Ver a una japonesa en la calle portando uno era un afortunado hallazgo, porque es una prenda ancestral de mucha belleza, que se niega a desaparecer en el Sol Naciente.

NO CONFUNDIR! Los japoneses son super fashion, especialmente los tokiotas. Y no hablo de cosplay en personajes de anime o manga, sino de marcas europeas o firmas locales. Pero, eso sí, sus tradiciones son tan fuertes que el kimono del siglo 15, en versión 2018, sigue siendo de rigor para su equivalente de quinceañera (que es a los 20 años) y otras ocasiones que merecen fotógrafo profesional y no solo una selfie.

Como en todo, hay kimonos baratos, incluyendo a los de segunda, pero los buenos buenos de seda y pintura manual sobre tela son una reliquia digna de colgar en la sala de casa (o en la caja fuerte).

La prenda comenzó a verse en los años 1600 y su nombre significa “cosa para vestir”, así tal cual. Tener uno era símbolo de estatus; hoy es signo de elegancia y apego a las tradiciones. Basta decir que las novias de Japón no sueñan con un opulento vestido de Barcelona como en México, sino que desean un Shiromuki, el lujoso kimono blanco que las jóvenes esperan portar aunque sea una sola vez en la vida. Hay variaciones según la estación del año, el estado civil y la ocasión. Son la vestimenta obligada de las geishas y existen versiones para hombres. Si nos los ves en las calles (lo cual nosotros sí tuvimos la fortuna de ver y hasta retratarnos), no dudes en visitar tiendas especializadas o las departamentales porque hay que admirar estas prendas que simbolizan a todo un país.

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