Siempre me llamó la atención escuchar esa frase, algo que pude comprobar personalmente cuando visité esta ciudad de Bélgica, con calles de encanto medieval, que bien van de la mano con la delicadeza en la confección del encaje y otros bordados desde hace siglos.

Brujas se caracterizó desde el siglo 13 por su comercio textil, muy apreciado en toda Europa por su calidad. Poco a poco se fue desarrollando las habilidades para la elaboración de cientos de encajes distintos, que requieren técnicas y esmero en cada pieza. Se trata de un trabajo hecho cien por ciento a mano y que ha pasado de generación en generación.

El encaje fue usado por las cortes reales y clases adineradas como símbolo de distinción; afortunadamente ahora está al alcance de todos en las tiendas especializadas. Aunque ya se ha industrializado todavía se pueden encontrar productos hechos a mano con hilo de lino, y también al que le llaman “de bolillo”. Lo puedes comprar por metros para añadirlo a alguna pieza en especial o la prenda ya confeccionada; un souvenir con el que siempre escucharán “para encaje, el de Brujas”.