Algunas tardes se logra apreciar en la gran Ciudad de México algo más allá de la jungla de cemento y acero. Este fue uno de esos días afortunados en los que la fotografía fusiona las creaciones del hombre y la Madre Naturaleza. Con baja contaminación y un clima favorable, la imagen nos recuerdan que la mancha urbana se extiende en un valle, rodeado de hermosas montañas y cerros que con devoción pintara en el siglo 19 el paisajista José María Velasco.

Al centro, la omnipresente Torre Latinoamericana que, aún si ya no es la más alta y llamativa de México, la llevan en el corazón todos los mexicanos.