Nunca como en esta semana de Pascua se pueden lucir las casas chocolateras de todo el mundo. A mi me acaba de deslumbrar una que bien vale la pena visitar: la Maison Auer, en el casco viejo de Niza, en plena Riviera Francesa.

Esta es una chocolatería de las de más tradición al sur del país galo, con generaciones elaborando dulces maravillas. En sus aparadores reza un texto en elegantes letras doradas que pocos pueden presumir:  “De padres a hijos desde 1820”. Yo no sabía de Maison Auer hasta que caminando por las calles del centro me llamó poderosamente su aparador de temporada con hermosos huevos gigantes, elaborados a base de cacao y leche.

Mira esta belleza de confección, que pareciera filigrana, y ya no se diga el lazo de formas caprichosas.

Se encuentra justo frente a la Ópera de Niza, sobre la calle Saint François de Paule, una de las de mayor tradición en el centro de la ciudad.

En esta chocolaterie el amor nace de la vista porque las elaboradas confecciones se exhiben en un ambiente florentino de época. Al entrar y dejarse atrapar por sus paredes en color vainilla y aplicaciones barrocas en color oro, es inevitable sentirse atraído. Y vamos, eso que aún no había probado sus chocolates.

El local apareció en una de las películas del famoso actor Jean-Paul Belmondo, llamada precisamente Joyeuses Paques (Felices Pascuas, 1984).  Aquí puedes apreciar la escena donde aparece la Maison Auer y como podrás ver ¡no ha cambiado nada, si la comparas con mis fotografías de 2018!

Los actuales propietarios son la séptima generación de familiares entregados a la confección de delicias, siguiendo recetas antiguas que le han dado fama más allá de la región. Qué se imaginaría el fundador suizo Henri Auer que su negocio perduraría en el tiempo para deleitar paladares del siglo 21!

Al frente está Thierry Auer quien es maestro confiseur y chocolatier. Él se ha asegurado de respetar las recetas originales sin agregar conservadores y empleando ingredientes seleccionados de la región. Los chocolates son elaborados sin colorantes, conservadores o grasas vegetales.

Se sabe que la reina Victoria disfrutaba mucho del lugar, y no es para menos; su decorado francamente sorprende con sus candelabros y vitrales que iluminan el interior. Y aunque sus dimensiones son relativamente pequeñas, resulta tan grato que no quiere uno salir de ahí.

A mi me tocó ver las confecciones propias de la Pascua, pero durante todo el año puede apreciarse trabajos de la temporada navideña, el día de San Valentín y hasta el Halloween, siguiendo el ritmo de la vida, en los últimos 200 años.

Esta maravilla de otros tiempos no solamente elabora chocolates sino que también es famoso por su fruta confitada, pastas de fruta y las clásicas castañas glaseadas. Otras especialidades son las almendras cubiertas de chocolate y las mandarinas confitadas, todo en muy atractivas presentaciones. Además ofrece variedades de chocolates rellenos en cajas para regalo.

Puedo asegurarte que aunque no compres nada vale la pena dar una vuelta para admirar las dulces creaciones. De todas maneras estoy seguro que no podrás resistir la tentación de llevarte algo contigo.

El tiempo apremia y tengo que dejar este santuario del buen gusto en el arte del chocolate y la confitería, sintiendo como si hubiera visitado un museo de la gastronomía de los tiempos cuando no había prisa y se disfrutaba la vida lentamente.


Fotografías: Armando Dájer (2018)
Agradecimientos: Atout France / Office du Tourisme et des Congrès de Nice Côte d’Azur