Lo que podría parecer un caos de ciudad, la capital de Nepal es un fascinante mundo ajeno a la cultura occidental.

NEPAL, EL PEQUEÑO país entre dos gigantes India y China, fue noticia en 2015 cuando un sismo de 8 grados causó daños en toda la región y especialmente en Katmandú, la capital. Afortunadamente el país se ha ido recuperando y el turismo está regresando ya sea para subir al Himalaya, la cordillera más alta del mundo, o para recorrer la ciudad antigua con gran cantidad de templos y palacios budistas e hinduistas, siete de ellos sitios clasificados por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Basta con mirar un mapa para impresionarse de la ubicación de Katmandú, a 1,400 metros sobre el nivel del mar, en el valle que lleva su mismo nombre, al pie de montañas que se elevan a más de 8 mil metros de altura.
Katmandú es un laberinto de calles que no atiende a ningún orden específico y eso es lo que la hace fascinante para cualquier turista, tal como sucede con el resto de las grandes ciudades asiáticas. Las sorpresas aguardan en cada esquina.

Mi aventura comenzó como para muchos otros viajeros en el barrio de Thammel. Ahí las calles están llenas de vida con comercios, vendedores ambulantes, restaurantes y el ir y venir de sus habitantes, siempre sonrientes hacia el turista. Cerca de ahí se encuentra la monumental plaza Durbar, el corazón antiguo de la ciudad con templos, patios y palacios que representan cuatro dinastías durante varios siglos. Sus 50 templos están distribuidos en dos cuadrángulos de la plaza. Uno de los más imponentes es el templo de Majul Deval, con sus techos rojos y pronunciadas escalinatas, dedicado a Shiva, deidad del hinduismo (religión de la mayoría de la población, siendo los budistas una minoría). Aún se advierten los estragos del terremoto pero la devoción y el interés no cesa por este lugar de gran valor para la humanidad.

Por la ciudad cruza el río Bagmati, considerado por todos como sagrado y de efecto purificador para quien se bañe en él. Para los hindúes, es precisa la inmersión del difunto tres veces en el río antes de su cremación; este ritual terminaría el ciclo de reencarnación.

En cuanto a los budistas, aunque minoría, aquí tienen el templo Boudhanath, famoso por ser un equivalente a la Meca pues atrae a peregrinos de toda Asia. Es la estupa (monumento budista para relicarios) más grande del mundo. Alrededor de ella los visitantes dan varias vueltas en el sentido de las agujas del reloj mientras se hacen girar las “ruedas de plegaria” que contienen un mantra y cuyo movimiento equivale a recitarlas. También está el templo Swayambhu o Templo del mono, Es un antiguo complejo religioso en una colina de Katmandú, donde abundan simios considerados sagrados (nada más no te descuides porque comen lo que tengas de alimento).

Regreso a Thammel para degustar Dal bhat, el plato tradicional de Nepal, a base de arroz y lenteja, acompañado de verduras o alguna carne.

Termino el día en el cercano Palacio de los Sueños, un jardín para reflexionar sobre lo vivido en Katmandú, ciudad intensa que me alegro de haber conocido.