NO SOLO EN CARNAVAL las máscaras están donde te voltees, pues además de ser disfraces también son patrimonio cultural que los venecianos han convertido en arte y negocio.

DESDE LA HERMOSA PLAZA DE SAN MARCOS hasta los más estrechos caminos de Venecia, si algo te salta a la vista son las máscaras que hay aparador tras aparador. Se te quedan en la mente como las góndolas, los canales y el puente de los suspiros. ¿A qué se debe esta euforia por rostros silenciosos adornados con toda suerte de pinturas, plumas y barroca pedrería?

Mi guía Verónica toma aire para explicarnos; nos invita a imaginar los 800 años gloriosos de la ciudad, cuando Venecia era toda una potencia comercial gracias al tráfico de mercancías que llegaban de Oriente para ser vendidas en Europa.

Para el siglo 15, según nos explicó, la tierra del famoso aventurero y mercader Marco Polo, ya era la Serenísima República, con una aristocracia y un gobierno muy estricto bajo las ordenes del dux, el máximo gobernante.

A la par, desde 1296 y por varios siglos después, las autoridades de la República permitieron el carnaval previo a Cuaresma como válvula de escape para la diversión y el desenfreno, primero de la nobleza y luego del resto del pueblo. Esos días, los enmascarados ricos de Venecia y otras partes de Europa podían mezclarse con el pueblo y dar rienda suelta a sus pasiones. Su fama fue en aumento, alcanzando esplendor en el siglo 18, justo cuando el famoso Casanova vivía sus 132 aventuras amorosas según sus “Memorias” (1798).

Los menos afortunados aprovechaban sus caretas para criticar y burlarse de la aristocracia en voz alta, sin por ello ser castigados.

Más que un carnaval
Según evidencia histórica, las máscaras no eran de uso exclusivo en tiempos precuaresmales y portarla permitía a los inquisidores y espías obtener información o a los conspiradores hacer tratos, por lo que Napoléon Bonaparte decidió que era mejor acabar con las festividades y asegurar la ocupación francesa (que eventualmente pasaría a manos austríacas para finalmente terminar en brazos de Italia).

Las máscaras y festejos que hoy conocemos en realidad son un esfuerzo que los venecianos han hecho desde 1979 para retomar la tradición, inspirados en el pasado y si bien ya no existen carnavales con el desenfreno del siglo 18, en nuestros días se camina en disfraces por las calles y se organizan fiestas palaciegas, donde no entra cualquiera y la etiqueta obliga a disfrazarse a la antigua usanza. Enmascarados, por supuesto.

Las teatrales

LAS MÁSCARAS QUE VES en aparadores están inspiradas, en su mayoría, en aquellas que utilizaban los actores de la Commedia dell’Arte, un teatro muy popular entre el siglo 16 y 18, y del que se basó la actual pantomima, el melodrama y la comedia. Ejemplos de estas máscaras son las del Pantalone, Polichinela, Zanni, Arlequín y Colombina, personajes famosos que aparecían repetidamente en los escenarios venecianos.

Las no teatrales

NO TODAS se inspiraban en la Comedia. De hecho, era común portar algunas totalmente blancas y sin adorno.

Un ejemplo es la bauta para los hombres; de forma angulosa, sin boca y con un espacio que a la vez que cambiaba el tono de voz, permitía comer sin tener que quitársela. Se acompañaba de sombrero y capa negra. Así se garantizaba el anonimato al punto que llegó a usarse en eventos donde debían tomarse decisiones políticas sin represalias.

 

En contraste, las mujeres de la época optaban por la moretta a base de terciopelo negro que se sujetaba con la boca y no permitía hablar. Cubría la parte frontal del rostro y se acompañaba de velos y sombrero para dar un halo de misterio!

 

Existía también el volto que abarcaba el rostro incluyendo la barbilla y asemejándose a las facciones de una cara con labios cerrados, en color blanco con o sin aplicaciones. Esta es la más representativa de las máscaras de Venecia… ¡y de películas de terror!

 

La del Dottore Peste surge de la enfermedad que diezmó a la población en el siglo 17. Era empleada por quienes atendían a los enfermos, colocando sustancias que entonces se creían que podían ayudar a no contagiarse, además de evitar el mal olor del afectado.

 

Finalmente estaba la gnaga, en forma de gato, que cubría la mitad del rostro y que usaban los hombres disfrazados de mujer, lo que les permitía andar con otros hombres, evitando así el arresto y la horca en la Plaza de San Marcos.

 

No todas son de la misma calidad

LAS MÁSCARAS van desde las de plástico “Made in China” por un par de euros hasta verdaderas obras de más de 300 euros con hoja de oro y bisutería. Los vendedores de las buenas te recomiendan fijarte que el trabajo esté hecho a mano y con detalles únicos, en lugar de una producción en serie.

Un taller que destaca porque las elabora como hace 800 años es el Ca’Macana . Sus creaciones han aparecido en teatros como la Ópera de Viena y películas como la enigmática “Ojos Bien Cerrados” (1999) de Stanley Kubrick.

Escena de la película “Ojos Bien Cerrados” donde las protagonistas principales fueron las máscaras, elaboradas en Venecia.

EL ARTE SE APRENDE

Para quienes aprecian el arte de las máscaras, Venecia ofrece cursos breves que te adentran en los secretos del oficio.

Puedes asistir a talleres individuales o grupales sobre la elaboración de alguno de los distintos tipos de máscaras aplicando técnicas con hoja de oro, brocados y pinturas acrílicas sobre rostros blancos, que puedes llevar contigo a casa.

Forzosamente los cursos incluyen un análisis histórico de esta tradición tan característica de la Serenísima Venecia, ya que el contexto permite entender los propósitos para los que servía la careta.

Hay que distinguir entre un curso de producción, de aquella que se enfoca más bien a decorar. Usualmente la mayoría toma uno del segundo tipo pues no requiere tanto tiempo y digamos que permite divertirse meramente aplicando color, adornos y plumas o lo que añada personalidad a la máscara.

Para quienes tienen mayor interés en profundizar en el oficio, entonces los talleres de producción les permite comenzar desde cero, elaborando la máscara a partir de papel maché. En este caso es necesario tomar en cuenta que el trabajo realizado necesita tiempo de secado, usualmente unas cuantas horas después del armado del rostro. La clase puede concluir ahí o bien, aprender a decorarla.

Esta es una experiencia especialmente gratificante para los niños y adolescentes, así que si viajas en familia, tómalo en cuenta. Eso sí, debes hacer tu reservación con tiempo ya que los grupos y horarios son limitados, especialmente en temporada alta.

Los costos varían según el taller, pero considera unos 50 a 60 dólares aproximadamente en grupos de unas seis personas (en clase privada el precio aproximado es de $250 dólares), incluyendo materiales, traslado del hotel y por supuesto, la máscara que al final te llevarás a casa.

Una opción práctica es la que ofrece Ca Macana, la famosa casa artesanal de máscaras, donde puedes tomar un  minicurso de una o dos horas y aprender a decorar una o dos caretas de tu elección, entre 45 posibilidades, empleando 8 distintas técnicas, donde puedes aplicar plumas y lentejuelas. El de dos horas ofrece teoría y análisis de las distintas clases de máscaras y sus características.

Consulta con tu agente de viajes sobre las opciones disponibles y horarios en los días que visitas Venecia. Él o ella misma puede confirmar tu lugar y adecuarlo a tu agenda de actividades en la ciudad.

VENECIA, EL CARNAVAL DE LAS MÁSCARAS