Es tan hermosa que el gobierno chileno tiene planes para convertirla en un resort sostenible. ¿Te hospedarías?

SEGURAMENTE habrás leído o visto la historia de Robinson Crusoe, el infortunado náufrago que pasó 28 años en una isla del Caribe, defendiéndose de caníbales. Esta fue una novela escrita por el inglés Daniel Dafoe en el siglo 18 y se basó en la vida de varios desafortunados piratas y marineros, entre ellos Alexander Selkirk, un escocés que permaneció cuatro años y cuatro meses en la segunda isla más grande del archipiélago de Juan Fernández, llamado así por el capitán español que lo visitó por primera en 1574.

La isla había sido nombrada Mas a Tierra, hasta que en 1966 el gobierno chileno la rebautizó como Robinson Crusoe, haciendo honor al ficticio personaje de la novela y cuyo verdadero protagonista habitó ahí entre las formaciones volcánicas y especies de flora y fauna que hoy son endémicas.

Por sus dramáticos acantilados y elevaciones de hasta 900 metros sobre el nivel del mar, la vista resulta espectacular y el viaje desde tierra firme vale la pena, a 670 kilómetros de la costa chilena (3 horas por avión desde Santiago).

El resort que dará de qué hablar
Justo este año, el país sudamericano tiene el proyecto de convertir la isla en un resort turístico pero cuidando su sustentabilidad ya que desde 1977 fue declarado Reserva Mundial de la Biósfera. De tener éxito, podría competir contra la remota Isla de Pascua, a 3,800 kilómetros de las costas de Chile (LATAM vuela directo ).

En Robinson Crusoe, la población apenas rebasa los 800 habitantes en el pueblo de San Juan Bautista y depende de la pesca y la visita de turistas que llegan por ferry o aviones de hélice. Todo ello cambiaría pues el proyecto incluye la creación de una infraestructura de hoteles y restaurantes que cuenten con sus propias plantas de tratamiento de aguas residuales.

Será una magnífica opción para conocer la belleza de las islas del Pacífico haciendo un viaje relativamente corto desde tierra firme.