A tan sólo una hora y media de Paris, en el departamento de Eure y Loir, los amantes del arte gótico encontramos una de las más excelsas obras arquitectónicas los siglos XII y XIII. La catedral de Chartres es la pasión por el gótico y un laberinto del peregrinaje con sus vitrales construidos de cielo puro.

Luego de la visita a la catedral de Notre Dame de Paris, que incluye saludar a la Virgen de Guadalupe, el paso siguiente es tomar un tren a Chartres desde Montparnasse, para conocer la monumental catedral, que recibe más de un millón de visitantes y 250 mil peregrinos cada año.

Chartres es un atanor alquímico, una pieza maestra de la geografía sagrada al asentarse en la adecuación electro-telúrica terrestre y la constelación Virgo-Astrea, siendo columna vertebral entre las vibraciones del cielo y la tierra. Construida inicialmente en el 1191, devastada por un incendio en 1194 y re-construida cual ave fénix, entre el 1210 y el 1230, es todo un trabajo de joyería catedralística, con 130 metros de largo, 46 metros de ancho, y sus dos torres de más de 100 metros de altura cada una, es para muchos la máxima expresión de la arquitectura gótica mundial.

La atmósfera en la Catedral de la Luz, palpita con la maestría de los juegos coloridos de sus 172 vitrales. De las ventanas originales, son 143 los que se han mantenido casi intactos, siendo 1500 escenas y figuras que en términos de complejidad iconográfica, se asemejan a la Capilla Sixtina. Esta colección, que ocupa 2600 m2 de los 10875 de la superficie construida, es la más antigua de Europa con 800 años. Su extraordinaria belleza, invita a la contemplación de sus historias sagradas y profanas, pues cada vitral entendido como libro, que se lee de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, nos muestra escenas religiosas y a todos los gremios y oficios de la ciudad que los financiaron.

El vitral más famoso, y también el más antiguo pues proviene de la original construcción románica, ubicado en la parte sur de la Catedral, se conoce como “el azul de Chartres”, es la Ventana de la Virgen Azul o la Notre Dame de la Belle Verrière. Representa a María con Jesús sentado en el regazo, y su característica es que destella un suave azul pálido y luminoso, como el cielo, que emana del manto de ella. Para deleitarse, destaca también “El Zodiaco”, en el cual el astro sol ilumina cada uno de los signos astrológicos durante el día.

Para los peregrinos marianos, la catedral conserva una reliquia que se piensa es del Santo Manto de María. La “Sancta Camisia”, regalada a Carlomagno por el emperador de Constantinopla, fue  entregada oficialmente en el 876 a Chartres por el rey Carlos el Calvo, que la recibió de su abuelo. Esto transformó a Chartres en el primer centro francés de peregrinaje a María, hasta la construcción de Lourdes. Hoy se puede decir, que es un verdadero objeto-sujeto de resistencia, luego de mantenerse vivo y a salvo, después de la Revolución y las dos grandes guerras.

Finalmente, y que al mismo tiempo es el inicio, les presento el menos conocido Laberinto de Chartres, que puede recorrerse los Viernes, cuando retiran las sillas de su superficie. Luego, les recomiendo llegar hacia el altar de la Virgen del Pilar y,  descender a la cripta, la más grande de Francia donde se encuentra la famosa virgen negra, Notre Dame Sous-Terre o Nuestra Señora del Subsuelo, para cruzar de regreso a la luz por el portal real de la puerta principal.

Les deseo un excelente peregrinaje!