Pocos hoteles quedan en el mundo con una historia que contar; el Sacher, en dos ciudades de Austria, no solo tiene muchas anécdotas sobre sus distinguidos huéspedes, sino también una dulce herencia en forma de postre, codiciado por todo austríaco.

¿Qué fue primero, la tarta o el hotel? Hace casi dos siglos, una capa de mermelada de albaricoque, abrazada por bizcocho y chocolate negro comenzó a deleitar el paladar de los habitantes y visitantes de Viena; tiempo después, se convirtió en el distintivo del Hotel Sacher, uno de los hoteles más encumbrados del mundo. Así que ya te imaginarás su sabor, mismo que ha sido degustado por la reina Elizabeth II, el presidente John F. Kennedy y el tenor Plácido Domingo; todos huéspedes en distintas épocas.

Si las buenas tradiciones vienen de familia, esta no es la excepción. En 1832, Franz Sacher fue contratado para elaborar el postre de una recepción de la corte austríaca; de su propio ingenio, creó la tarta que encantó a príncipes y demás asistentes, y comenzó a tomar fama bajo su apellido. Posteriormente, su hijo Eduard Sacher, aprendió la receta – secreta hasta la fecha –, y al inaugurar el Hotel Sacher Viena en 1876, introdujo la Tarta Sacher como uno de sus atractivos.

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EN VIENA

Desde su apertura, el Hotel Sacher Viena fue visitado por gobernantes, altos clérigos, nobles y artistas, por lo que la esposa de Franz, Anna Sacher, inició la costumbre de coleccionar los autógrafos de sus clientes famosos. Luego de que el lugar cayera en bancarrota, fue salvado por la familia Guertler (actual propietaria), que conservó el ya popular apellido Sacher.

Y es que este lugar ha sido inspiración de películas, como The Third Man (1949), y escenario de series televisivas. También, el elegido por John Lennon y Yoko Ono para dar una de sus memorables entrevistas de paz, desnudos bajo sábanas. Su estilo austríaco tradicional ha sido conservado en sus 149 habitaciones y suites que capturan la elegancia de épocas pasadas, decoradas con alfombras brocadas, mobiliario antiguo, cortinas de seda y pilares de mármol.

En todas las habitaciones se exponen piezas originales de arte, por lo que no es sorpresa que el costo de hospedaje este por encima de los 400 euros por noche. Tan sólo en el 2013 fue parte de la Lista Dorada de Condé Nast, y en el 2014, parte de la lista de mejores hoteles del mundo, según Travel and Leisure; asimismo, cuenta con el prestigioso sello “The Leading Hotels of the World.”

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EN SALZBURGO

La familia  Guertler compró también el Grand Hotel Osterreichischer Hof en la ciudad de Salzburgo, para igualarlo con su propiedad en Viena. Este cuenta con 113 habitaciones y suites que siguen el mismo estilo, y fuera de la capital, la noche resulta más económica. También, fue parte de la Lista Dorada de Condé Nast en el 2012. Por supuesto, sus dos cafeterías sirven la célebre Tarta Sacher, al igual que en Viena.

Y si la tarta le dio fama al hotel, era de esperarse que se pudiera encontrar en más lugares. Así que recientemente, en las ciudades de Innsbruck y Graz se abrieron dos cafeterías con el nombre de Café Sacher, que celebran su sabor. Tanto éstas como los hoteles, son muy visitadas por celebridades, y conservan la intimidad y la tradición que les caracteriza. Los botones reciben al visitante en elegantes abrigos color tinto y altos sombreros, y el sabor chocolate espera en rebanadas, como intacto en el tiempo.