ciudad y naturaleza es el casco viejo de Montevideo. Todas sus calles en ambos lados terminan en el río. Estás parado entre bancos, comercios y la Bolsa de Valores, pero volteas a la izquierda y ves el río, volteas a la derecha y también está ahí. Y en ambos, por supuesto, están sus respectivas ramblas.

En este poster de una carrera reciente te da idea del serpenteo que siguen las ramblas, siguiendo la caprichosa orografía del casco viejo de la ciudad.

Especialmente en fines de semana y en temporada de verano (diciembre a febrero), las ramblas se convierten en el centro de reunión de los montevideanos, quienes disfrutan de sus bonitas playas, refrescándose en alguno de sus bares o confiterías.

Si te gusta correr o trotar, este es tu destino. Literalmente puedes recorrer la ciudad y conocerla corriendo desde las ramblas. Cada una lleva un nombre, de manera que te puedas ubicar.

También es un destino perfecto para quienes desean pasar unas vacaciones relajadas y disfrutar de la naturaleza frente al mar, sin sacrificar las bondades de una urbe como Montevideo.

Yo disfrute muchísimo recorrerlo en primavera, especialmente en las playas de Ramírez, Pocitos, Buceo, Malvín y Carrasco.