SI LO QUE NECESITAS es desconectarte, las Rocky Mountains de Alberta, Canadá, son lo mejor que te puedo recomendar. ¡Regresarás como nuevo!

NO TENGO DUDA que la Madre Naturaleza confabuló para que en Alberta, Canadá se reuniera flora y fauna que diera vida a los más bellos paisajes del mundo. Por eso, tomar carretera desde Edmonton y recorrer los bosques y Montañas Rocosas canadienses es una experiencia que bien valen las vacaciones; de esas que te reparan el alma.

 

Puedes empezar por el norte, con el Jasper National Park, un festín de montañas a cuyas faldas encuentras, ríos, lagos, cascadas y glaciares, donde no es raro avistar borregos cimarrón, alces, osos y renos. En este parque están las aguas termales de Miette, abiertas de mayo a octubre. En ellas te puedes relajar a deliciosos 40 grados. La noche la puedes pasar en el pueblo de Jasper, donde por cierto hace parada el tren Canadian que atraviesa el continente desde Toronto hasta Vancouver.

El día siguiente puede disfrutarse en Mount Edith Cavell, el punto más alto de Alberta a más de 3 mil metros de altura. Hay senderos que te permiten admirar el espectacular glaciar Ángel, cuyo hielo da la forma de un ser alado (y hay que irlo a ver pronto porque al igual que muchos otros glaciares del mundo, se está descongelando).

Camino hacia Banff, el otro gran parque nacional, están las cascadas de Athabasca, espectaculares por la fuerza con que cae el agua, y el Campo de Hielo de Columbia, uno de los más grandes debajo del círculo polar ártico y que puedes recorrer en tours con vehículos especiales.

Ya en el Parque Nacional Banff, hay que visitar el Lago Louise y a 14 kilómetros de ahí el famoso Lago Moraine, ambos de unas aguas de color azul intenso a causa del polvo de roca depositado en ellas.

Lo que me encanta es que todas estas maravillas pueden admirarse en absoluta paz, disfrutando del descanso y aire puro. ¿Qué no se tratan de eso las vacaciones?