Antes que seres humanos, en Islandia uno se encuentra con caminos silenciosos, enormes extensiones de tierras áridas, playas negras, volcanes, montañas nevadas y múltiples extrañezas de la naturaleza. Bienvenido a uno de los países con menos habitantes por kilómetro cuadrado del mundo. 

REIKIAVIK está lejos de la contaminación y los paisajes de cemento de otras capitales del mundo: sabe mantenerse en silencio y llevar un ritmo tranquilo, sin mencionar las hermosas tonalidades nórdicas que pintan la vida y el cielo de esta capital de menos de 200 mil habitantes.

Cualquier exploración de Islandia tiene como punto de partida Reikiavik; de ahí alquilas camionetas estilo combi con cama y cocineta integrada para recorrer el famoso Ring Road (la Ruta Circular) que da toda la vuelta a la isla. Para avanzar por las carreteras del norte sin obstáculos, lo ideal es tener tiempo suficiente durante el verano, pero aún si la visita es corta y se te dificulta viajar en período estival, puedes hospedarte en Reikiavik y de ahí salir a explorar decenas de lugares en tan solo tres días.

DIA 1: LA VUELTA DORADA

El Círculo Dorado es una de las rutas indispensables porque basta unas cuantas horas para apreciar la diversidad de paisajes que tiene Islandia. Empieza a 90 kilómetros de la capital con la Cascada de Gullfoss, el punto donde el río Hvítá baja de las Tierras Altas y se ve interrumpido por tres grandes escalones que parecen caer en un angosto precipicio de 32 metros hacia el centro de la Tierra. Vale la pena dejarse envolver por la neblina húmeda y escuchar el golpe del agua en las rocas; en verdad es impresionante y muy diferente a cascadas que hayas visto en otras partes del mundo.

Continuamos el camino y llegamos al humeante valle de Haukadalur, donde los géiseres Strokkur y Geysir disparan agua hacia el cielo como lo hacen las ballenas al respirar. Cada 4 a 8 minutos se levanta de la superficie el chorro alcanzando hasta 40 metros. Imagina lo que hay ahí abajo para generar tal explosión acuática.

Ya en el parque de Thingvellir, la tercera y última parada del Círculo, uno siente que se asoma por entre las placas tectónicas del valle, pues aquí es un punto de encuentro entre el fragmento de litósfera de Norteamérica y el de Eurasia. Quizás justamente por la energía que desprende dicho suelo fracturado, es que el parlamento islandés elegió este lugar como punto de reunión de 930 a 1798.

DÍA 2: CAMINO AL SUR 

Comienza un nuevo día, y aunque uno viaja a poco más de tres horas de distancia de la capital, pensarías que llegaste a otro planeta entre llanuras rocosas, cubiertas de musgo verde limón, que dan la impresión de cambiar de forma y color de acuerdo a la posición del sol. Son los campos de lava de Eldhraun, cuyo origen se remonta a la erupción del volcán Laki en 1783.

A solo una hora más de camino pareciera que cambiamos nuevamente de planeta, al llegar a Jökulsárlón, el lago glaciar más grande y conocido de la isla. El paisaje ahora contiene cientos de tonos azules que congelan la mirada y llenan de melancolía nuestros pensamientos, ¡y nuestras fotografías!

Lo que sigue es la playa negra de Reynisdrangar y sus columnas de basalto; parecen esculpidas a detalle en los acantilados que sirven de refugio veraniego a colonias de frailecillos, unas aves típicas del norte del Atlántico de curiosos picos y patas anaranjados. Reynisdrangar está considerada entre las 10 playas no tropicales más hermosas del mundo.

DÍA 3: SOBRE TIERRAS ALTAS

Es día de caminar por los senderos de la región montañosa de Landmannalaugar, un placer para quienes nos gusta el trekking, explorando libremente la naturaleza que parece alfombrada de verde y marrón. Independientemente de tu condición física, ésta es una experiencia que requiere botas resistentes, rompevientos y una mochila.

Te recomiendo terminar en las aguas termales que surgen entre rocas y arbustos con la transparencia de un vaso de agua pura. En particular, nada mejor que las famosas aguas termales de Bláa lónið (Laguna Azul), que brotan naturalmente a altas temperaturas, entre las  montañas y los campos de lava, en lo que ahora es un spa geotérmico y una de las atracciones más visitadas del país.

Durante tu estadía, siempre estarás de vuelta en Reikiavik, donde puedes aprovechar para conocer el pasado de sus primeros habitantes, monjes irlandeses y vikingos noruegos, en el Museo Nacional de Islandia. También puedes pasear por el colorido centro de la ciudad, visitar tiendas típicas, perderte entre los muy rubios reikiavikenses y de pronto encontrarte con un hermoso paisaje a la lejanía, como el que se observa desde el Viajero del Sol – una escultura de embarcación vikinga que evoca esperanza y libertad, mismos sentimientos que llevamos con nosotros en la memoria al finalizar el viaje.